30 de marzo de 2015

Tolkien (X): Un poco de paleogeografía (tolkeniana)

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Seguimos con nuestra ronda de publicaciones referidas a la Tierra Media, el fantástico mundo (en muchísimos aspectos) ideado por la gran mente de J. R. R. Tolkien, El Profesor. Y como el pasado 25 de marzo, Día de Lectura de Tolkien (Tolkien's Reading Day) no pude escribir nada al respecto, pues aquí está mi pequeño homenaje.

En este caso, y como digo, vamos a tocar un poco de paleogeografía dentro de la Tierra Media a lo largo de las edades de la misma. Cualquiera que se haya leído El Silmarillion (y, si no es así, para eso estamos nosotros aquí), sabrá que los sucesos ocurridos durante la Guerra del Anillo se desarrollan al final de la Tercera Edad del Sol; y que, de la Primera a la Segunda, y de esta a la Tercera, se llega a través de una serie de cataclismos globales que cambian completamente la faz de la tierra, siendo el paso de la Primera a la Segunda el más significativo de todos, al producirse la destrucción de todo Beleriand. Y es aquí donde entra en juego esa paleogeografía de la que hablo.

Comparativa entre Edades
Como os podréis imaginar, tras cada cataclismo no sólo se pierden los territorios afectados por los mismos, sino también las culturas que en ellos se establecieron y, por supuesto, sus ciudades y asentamientos. Y, en este caso, hay al menos un lugar importante (y otros de menor importancia, pero curiosos igualmente) que, a pesar de todos los cambios que ha sufrido el mundo, siguen estando presentes.

El más importante de todos ellos es, sin duda alguna, las Ered Luin, o Montañas Azules. En la Primera Edad del Sol, las Ered Luin eran una cadena montañosa que, como se puede ver en el mapa comparativo anterior, era más larga incluso que las Montañas Nubladas (donde estaba el Reino Enano de Khazad-Dûm, o Moria). En las Ered Luin se construyeron antes del comienzo de las Edades del Sol los reinos enanos de Nogrod y Belegost, ciudades en las que los enanos crearon los arsenales que, durante las Guerras de Beleriand, sirvieron para que estos pudieran resistir incluso el ataque de los dragones de fuego. De hecho, fue en Nogrod donde Telchar, uno de los herreros enanos más hábiles de la historia, forjó armas como la espada Narsil (con la que Isildur le cortó a Sauron el dedo del Anillo Único, y que después pasaría a llamarse Andúril), el cuchillo Angrist (con el que Beren arrancó un Silmaril de la corona de Morgoth) o el Yelmo de Hador, también conocido como el Yelmo del Dragón de Dor-Lomin, y que portaría Túrin Turambar en sus luchas contra los orcos.

Pero los reinos enanos no pudieron resistir fue, precisamente, el hundimiento de Beleriand bajo las aguas del Belegaer, y ambos reinos desaparecieron. En su lugar, las Ered Luin se acortaron hasta reducirse prácticamente a la mitad, viéndose separadas en norte y sur por el recién creado Golfo de Lhûn, donde se crearon los Puertos Grises (Mithlond) de mano de Círdan, y donde Gil-galad fundó el reino élfico de Lindon en la vertiente occidental de las mismas. Posteriormente, estas montañas volvieron a ser hogar de enanos, cuando Thorin Escudo de Roble llevó allí a los supervivientes de Erebor para crear una próspera colonia. Colonia de la cual era originario Gimli, por cierto.

El otro lugar es un archipiélago formado por tres islas situadas una seguida de la otra en dirección oeste, quizá no tan conocidas como las Ered Luin, pero sí igualmente interesantes por la implicación que tienen en la Historia. Las islas son:


Las tres islas
  • La isla de Tol Himling, a unas 25 millas de la costa de Forlindon (la parte norte del reino de Lindon) y que corresponde con Himring, que en la Primera Edad fue una alta meseta en la que Maedhros construyó la fortaleza que constituyó el centro de sus dominios (la Marca de Maedhros).  La isla en sí era pequeña, ya que estaba formada por los alrededores de la fortaleza.
  • La isla de Tol Fuin, aproximadamente a otras 25 millas al oeste de Himling y la mayor de las tres con diferencia. Esta isla corresponde con las partes altas de la zona en la que durante la Primera Edad se encontraba el bosque de Taur-nu-Fuin, en Dorthonion, y que conformaban los dominios de los señores Elfos Aegnor y Angrod.
  • La isla de Tol Morwen, la más pequeña y alejada de las tres, y a la vez, la que más significado tiene. Se dice que en esta isla se encuentra, precisamente, la tumba y recordatorio que los Hombres de la Primera Edad levantaron en honor de Túrin Turambar, su hermana Nienor, y su madre Morwen Eledhwen (de ahí su nombre), y que quedó sin sumergirse precisamente para que no se olvidara nunca la gesta de los Hijos de Húrin.
En este caso, no se saebe muy bien qué es lo que puede haber en esas islas, o quiénes pueden vivir en ellas, ya que como toda la acción, hasta el final de la Tercera Edad, se desarrolló en la parte continental de la Tierra Media, Tolkien no dio más información al respecto.

