12 de octubre de 2012

Una jaula de grillos

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Con el título de esta película de 1996 protagonizada por Robin Williams, hoy le toca el turno a Twitter, la red social basada en el micro-blogging, como suele llamarse debido al tamaño los mensajes que se postean. O en el "Sentémos cátedra que somos muy listos", como la llamo yo.

Para empezar, qué menos que un poco de historia, ya que, al contrario de lo que mucha gente puede pensar, esta red social es más vieja de lo que parece. Para empezar, es mas vieja que Facebook, aunque mucha gente piense que apareció debido a una especie de "evolución natural" de la red social creada, entre otros, por Mark Zuckerberg. De hecho, mientras que Facebook fue creado en 2007, y que no salió del cascarón hasta casi año y medio después, Twitter se creó en 2006, un año antes. Pero claro, el funcionamiento de Twitter lo hace estar más orientado a los teléfonos móviles. Recordemos que, de hecho, el número máximo de carácteres que puede tener un mensaje en Twitter es de 140, los mismos que los de un mensaje SMS standard. Y en esas fechas, aunque ya se comercializaban smartphones en España, las tarifas de envío de datos mediante teléfono móvil eran prohibitivas, por lo que gastarse los cuartos arriesgandose a que a final de mes te exigieran tu bazo como pago a la factura no compensaba en absoluto el uso de la red social que nos ocupa.

Pero ocurrieron dos cosas que, además, sucedieron de manera simultánea. Por un lado, y de manera indirecta, las compañías telefónicas comenzaron a comercializar tarifas planas de conexión a Internet. Esto, al principio, lo único que hizo fue incentivar la venta de teléfonos inteligentes, pero sentó las bases a lo que vendría después. Y lo que vino después, que fue el verdadero boom y redescubrimiento de Twitter, fue que a las celebrities de medio mundo les dio por empezar a usarlo para narrar en directo sus venturas y desventuras. Y, como dice la película, se armó el Belén.

Primero, porque la gente es muy cotilla y muy maruja aunque luego digan lo contrario, y hubo muchísimas personas que corrieron a abrirse cuentas en Twitter para enterarse de primera mano de todo lo que decía tal o cual famoso, famosillo, o mero famosete. Porque lo que decían les parecía de lo más interesante, aunque 140 carácteres, como se puede imaginar uno, no dierann para mucho. Y ya lo que terminó de crear el Twitter que todos conocemos hoy en día fue cuando, todas esas personas que se crearon una cuenta para marujear, pensaron a la vez "si lo que dicen los demás es interesante, lo mío también".

A partir de aquí empezó una avalancha, primero, de gente que vendía su intimidad por el plato de lentejas que es el molar más que nadie y tener más followers que ningún otro usuario. Luego vinieron, precisamente, aquellos que, pensando que Twitter era la evolución de Facebook, empezaron a usarlo como tal. También estaban, y están, los que lo usan para comunicarse con sus amigos, sin recordar, aparentemente, que es mucho más fácil, rápido y eficaz una simple llamada de teléfono... y, finalmente, y como he dicho antes, los que usan la red del pajarito para sentar cátedra sobre todos los problemas de la humanidad. Todo lo que dicen, en parte porque son victimas inconscientes de la propia naturaleza de la red, son verdades absolutas e irrefutables. En definitiva, lo que dije al principio: Todos somos listísimos y todo lo que decimos es interesantísimo de la muerte... cuando, en realidad, lo pequeño del mensaje a enviar hace que lo que se publique no sean más que tonterías a medias a las que le falta los mínimos más básicos para que se considere como un mensaje de pleno derecho.

Y como todo en esta vida, dicha red ha creado su propio microcosmos, en el que un unfollow es más sangrante incluso que le digan a uno de todo en un mensaje. O, al menos, eso es lo que muchos parecen pensar. Mención especial al respecto merece lo que le ocurrió a Arturo Pérez-Reverte el fin de semana pasado durante su habitual comparecencia dominical en esta red, cuando ironizando sobre la actualidad de Cataluña y España, y coincidiendo con el partido de fútbol FC Barcelona - Real Madrid, vi como varios usuarios lo amenazaban con el unfollow por las ironías no entendidas que iba publicando. Como si a un escritor, o mejor dicho, a cualquier persona medianamente cuerda y con dos dedos de frente, pudiera importarle lo más mínimo que alguien que no conoce absolutamente de nada deje de seguir sus andanzas por Twitter.