A partir de aquí, le corresponde a arqueólogos tolkenianos la misión de explorar esas remotas islas, en busca de unos misterios, conocimientos y pueblos que, tal vez, pudieron quedar ahí olvidados a la espera de que alguien fuera a rescatarlos.



Pd.- Si alguien se pregunta por qué el 25 de marzo es el Tolkien's Reading Day, el motivo no es otro que, en los cómputos de la Tierra Media, el 25 de marzo del 3019 de la Tercera Edad del Sol, el Anillo Único es destruído y, por lo tanto, Sauron derrotado definitivamente.

24 de febrero de 2015

Tolkien (IX) - De los Medio Elfos (bis)

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Ya sé que hablé de este mismo tema en la última entrada, pero lo cierto es que me quedé con la sensación de que sólo había tocado la superficie del asunto y quería profundizar un poco más en él, sobre todo por la parte "fantástica" que mencioné la última vez. Porque una cosa es que sólo hubiera habido tres uniones entre Eldar y Edain... y otra cosa es el por qué (más allá de "porque Tolkien así lo quiso", claro).

Si lo pensamos fríamente, es, cuanto menos curioso, semejante alejamiento marital entre dos (llamémoslas) razas tan afines, ya que la propia historia de cada una de las uniones (y de la historia en general, ya que ambos pueblos somos "Hijos de Ilúvatar") ya nos demuestra que ambos pueblos son genéticamente compatibles (Beren y Luthien tuvieron a Dior, Tuor e Idril tuvieron a Eärendil, y Aragorn y Arwen tuvieron a Eldarion). Estamos hablando de que dos "especies" distintas pueden tener descendencia perfectamente válida (no como en el caso de las mulas, valga la comparación, que son mezclas estériles de yegua y burro), y que a pesar de su proximidad, sólo dieron lugar a las tres uniones antes mencionadas.

Una de las incognitas al respecto a la que siempre estuve dándole vueltas en la cabeza, antes de reparar en esa "cláusula" en la que Tolkien indica expresamente que sólo hubo esas tres, es que los protagonistas de dichas uniones son todos de la nobleza (tanto por estrato social como por clan élfico), y por lo tanto, sus vidas son de todo menos vulgares. Dicho de otra forma, ellos fueron famosos en su época, por lo que dichas uniones fueron todo un acontecimiento social digno de pasar a los anales de la Historia. Pero (y aquí es donde empezaban mis divagaciones), si tuviéramos en cuenta lo expuesto en el párrafo anterior, ¿No sería factible que un Hombre/Elfo y una Mujer/Elfa "comunes" hubieran podido tener descendencia y, dado su nivel social, haber pasado completamente desapercibido? Así a bote pronto, sería de una lógica aplastante. Y eso sin mencionar cualquier otro método que se alejara tangencialmente de una unión de mutuo acuerdo, por supuesto.

Sin embargo, hay un par de cuestiones que complican un poco esta ecuación y que hacen, en cierto modo, que todo vuelva al "Canon de las Tres Uniones" del principio.

Una cuestión es la racial, púramente dicha. Los Elfos de la Tierra Media se dividían, principalmente (pero no exclusivamente), en dos clases: Noldor y Sindar, siendo los primeros los que tenían una relación más abierta con los Edain. Sin embargo, a pesar de esta familiaridad, los Noldor tenían una cultura bastante racista, en el sentido de que se sabían diferentes (y superiores) a los Edain, a quienes, aunque respetasen profundamente por ser Hijos de Ilúvatar al igual que ellos, no dejaban de tratar con cierta "condescendencia" ("los llegados después", "los seguidores", "los enfermizos", "los de mano torpe" son sólo una muestra de los calificativos con los que se referían a los Edain). Esto hace bastante evidente que, a priori, a ningún Noldo (Elfo o Elfa) que se preciara le atraería tanto un Edain como para unirse a él o ella y tener descendencia. Y, por su parte, los Sindar tendían a ser tan reservados que, directamente, apenas tenían contacto cotidiano con los Edain. Al menos, no lo suficientemente cotidiano como para dar lugar a una unión así. Y de los Elfos Silvanos ya ni hablamos.

Por último, entraría en juego la teoría menos romántica, la de la violación. Pero aun esto sería altamente improbable que sucediera, ya que para empezar, ambas razas son tan afines entre sí (recordemos el toque de Ilúvatar en todo esto), que tienden a la comprensión y el afecto antes que al odio, elemento imprescindible para una acción semejante. Y aun en casos extremos, como el de Hombres afectados por la Sombra (que fueran corrompidos por Morgoth, o incluso por Sauron, en épocas posteriores), la mentalidad de esa gente era tan terriblemente supersticiosa hacia los Eldar, que la necesidad de matarlos imperaba ante cualquier otro tipo de impulso.

Todo esto, como decía antes, hace que volvamos al principio. La propia Historia se justifica a sí misma y hace que, si bien no sería imposible que se produjeran uniones "menores" entre Eldar y Edain, sí que fueran áltamente improbables, llegando a un punto en el que las tres uniones que se dieron podrían incluso considerarse como predestinadas. Así de grande es la mágia de Ilúvatar... y de Tolkien.

9 de febrero de 2015

Tolkien (VIII) - De los Medio Elfos

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Una de las discusiones más repetidas en el mundo de aquellos a los que la obra de Tolkien nos gusta más allá de lo meramente literario es, precisamente, la de los "semielfos", los nacidos de las uniones entre Eldar (elfos) y Edain (humanos), y las consecuencias que esto puede acarrear. Y aunque en principio la existencia de dichos seres está fuertemente restringida por los propios escritos de Tolkien (“[...]No es conveniente que los Hijos Mayores de Ilúvatar amemos a los Menores; ni lo aceptarán los hados, salvo una o dos veces solamente, por alguna gran causa que nosotros no entendemos.” - El Silmarillion: De Turin Turambar), en los últimos tiempos ha habido una especie de "filtración" por parte de otros mundos fantásticos, donde los semielfos están mucho más presentes, fomentado, seguramente, por sus adaptaciones a juegos de rol.

Pero como digo, esto en el legendarium de Tolkien es completamente diferente, a pesar de que su respectivo juego de rol los comtemple como raza jugable. De hecho, a lo largo de la Historia de Arda nos encontramos con tan sólo tres uniones entre ambas razas: Beren y Luthien, Tuor e Idril, y Aragorn y Arwen, e incluso el propio Tolkien indica expresamente que únicamente existieron estas tres uniones. Dicho lo cual, y para ilustrar esta entrada, nos centraremos en las dos primeras parejas, por ser las que más relevancia tuvieron a lo largo de la historia.
Beren y Luthien

Por su parte, Beren era un Edain de la Casa de Bëor, mientras que Luthien era la hija de Thingol, rey Elfo de Doriath, y de Melian, una Maia (un ser similar a Sauron). Durante sus aventuras, ambos mueren pero son devueltos a la Tierra Media con la condición de que ella perdiera el don de la Inmortalidad, tras lo cual tuvieron un hijo, llamado Dior, y que fue considerado el primer Medio Elfo, aunque en este caso, e imagino que debido a la fuerte herencia élfica que tenía por parte de su madre, se lo cuenta prácticamente entre los Eldar. Y lo que es más, Dior se casó a su vez con Nimloth, una Elfa pura, de cuya unión nacieron Eluréd, Elurín y Elwing (más adelante seguiremos hablando de ella), a los que también se consideraba netamente de entre los Eldar.

Por otra parte, Tuor era un Edain de la Casa de Hador, que se casó con Idril, princesa Eldar del Reino Escondido de Gondolin e hija del Alto Rey de los Noldor Turgon, hijo de Fingolfin. De esta unión nació Eärendil, a quien, en este caso, siempre se lo consideró como parte de los Edain (o, al menos, a mí siempre me dio esa sensación). Eärendil, a su vez, se casó con Elwing... sí, la misma Elwing que mencionábamos en el párrafo anterior, por lo que volvemos a tener una unión entre Eldar y Edain, de la cual nacieron, y ahora sí que llega lo interesante, los gemelos Elrond y Elros.

Elrond Medio-Elfo
Hasta este punto, es verdad que por mucho que predominara una parte sobre la otra, todos los descendientes de Beren y Luthien por un lado, y de Tuor e Idril por el otro, eran en mayor o menor medida Medio Elfos. Estas dos parejas fueron las únicas "puras", racialmente hablando. Y quizá precisamente por eso mismo, al finalizar la Primera Edad del Sol, a Elrond y Elros les dan la posibilidad de elegir estirpe, aunque más que una ofrenda, es una imposición. Deben elegir estirpe. Y es aquí cuando Elros, por su parte, decide ser humano y convertirse en el primer rey de Númenor (Elros Tar-Minyatur); y Elrond, por la suya, decide ser Eldar. Y así lo sigue siendo por mucho que se lo conozca como Elrond Medio-Elfo.

A partir de aquí, digamos que las dos razas vuelven a estar compensadas, ya que todos los descendientes de Elros son púramente humanos (los ahora llamados Dúnedain), entre otras cosas porque se casó con una Edain y por la propia naturaleza de su elección ([...] todos aquellos que tienen sangre de Hombres mortales, en alguna parte, grande o pequeña, son mortales a menos que se les conceda otro hado); del mismo modo que los hijos de Elrond (Elladan, Elrohir y, sobre todo, Arwen) fueron principalmente Eldar precisamente porque él se casó con Celebrian, hija de Galadriel y Celeborn (dos de los Eldar más antiguos y nobles que habitaban la Tierra Media en la Segunda Edad del Sol).