Es posible que muchos de vosotros digáis "sí, tú estás rajando de twitter, pero bien que tienes una cuenta y bien que la usas". Cierto, y en parte, por eso mismo puedo escribir este artículo, ya que no he escrito sino lo que he estado observando durante el año aproximado que llevo usando esta red. Y espero seguir usándola, y no abusándo de ella, durante algún tiempo más. Al menos, mientras no me aburran las tonterías que suelen verse a diario y siga sirviéndome para mis intereses. Que, a fin de cuentas, esa es la finalidad de toda herramienta. Que sirva para algo.

14 de septiembre de 2012

Lecciones de Mitología (II) - El caso Loki

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Hoy os presento una nueva lección de mitología. En particular, de la mitología nórdica/vikinga. Una historia, en este caso, sobre el dios Loki, ya que tras charlar el otro día con una amiga, muy fan ella de dicho dios desde que vio la película Los Vengadores, me entraron las ganas de compartirla también con vosotros.

Antes de nada, decir que los parecidos entre la mitología "real" y la que aparece en la película son meras coincidencias, ya que Marvel, a la hora de crear el comic Thor, cogió los nombres, algunos trasfondos y poco más. Baste decir que, en la película Thor, éste y Loki son hermanos y ambos hijos de Odín, cuando, en realidad, Loki era hermanastro del propio Odín ya que era mestizo de dios y de gigante.

Pues bien, la historia que os voy a narrar es la siguiente: Un día, los dioses estaban preocupados porque Asgard no tenía protección alguna. Ni murallas ni nada. Hasta una vaca podría invadir el reino, si lo quisiera.

En esto, llegó un jinete ofreciéndose para levantar una señora muralla que rodeara toda la ciudad. Dijo, además, que sería capaz de construir las murallas en tan sólo 16 meses. A cambio por su trabajo, "tan sólo" pedía el Sol, la Luna y la mano de la diosa Freya. Los dioses se escandalizaron ante unas peticiones tan descabelladas, y poco faltó para que Thor le dejara incrustado a Mjolnir en la cara al visitante. Sin embargo, Loki, tras pedir un poco de calma, les dijo:

- Si logras construir las murallas en seis meses, trato hecho.

Y, volviéndose a hablar con los demás dioses, Loki les dijo:


- Sinceramente, no creo que este constructor sea capaz de hacer lo que dice. Es más, en seis meses no creo ni que haya llegado a la mitad, así que propongo que le dejemos hacer. Total, como digo, no creo que termine a tiempo, así que por lo menos ya tendremos algo de trabajo adelantado, y no necesitaremos pagarle porque no habría terminado a tiempo.

Los demás dioses se mostraron conformes con lo que Loki les había expuesto, y dieron permiso al viajante para que comenzara la obra. También le avisaron que, si no cumplía con lo prometido, no sólo no se le pagaría sino que, además, sufriría las consecuencias por haberse atrevido a pedir la mano de una diosa. El extranjero aceptó, con la condición de que pudiera ayudarse de su caballo, a lo que los dioses también accedieron.

El constructor se puso manos a la obra. Y vaya si se puso. Estuvo trabajando todo el invierno y, cuando estaba a punto de llegar el verano, la muralla ya estaba casi terminada. Los dioses no podían creer lo que veían. El constructor iba a terminar la muralla a tiempo, por lo que, no sólo tendrían que darle el Sol y la Luna, sino que tendrían que ver cómo una diosa se desposaba con un simple mortal a cambio de un simple trabajo de albañilería. La pobre Freya no paraba de llorar día y noche. Así que Odín, preocupado como no lo había estado nunca antes, fue a hablar con Loki.

- Así que no tendría la muralla terminada a tiempo, ¿no? ¡Este simple mortal está a punto de terminarla! ¡Y vamos a tener que ceder a sus peticiones! ¡Tú nos metiste en este problema, así que sácanos tú de él!