Y ahora me diréis "¿Cómo pueden estar compensadas las razas en este punto? ¿Y qué pasa con Aragorn y Arwen, y con su hijo?". Incluso aquí hay una explicación más que aplastante. Eldarion (el hijo de ambos) es púramente humano por el sencillo motivo de que Arwen decide ser mortal (humana) antes de casarse con Aragorn, por lo que su hijo es el fruto de una unión entre dos humanos. Sin embargo, el único fleco que queda en esta historia son precisamente Elladan y Elrohir, ya que posponen tanto su decisión que se les acaba perdiendo la pista.

Así que, como podéis ver, y recapitulando, si queréis ser puristas a la hora de hacer una partida de rol ambientada en la Tierra Media, tenéis que tener en cuenta que los únicos Medio Elfos que hubo en la Tierra Media fueron Dior, Eluréd, Elurín, Elwing, Eärendil, Elros, Elrond, Elladan, Elrohir y Arwen. Ni uno más, ni uno menos. Y de uniones entre elfos y enanos ya ni hablamos.

5 de febrero de 2015

Gremios neoliberales

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Rompemos el silencio que manteníamos desde el año pasado para entrar de lleno en este 2015 con una idea que me ha surgido durante los últimos días, respecto a los carburantes y, en particular, a su precio actual.

Desde finales del año pasado, hemos podido ver cómo el precio de los carburantes iba bajando progresivamente desde los aproximadamente 1,459€/litro (en el diesel, simplemente para que sirva como ejemplo y en las gasolineras que yo he podido comprobar) hasta 1,039€/litro, siempre con una especie de sentimiento escondido de que aun tendría que bajar más, máxime cuando el barril de Brent, máximo exponente del precio del petróleo, había pasado a comprarse a mitad de precio desde hace más de un año.

No hace falta ser un experto en matemáticas para deducir automáticamente que, según dicha caída, deberíamos haber estado pagando alrededor de 0,70€/litro, y sin embargo, como digo, no ha llegado a pasar de esa barrera psicológica que representa la cifra de 1,000€/litro. Habrá quien me diga que eso tampoco es así, que ha habido gasolineras en las que el diesel había pasado esa barrera y se ha estado pagando a 0,9€/litro largos, pero esas gasolineras, en realidad, han sido toda una excepción, en lugar de haberse convertido en una regla. Y lo que es peor, en las últimas semanas se ha visto un repunte del precio de los combustibles, pasando de nuevo al nivel del 1,10€/litro, y esto es lo que más curiosidad y recelo me produce.

Y es que hemos estado un buen periodo de tiempo pagando esos carburantes a unos precios bastante elevados, manteniéndose dichos precios más o menos estables durante meses y meses seguidos... y ahora que han bajado hasta los extremos antes mencionados, no solo no se ha llegado a romper esa barrera, sino que los precios no han aguantado en esos niveles ni tan siquiera un mes seguido.

Todo esto me lleva a pensar en lo mucho que ciertas compañías juegan en los mercado con las reglas que a ellos mismos les da la gana. Unas reglas en las que siempre son ellos los que ganan. Si tenemos en cuenta que la máxima del Capitalismo en el mundo Occidental es la Ley de la Oferta y la Demanda y el Libre Mercado, sería de esperar, primero, que como hemos dicho al principio, el precio de los combustibles hubieran bajado en proporción al precio del petróleo (por mucho que pongan la excusa de los impuestos); y segundo, que llegando a rozar esa barrera de 1€/litro, alguna compañía petrolera hubiese "cruzado el Rubicón" fomentando la competencia de precios. O, al menos, que aguantara el tirón de poner precios más bajos que las demás compañías. Pero, en lugar de eso, nos encontramos con todo lo contrario. Que la bajada de los precios se ha frenado, han aguantado los niveles, y al poco los han vuelto a subir. Poco, de momento, eso sí, pero de momento han vuelto a subir.

Si lo pensamos así, es como si no hubiéramos avanzado nada desde el tiempo de la abolición de los gremios. Pero de los gremios propiamente dichos, no con el significado "amable" que tiene hoy en día, como quien habla de "el gremio de los electricistas", "el gremio de los médicos" o, en definitiva, de personas que comparten la misma profesión, sino de aquellos gremios que se componían de grupos de artesanos y manufactureros que acordaban unos precios y nos los movían de ahí pasara lo que pasara. Si había que cobrar dos monedas de oro por una barra de pan, se cobraban. Que el campesino medio no tuviera ni una sola moneda era lo de menos. El precio era el pactado y punto. Ni competencia ni nada. Y si os dais cuenta, el comportamiento de muchas compañías actuales se parece más al de aquellos gremios medievales que al de empresas modernas del siglo XXI.

Todo esto, por último, me lleva a pensar en los disparates que llegan a cometer estas empresas amparándose en el mero lenguaje y la retórica. Porque lo primero que enarbola esta gente es precisamente la bandera de la "Libertad". De la libertad económica en este caso, que, dicen, favorece en última instancia al ciudadano... cuando, en realidad, es una libertad para hacer lo les de la gana sin que haya nadie por detrás imponiéndoles un mínimo de control sobre sus actividades.

17 de noviembre de 2014

Bienvenido sea

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En esta ocasión, me alejaré un poco del tema Tolkien (aunque no mucho, ya que lo voy a usar como ilustrador de la entrada) y vamos a tocar un tema que, a todo aquel que le gusta leer, acaba sufriendo antes o después: Que hagan una versión cinematográfica de tu libro favorito. Y si bien es algo que, a priori, puede parecer positivo, no todo el mundo acepta igual de bien esas adaptaciones.

Hablando de la obra de Tolkien, debido precisamente a la inminencia del estreno de la última película ambientada en El Hobbit en particular, y en la Tierra Media en general, que veremos en mucho tiempo, uno de los comentarios más extendidos entre los fans más acérrimos de los libros es algo tal que así:

Vaya mierda lo que han hecho, han destripado el libro completamente. Para hacer esto, mejor que no hubieran hecho nada. Iré a ver la película, pero sé que no voy a salir contento...

Algo, por cierto, que se parece muchísimo a lo que ya pasó cuando, hace nueve años, estrenaron la versión cinematográfica de Orgullo y Prejuicio, protagonizada por Keira Knightley y Matthew Macfadyen. Y es que tanto en un caso como en el otro, el destrozo que se hizo a los libros fue patente y escandaloso. 

Tom Bombadil, el gran desaparecido de El Señor de los Anillos
Comprendo que una novela, a fin de cuentas, no es un guión de cine, y que para hacer una película de dicha novela, primero hay que adaptarla, "guionizarla", de alguna manera. En este aspecto, y por normal general, un guionista se las tiene que arreglar como sea para encajar todo lo narrado en dicho libro en, aproximadamente, dos horas de película. Así pues, es normal que puedan llegar a caerse escenas y/o personajes que, en el libro pueden parecer imprescindibles, pero que a la hora de la verdad, aportarían más bien poco a la acción y a la continuidad de la película (véase lo que ocurrió cuando Peter Jackson decidió dejar a Tom Bombadil fuera de la trilogía de El Señor de los Anillos, lo que también levantó no pocas ampollas en su día entre los fans). 


Pero claro, una cosa es quitar escenas o personajes, y otra muy distinta, reinventar los que ya hay, o incluso inventarse otros nuevos, que esto fue lo que ocurrió precisamente con Orgullo y Prejuicio, por un lado, y con El Hobbit y el personaje de Tauriel, por el otro. En el primer caso, la versión de 2005 (versión, que no adaptación) del libro de Jane Austen, es un completo desastre. Tanto si se lee el libro, como si se ve la adaptación de 1995, se puede ver que la familia Bennet es una familia acomodada de clase alta de la zona rural inglesa. Tienen unas tierras en propiedad, y tienen una casa que ya querrían para ellos muchos de los que viven hoy en día. No demasiado grande ni espectacular, pero sí bastante decente y correcta. Y, como no puede ser de otra manera, guardan escrupulosamente los modales y las costumbres británicas. Todo lo contrario que en la versión de 2005, donde lo menos que se ve es a una Elizabeth Bennet paseando felizmente entre los cerdos de la cocina de su casa, lugar donde come toda la familia rodeados de suciedad por todas partes. Y aun así y todo, no deja de sorprenderme cada vez que leo o escucho lo mucho que a la gente le gusta dicha película, y que si descubrieron a Jane Austen, fue precisamente gracias a ella. Y es en este punto, precisamente, en el que me gustaría incidir.

Orgullo y Prejuicio 2005
Muchas veces, los fans nos hacemos "propietarios" de la obra de nuestro autor favorito. En cierto modo, es más que normal, son muchas horas leyendo esas líneas, esas escenas, e imaginándolas en nuestras mentes. Y ver hasta qué punto puede llegar a cambiarlas el director de turno, puede llegar a ser hasta ofensivo y sacrílego, dependiendo de la persona. Como cuando Howard Carter entró en la tumba de Tutankamón. Sin embargo, esta posesión nos impide ver lo positivo de estas conversiones. Porque sí, considero que hasta las adaptaciones más aberrantes tienen su parte positiva, que en este caso, es el "efecto llamada" a nuevos fans.

Porque así es. ¿Quién nos dice que a esa persona que ha visto una película, que a nosotros nos parece atroz, no le pica la curiosidad y se lee el libro del que procede? ¿Y si resulta que, tras leerse el libro, se da cuenta de que el libro le gusta mucho más que la película y empieza a buscar más material de ese autor? Para mí, y como digo en el título de la entrada... bienvenido sería toda aquella persona que se uniera a una afición tan maravillosa como la lectura, aunque sea pagando un peaje tan caro.

5 de noviembre de 2014

Tolkien (VII): El final de una Edad

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Recuerdo cuando, tras ver el final de El Retorno del Rey hace ya once años, cómo se quedó en mi interior un poso agridulce. Había visto algo que, junto con sus otras dos hermanas, había cambiado en cierto modo el mundo del cine, del mismo modo que hiciera Tolkien hacía ya 50 años con la literatura universal gracias a la edición impresa de El Señor de los Anillos. Y digo agridulce porque, precisamente, era consciente de la magnitud de la trilogía realizada por Peter Jackson y había quedado conforme y satisfecho. Esa era la parte dulce, porque la parte agria era saber que algo así no se habría de volver a repetir. Sí, existía El Hobbit, claro, pero tal y como yo lo conocía, no daba para volver a hacer algo del tamaño de El Señor de los Anillos, por lo que, a nivel personal, daba por finiquitado el asunto cinematográfico de la obra de El Profesor.