Loki también estaba preocupado, claro. La idea y el consejo habían sido suyos, y no quería ni pensar en las consecuencias que podría tener todo aquello. Así que se puso a pensar en alguna manera de evitar el desastre. Pensó y pensó hasta que se dio cuenta de un detalle fundamental. El caballo del albañil. Sin él, estaba seguro que el trabajador no sería capaz de cumplir con el plazo, así que esa misma noche adoptó la forma de una yegua, haciendo que el caballo del constructor lo siguiera para que no pudiera usarlo al día siguiente.

Y así fue. Al día siguiente, cuando el constructor, que se las prometía felices porque iba a terminar a tiempo, vio que su caballo había desaparecido y que no podría terminar sin él, montó en cólera haciendo que se revelara su verdadera identidad, ya que se trataba de un gigante disfrazado de humano. Al verlo, Thor no dudo ni un instante en desapacharlo por la vía rápida de un mazazo.

Cuando pasó el tiempo suficiente como para que no resultara peligroso, Loki volvió a Asgard aun convertido en yegua y preñado del caballo del constructor. dando a luz poco después a Sleipnir, un formidable y extraño caballo de ocho patas que ofreció como presente a Odín para pedirle disculpas.

- Ningún caballo será nunca tan veloz como éste.- Le dijo.- Te llevará a todas partes, incluso a la Tierra de los Muertos y te traerá de vuelta, y te será siempre fiel.

Y así fue, ya que Sleipnir nunca falló a su nuevo amo

9 de septiembre de 2012

Lecciones de Historia (III) - La Conquista de Navarra

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Otra lección de Historia más, y otra referida al antiguo Reino de Navarra. Y es que la historia de este pequeño reino a caballo entre Francia y España, que vivió sus días de mayor gloria en la Edad Media, con sus idas y venidas, esplendores y crisis, es digna de bardos y trovadores. Alianzas imposibles, traiciones, glorias, intrigas en la corte... Todo reconcentrado en un reino que, en su momento de mayor expansión, abarcaba desde las tierras de Burgos y Cantabria al oeste; hasta los condados pirenaicos que fueron el germen de la Corona de Aragón, al este.

Además, y como comenté hace seis post, este año se celebra, también, el Quinto Centenario del final de dicho reino. O, al menos, del final de su independencia con la conquista del mismo por parte tropas castellano-aragonesas al mando de Fernando II el Católico en 1512, y la consiguiente incorporación a sus territorios.

Por supuesto, un hecho de tal relevancia no se da de la noche a la mañana. La decadencia que abocó en dicha conquista comenzó mucho antes. Tanto la Corona de Castilla como la Corona de Aragón llevaban años mirando con deseo y conspirando para hacerse con un reino que llevaba años debilitado y en crisis, debido a la guerra civil que, desde el año 1451 debido a la fallida sucesión de Carlos, Príncipe de Viana, a quien cuyo padre, Juan II, negó la legitimidad de sus derechos,  venía royendo los huesos del reino. En este aspecto era especialmente elocuente el lema que el Príncipe de Viana llevaba en su blasón: "Utrinque Roditur", o lo que es lo mismo, "Por todas partes me roen".

Así se encontraba Navarra a comienzos del Siglo XVI, y este fue el momento en que Fernando el Católico, ya al mando de los reinos de Castilla y Aragón y de sus respectivos ejércitos tras la muerte de Isabel, aprovechó para llevar a cabo la movilización militar. Por un lado, Fernando dispuso a unos 20.000 soldados entre infantería, caballería y artillería en tierras de Vitoria al mando del II Duque de Alba para penetrar desde el oeste el día 19 de julio, acompañado además del Conde de Lerín, líder de los Beaumonteses, lo que propició que la penetración hasta Pamplona se hiciera en muy poco tiempo. La capital del reino, en aquellas fechas, no era todavía la fortaleza en la que se convertiría con el tiempo. De hecho, ni siquiera contaba con artillería para poder defenderse, y los propios edificios eran los que conformaban las murallas de la misma. Además, ésta se vio asediada por unos 16.000 soldados, mientras que su población apenas sí llegaba a los 10.000 habitantes. Ante este panorama, la ciudad se rendía 6 días después de que las tropas castellanas hubieran penetrado en el reino. El, por entonces, rey de Navarra, Juan III de Albret, intentó reorganizar las tropas del reino y plantear una resistencia, pero ya era demasiado tarde. Se reagrupó con sus tropas en Lumbier y se replegó a los territorios del Bearn.