Hasta que al cabo de una década (día arriba, día abajo), empezaron a surgir nuevos rumores de que "una sombra se movía en el Este". Guillermo del Toro primero, y Peter Jackson después, estaban planeando una película de El Hobbit... que con el tiempo resultó que no era una, ¡sino dos! Y aun es más: acabó siendo una trilogía, por imposible que pareciera, similar a la primera. Y todo ello gracias a un exhaustivo estudio de la obra de Tolkien y de todo el trasfondo que, en realidad, tiene El Hobbit. Y en esas nos encontramos ahora, a falta de poco más de mes y medio para el estreno de La Batalla de los Cinco Ejércitos, que dará carpetazo a esta segunda trilogía... y, por lo que parece, también, y de manera definitiva, a las adaptaciones de otros libros de Tolkien.  Es verdad, sigue quedando El Silmarillion, y visto lo visto, podría decirse que bastaría con esperar otros diez años para que Peter Jackson, una vez más, vuelva a sorprendernos con más elfos, hombres y orcos. Pero me temo que esta vez el asunto es mucho más complicado, y es lo que voy a comentar a continuación.

Hay muchos factores que, al menos a corto y medio plazo, hacen imposible, desgraciadamente, cualquier adaptación cinematográfica de un libro de las características de El Silmarillion. La primera de todas ellas, como no puede ser de otra forma, se debe al apartado técnico. A pesar del reto que supuso rodar El Señor de los Anillos (aun no sé cómo hizo Peter Jackson para convencer a productores y distribuidores para que le dejaran filmar una trilogía de esas características), y de que para El Hobbit ya tenía la mitad del trabajo hecho, El Silmarillion es harina de otro costal. La principal diferencia es que tanto El Señor de los Anillos como El Hobbit son historias con un hilo conductor propio, cosa de la que carece por completo El Silmarillion, que es más bien un conjunto de historias que narran una historia más grande en sí misma. Esto nos lleva directa e inevitablemente a la duración. Que El Señor de los Anillos fuera una trilogía estaba cantado. Tres libros, tres películas, es matemática pura. La verdadera sorpresa llegó al anunciar que El Hobbit también iba a ser una trilogía a pesar de que la historia se cuenta en un solo libro. Así pues, si de un libro relativamente pequeño hemos sacado una trilogía... ¿Qué no podemos llegar a sacar de un libro que condensa toda la historia de Arda desde sus orígenes hasta la creación de los Anillos de Poder

En este aspecto, hay muchos fans que ya han contestado. Una serie de televisión. Ese sería el formato perfecto para abarcar todo lo referente a El Silmarillion y a todas sus historias. Temporadas y temporadas llenas de Noldor, de batallas, de dragones, de balrogs, de amores imposibles... pero, también en este caso, y como diría Don Quijote, "con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho", porque entonces habría que encontrar una cadena que estuviera dispuesta a soltar toda la pasta necesaria para semejante proyecto. Como ejemplo, baste decir que una serie como Juego de Tronos (la comparación es inevitable) tiene un coste medio por capítulo de 4.5 millones de dólares, teniendo en cuenta que cuando hay capítulos especiales en los que hay más trabajo, como batallas o similares, el coste aumenta hasta los 6 millones. Entonces, y teniendo en cuenta que El Hobbit ya ronda los 750 millones de dólares (estimados, porque podrían ser más) de presupuesto... ¿Cuánto dinero no costaría producir una serie de semejante calibre? Y como he dicho antes, ¿quién estaría dispuesto a arriesgar tantísimo dinero para una serie de televisión? Además, ¿Durante cuántas temporadas, exactamente? ¿Y si resulta que, a medio camino, la cosa flojea y ese canal de televisión decide que ya no le sale rentable y que la corta?

Y por último, y no menos importante, ni mucho menos, es el tema de los derechos audiovisuales. Actualmente, dichos derechos de El Silmarillion están en posesión de Tolkien Estate, la empresa encargada de controlar todo el material que creó Tolkien en su día y dirigida principalmente por su hijo, Christopher Tolkien. Y aquí es donde nos encontramos con el verdadero problema. J. R. R. Tolkien vendió en su día los derechos tanto de El Hobbit como de El Señor de los Anillos para adquirir liquidez, sabiendo como sabía que, en aquellos años (1960), sus libros eran completamente imposibles de llevar a la gran pantalla (aunque se llevara un susto con Kubrick y The Beattles). Pero en el caso de El Silmarillion, no fue él quien lo publicó, sino su hijo Christopher a título póstumo, y después de un arduo trabajo de recopilación también por su parte de la obra de su padre, por lo que le tiene un cariño especial más allá del mero valor comercial que pueda tener. Y es que además, ya de por sí y por ese motivo, Christopher nunca ha estado dispuesto a vender los derechos de El Silmarillion... pero es que encima, en una de las pocas entrevistas que ha llegado a conceder, declaró que no le gustaba en absoluto nada de lo que Peter Jackson había hecho con las dos historias más emblemáticas de su padre. En este caso, cabe suponer, efectivamente, que si ya de por sí no se sentía muy inclinado a vender derecho alguno, ahora tiene muchísimas menos ganas. La única esperanza que se puede llegar a albergar en este aspecto, por muy feo y frío que suene (que suena), sería esperar a que Christopher, que Dios guarde durante muchos años más, falleciera (tiene ya 89 años) y ver entonces cómo se desarrollaban los acontecimientos dentro de la Tolkien Estate. Y aun así, no me sorprendería que nos encontráramos con alguna cláusula en su testamento diciendo algo como "prohibido vender los derechos de El Silmarillion a toda costa".