Con la rendición de la capital, se procedió a enviar emisarios a las ciudades importantes del reino invitándolas a seguir el mismo camino. Viendo la situación, la mayoría optaron por rendirse a su vez. Sin embargo, Tudela, Estella, San Juan de Pie de Puerto y Maya se negaron a capitular. La primera de ellas fue la que concentró los esfuerzos de los invasores, al tratarse de la segunda ciudad en importancia del reino, teniendo que capitular el 9 de septiembre, mientras el resto de las tropas castellanas atravesaban los Pirineos y atacaban la Baja Navarra, conquistándola el día 10. Sin embargo, las tropas castellanas no tardaron en retirarse de la zona, debido en gran parte a los impagos y a la falta de víveres.

Tras la conquista, sin embargo, se intentó reconquistar el reino de Navarra hasta en tres ocasiones: En 1512, en un intento de contraataque dirigido por Juan III de Albret y Catalina de Foix; en 1516 a la muerte de Fernando II, también por parte de Juan III; y en 1521, por parte de Enrique II de Navarra, que se enfrentó a Carlos I por el control del reino, primero mediante la diplomacia y, a partir de ese año, mediante el uso de la fuerza. En este caso sí se consiguió reconquistar el reino, en un tiempo, además, mucho más breve del que necesitó Fernando II para conquistarlo. Sin embargo, el contraataque imperial de Carlos I fue igual de contundente, lo que provocó el repliegue y rendición de las tropas franconavarras. Tras esto se sucedieron una serie de ataques, contraataques y escaramuzas que duraron otro año más, pero el destino de Navarra ya estaba más que escrito. A partir de ese momento, el título de Rey de Navarra quedó para siempre ligado a la dinastía de los reyes de España, hasta que, en 1841 perdió definitivamente la condición de Reino, convirtiéndose en provincia diferenciada dentro del Reino de España.

1 de septiembre de 2012

No compres, ¡ADOPTA!

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Hoy me gustaría hacer un alegato en favor de la adopción de animales de compañía (perros y gatos en general) y en contra de la venta de los mismos. Porque motivos hay tantos como se quieran, aunque otra cosa es que muchas veces prefieran ignorarse.

Por ejemplo, ¿Por qué es mejor adoptar que comprar? Pues para empezar, y aunque sea una frivolidad, porque es más barato. Si compras un perro en una tienda "de toda la vida", dependiendo de la raza de la que estemos hablando, te gastarás una media de 600€ (céntimo arriba, céntimo) sólo por comprarlo. Todo lo que le hagas después, son añadidos adicionales. Añadidos que deben hacerse, como vacunar al animal y, lo más importante, ponerle el chip. Cosas que, entre unas cosas y otras, pueden suponer unos 70 ó 100€ adicionales (porque no, por mucho que compres, no vienen necesariamente documentados). Pues bien, si adoptas un perro de una protectora, el único gasto que vas a tener que efectuar es, precisamente, el del chipeo y el de las vacunas. Lo dicho, unos 70 o 100€ frente a los 600 o más que supone comprarlo.

Luego está el que piensa que, bueno, sí, me gasto 600€, pero al menos sé que mi perro es de raza, o es un cachorro y así lo tengo desde pequeño en la familia, o estará más sano que una lechuga; y en una protectora sólo hay chuchetes medio muertos y con más años que Matusalén. Esto es completamente falso. Entre camadas inesperadas por "descuidos", camadas que no se han podido vender o, directamente, que no se han sabido vender, nos encontramos con que en las perreras/protectoras también hay un montón de cachorros de raza esperando su oportunidad. Yo he llegado a ver fotos de camadas enteras de galgos en una protectora simplemente porque una galga había parido... y su dueño no los quería para nada, por lo que los había abandonado. Y quien habla de galgos, habla de labradores, de cockers, de beagles... vamos, chuchos todos. Además, y yo esto lo he vivido de primera mano, el último perro que se compró (y se comprará jamás) en mi entorno llegó devorado por las pulgas. Todo un ejemplo de calidad unida al precio, vamos. Además, los únicos a los que les importa que el perro sea de raza es al dueño, ya que al perro en sí mismo le da exactamente igual, lo que lo convierte en toda una muestra de egoísmo puro y duro.

Respecto al tema de las razas, no se me escapa el caso especialmente sangrante de los yorkshire. Hubo una época en la que se pusieron de moda, porque eran bonitos, tenían el pelo largo y se podía jugar a las muñecas con ellos, eran pequeñitos y, por lo tanto, ideales para tenerlos en una casa pequeña o un piso... Y se compraron un montón. Hasta que la gente empezó a darse cuenta que, en realidad, los yorkshire son unos perros terriblemente territoriales y, en consecuencia, ariscos a más no poder. Obviamente, una señora mayor a la que el yorkshire le hace compañía no lo va a abandonar (muchas veces los cuidan mejor de lo que se cuidan a sí mismas), pero una persona más joven no tiene los mismos miramientos... lo que ha acabado derivando en que las perreras/protectoras estén llenas de yorkshires. Ejemplo claro de que perro en perrera no implica, necesariamente, que sea un chucho.

Ahora viene la parte emocional. Y es que, como he mencionado antes, los perros de las perreras han sido en su mayoría víctimas del abandono, cuando no directamente de abusos y malos tratos. Y son animales, a fin de cuentas, que lo único que necesitan es la compañía a la que han estado acostumbrados toda su vida. O incluso que, directamente, no conocen y ya sólo por eso merecen tener. La compañía de un ser humano que los cuide y los acompañe. Que se les de otra oportunidad de formar parte de una familia que los quiera y los respete. Porque, a fin de cuentas, todo perro acaba formando parte de la familia en la que se encuentra, o al menos así lo veo yo, ya que un perro, como animal que es, es un ser dinámico que se mueve e interactúa con su entorno. No es una maceta que baste con ser regada una vez al día y, por lo tanto, acabas relacionándote con él (o ella). 

Además, los eslabones de la cadena de las perreras funciona así: cuando un perro llega a una perrera, por regla general, se le sacrifica a los 10 días de llegar si nadie lo reclama. Os puede parecer una barbaridad, pero es así. Perros se abandonan todos los días, y la ley establece el sacrificio del animal en un plazo de 10 días a su llegada a la perrera, entre otras cosas porque la función de las mismas no es la de ser residencias caninas precisamente, si no un método de control y contención de animales. Es aquí donde intervienen las protectoras. Los miembros de las protectoras (voluntarios en la inmensa mayoría de los casos) visitan diariamente las perreras y reclaman cuantos perros puedan para evitar su sacrificio. Los recogen y, en el mejor de los casos, los llevan hasta el recinto que disponga dicha protectora. Insisto, en el mejor de los casos, ya que muchas veces, al tratarse de un trabajo puramente voluntario, no tienen recinto al que llevarlo y se lo tienen que quedar de acogida en sus propias casas hasta que aparezca un adoptante. Y, como he dicho antes, a las perreras llegan perros todos los días. Todos. Lo que hace que, en la mayoría de los casos, las protectoras y sus voluntarios vivan desbordados y al límite de sus posibilidades. Para que nos entendamos, las protectoras están salvándole, diariamente, la vida a un montón de perros que lo único que quieren es vivir en familia.

En fin, como he dicho al principio, motivos para adoptar perros en lugar de comprarlos hay tantos como se quiera encontrar. Pero eso sí, no me gustaría terminar sin matizar un poco todo este asunto. Adoptar siempre es bueno, sin distinción. Pero a ver, también hay que ser responsable. Empezando por el hecho de que tener un perro es, a fin de cuentas, como tener un niño pequeño en casa. Te va a robar tiempo, te va a romper cosas, te va a costar dinero... lo dicho, como un niño pequeño de unos dos o tres años. Y todo esto es algo que debe tenerse en cuenta, ya que de nada sirve que adoptes un perro... si luego lo vas a volver a abandonar o devolver a la protectora "porque es un coñazo que no me deja tiempo para nada". En resumen, adoptar siempre está bien, y siempre es mejor que comprar, pero de nada sirve si se hace a toda costa y sin la responsabilidad que estos seres se merecen.