En fin, que como ya expreso en el propio título de la entrada, mucho me temo que el próximo 17 de diciembre asistiremos no sólo al estreno de una película, sino también al final de una Edad, "tolkenianamente" hablando. El final de un gran ciclo comenzado hace 13 años con La Comunidad del Anillo, y que finalizará por todo lo alto con La Batalla de los Cinco Ejércitos. Al menos, ya puede acabar por todo lo alto una película que, ya han adelantado, tendrá una batalla de 45 minutos de duración...

2 de septiembre de 2014

Tolkien (VI): John Ronald Reuel Tolkien

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En esta ocasión, la entrada de este blog dedicada al mundo de Tolkien va dedicada... a él mismo. Y es que hoy es el 41º aniversario de su muerte, el 2 de septiembre de 1973, y me gustaría dedicar esta entrada, precisamente, a uno de los autores que cambiaron el panorama de la literatura universal para siempre. Y nunca mejor dicho, porque desde que se editaran sus libros, la percepción sobre según qué seres mitológicos cambió para siempre. Por ejemplo, antes de El Señor de los Anillos, y según la cultura popular, los elfos eran seres diminutos, poco menos que duendes pequeños, traviesos y juguetones... mientras que ahora, en cualquier libro en el que aparezca un elfo, será descrito como un ser alto, esbelto y notablemente sabio. O, al menos, más sabio que un humano.

Pero, ¿Quién fue Tolkien? ¿Cómo pudo crear todo un mundo y llenarlo de seres completamente increíbles que trascendieron a su propia obra, con sus propias culturas y, más importante aun, sus propias lenguas? Empecemos desde el principio.

Ronald en 1916
John Ronald Reuel Tolkien nació en Bloemfontein, en el Estado Libre de Orange, hoy Sudáfrica, el 3 de enero de 1892, y a pesar de sus tres nombres, sus padres, su familia, e incluso su esposa Edith siempre lo llamaron simplemente Ronald. Cuando aun era un niño de tan sólo tres años, los Tolkien decidieron volver a Inglaterra, de donde provenían sus respectivas familias, debido a que el clima de la región no era bueno para pequeño Tolkien. Como su padre no quería irse de África debido a los negocios de extracción de diamantes y otras joyas que ahí tenía, quedaron en que, en principio, su madre se iría con él y con su hermano pequeño, Hilary, y al año siguiente su padre se uniría a ellos. Sin embargo, una fiebre reumática acabó repentinamente con su vida, dejándolos viuda y huérfanos respectivamente, amén de sin ingresos.

Así pues, la madre de Tolkien decidió irse a vivir con su familia a una aldea en las cercanías de Birmingham, donde Ronald comenzaría a explorar los bosques y las granjas de la región, que más adelante le inspirarían para crear Bolsón Cerrado. Fue esto, junto con la educación recibida por parte de su madre, lo que despertaría en el chico un gran interés por la botánica. Pero además de las plantas, pronto descubrieron que a Ronald también se le daban muy bien los idiomas. De hecho, con aproximadamente cuatro años ya sabía leer y escribir en latín perfectamente.

Otro de los acontecimientos que marcaría la vida de Ronald fue su bautismo en 1900, ya que, en contra de los deseos y de la presión de su familia materna, él, su madre y su hermano pequeño se bautizaron en la Iglesia Católica, lo que le supuso a su madre la retirada de toda la ayuda económica que su familia le prestaba desde que enviudó. Posiblemente por este motivo, también su madre moriría cuatro años más tarde debido a unas complicaciones con su diabetes, lo que, en opinión del joven Ronald, era un martirio en toda regla. Literalmente, ya que consideraba a su madre una mártir por haberse mantenido fiel a su Fe a pesar de todos los problemas que ésto le había causado. Así pues, tenemos a un joven Ronald con 12 años huérfano de padre y madre, y con un hermano de 10 años.

Sin embargo, dicho "martirio" no fue en vano. El padre Francis Xavier Morgan (andaluz de padre galés), un sacerdote de Birmingham que había apoyado a su madre, se ocupó a su vez de los dos chicos, aunque siguieran viviendo en el orfanato. El padre Francis, de hecho, fue quien enseñó español a Ronald, lo que le sirvió más adelante para inventarse su propio idioma: El Naffarin. Además, con 16 años, conoció en el orfanato, y se enamoró de ella, a la que más tarde sería su mujer: Edith Mary Bratt. Lo curioso del caso es que, como ella era tres años mayor que él, el padre Francis le prohibió tener cualquier tipo de relación con ella hasta que no cumpliera los 21 años. Ni encuentros, ni cartas, ni nada de nada, cosa que el joven Ronald respetó a rajatabla. Tan a rajatabla, que la misma tarde de su vigésimo primer cumpleaños le escribió una carta a Edith declarándole su amor y pidiéndole que se casara con él. Y aunque en un primer instante ella le confesó que pensaba que se había olvidado de ella y que ya estaba prometida a otro hombre, ella devolvió el anillo y se comprometió con Ronald, casándose finalmente en 1916.

Durante todo este tiempo, Ronald demostró ser un alumno y un viajero más que notable. Sus notas tanto en el instituto como en la universidad fueron excelentes, destacando en la carrera de Lingüistica la asignatura Lingüistica y Literatura Inglesa hasta Chaucer, donde sacó matrícula de honor. Y aun es más, si tenemos en cuenta que una de sus asignaturas optativas fue, ni más ni menos, noruego antiguo, podemos hacernos una idea de hasta qué punto le gustaban a Ronald las lenguas, y si eran antiguas, más todavía.

Pero tras acabar la carrera, y con la Primera Guerra Mundial en su apogeo, fue alistado en el ejército y enviado a Francia, donde sirvió como Oficial de Comunicaciones en la Batalla del Somme, donde fue herido. Debido a sus heridas, se le llevó de vuelta a Inglaterra, donde empezaría a gestar lo que, posteriormente, se convertiría en la Tierra Media, ya que durante su convalecencia comenzó a escribir La Caída de Gondolin. Afortunadamente, sus heridas no le permitieron volver al frente, aunque siguió en servicio mientras duró la guerra. Lo más destacable, sobre todo, de su convalecencia es que, mientras daba un paseo con su mujer, ésta se puso a bailar en medio de un bosque, lo que le inspiró para crear también La Balada de Beren y Luthien.

Tras la Guerra, Ronald comenzó a trabajar en la creación del Oxford English Dictionary, así como a impartir clases en la Universidad de Leeds y, más tarde, en la de Oxford, momento en el que escribió tanto El Hobbit como los dos primeros volúmenes de El Señor de los Anillos. En principio, como había escrito el primero para sus hijos, no tenía intención alguna de publicarlo, pero C. S. Lewis, que para entonces ya era gran amigo suyo, le convenció de lo contrario... afortunadamente. Además, durante estos años, Ronald retomó los relatos que había ido escribiendo en su afán de que Inglaterra tuviera una mitología "a la altura de la griega", que más adelante verían la luz en El Silmarillion de la mano de su hijo Christopher.

Tumba de J. R. R. y Edith Tolkien en Bournemouth
Finalmente, Tolkien comienza a publicar sus libros. Tras El Hobbit, que ya había publicado en 1937, publicó la que sería su continuación, El Señor de los Anillos, entre 1954 y 1955. Incluso su colega C. S. Lewis le propuso para el Nobel de Literatura, aunque el jurado desestimó su candidatura, según ellos, por su "pobre prosa". Sin embargo, eso no impidió que se le nombrara Doctor Honoris Causa en varias universidades del mundo, vicepresidente de la Philological Society y miembro de la Royal Society of Literature, así como el nombramiento de Comendador de la Orden del Imperio Británico de mano de la reina Isabel II.

Pero el Destino de los Hombres, como el lo describió en sus escritos, acabó por alcanzarle también a él. En 1971 moría Edith Tolkien, la mujer que lo había acompañado toda su vida, muriendo él tan solo 21 meses después, tal día como hoy, 2 de septiembre, de 1973. Fueron enterrados en la misma tumba y, como muestra del amor que se profesaban, bajo sus nombres aparecen, respectivamente, Beren y Luthien, los protagonistas de una de las historias de amor más grandes reflejada en sus narraciones.

Espero que esta humilde entrada os haya servido para, al menos en parte, conocer al genio creador de toda la Tierra Media. Un hombre, por suerte o por desgracia, irrepetible.



Pd.- Como nota anecdótica y curiosa, comentar que, al igual que los reyes númenóreanos que aparecen en El Silmarillion, Ronald también eligió el momento de su muerte. ¿Que por qué lo digo? Fijáos: Murió en 1973, ¿Verdad? Muy bien, pues ahora recordemos su poema más famoso, el Poema del Anillo:

3 anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo
7 para los Señores Enanos en palacios de piedra
9 para los Hombres Mortales condenados a morir 
[...]
1 Anillo para gobernarlos a todos[...]

 Ahora fijáos en los números de los anillos de abajo a arriba y comparadlos con los del año de su muerte... Vale, sí, es una casualidad como un templo, pero... Impresiona, ¿Verdad?