20 de agosto de 2012

Al César lo que es del César

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Después de un lapso de dos semanas sin postear algo, vuelvo a las andadas. Esta vez no se ha tratado de falta de inspiración (aunque reconozco que algo sí que ha habido, aunque no haya sido lo principal), si no más bien de una visita de una semana de mis padres. Y como que no es plan.

Pero bueno, a pesar de lo que pueda parecer, y tras rimbombante título, esta vez toca hablar de cine. Y, más en particular, de Avatar. Sólo espero que, después de este post, no empiece a encontrarme gente en la puerta de casa con sogas, horcas y antorchas. Y es que mucho me temo que este post no vaya a gustar demasiado a los fans de Pandora.

Veréis, yo fui a ver Avatar al cine cuando se estrenó, y debo reconocer que salí de la sala emocionado y deseando ser un Na'vi. Más o menos, como la inmensa mayoría de los que han visto dicha película (más aun si fue en 3D como fue mi caso). Pero conforme pasaron los días, la emoción inicial fue dando paso a una revisión más calmada sobre lo que acababa de ver.

Es cierto, en el apartado técnico, Avatar es sublime. Ahí no tengo ninguna queja en absoluto. Y cumple muy bien como película de Ciencia-Ficción, ya que nos muestra un mundo futuro (amén de otro extraterrestre) con todos sus -posibles- adelantos. Mención especial me merece el apartado bélico. Los helicópteros ("escorpiones") y, sobre todo, las armaduras de combate, me maravillaron por completo. Y como he dicho antes, si encima la veías en 3D, pues ya era el acabose. No es para menos, ya que fue la película que hizo estallar la fiebre del 3D (y creo que le tengo cierta manía precisamente por esto mismo, aunque eso ya es harina de otro costal), se hizo íntegramente en 3D y consiguió que cualquier sala de cine que se preciara, instalara un proyector con dicha tecnología para poder proyectarla. Hasta ahí, todo bien. Todo sea por el progreso. Viva el progreso.

Pero, como suele decirse, no todo el monte es orégano. Y todo lo que a Avatar le sobra de tecnológico... le falta de guión. Puntualizaré esto, porque tampoco es que el guión se malo. Sencillamente, es que es muy simple. Dicen que James Cameron tenía esta película en mente desde que tenía 16 años... y se nota. Porque toda la película puede resumirse en "Los humanos son muy malos y los na'vi son muy, pero que MUY buenos. Pobrecicos ellos". Amén que, si te paras a pensarlo y a meditarlo, la historia, los personajes, y el desarrollo de la misma, recuerda muchísimo a cierta película de Disney Studios (sólo que sin canciones). O lo que es lo mismo: La película/historia que podría escribir un chaval de 16 años (esto no quiere decir que las películas de Disney las escriban chavales de 16 años, es simplemente que están hechas para otro público). 

Esto, a priori, no tiene por qué ser malo. A fin de cuentas, la misión última de una película es la de entretener. Ni más ni menos. Y si entretiene o, por lo menos, logra el cometido de su género (que te rías si es comedia; que te asustes si es de terror; etc.), pues perfecto. Aquí paz y después Gloria. El problema con Avatar ha sido, y es, esa entronización como Noveno Arte en sí mismo. Cuando se dice que Avatar es buenísima, de las mejores películas que se han rodado jamás. Una obra maestra. Y esto, señores, sí que no. Por aquí sí que no paso. Ni mucho menos. Precisamente porque para que una película sea considerada como "Obra Maestra" tiene que ser perfecta en todos sus aspectos. Si falla sólo uno de dichos aspectos, lo siento mucho pero se le podrá clasificar de cualquier manera menos de "perfecta".

Pues bien. Todo esto lo pensaba yo cuando se estrenó la película, y de eso hace ya tres años. Y me gané una serie de buenas broncas por decir esto mismo, por poner en tela de juicio la perfección de Avatar, como si de un hereje medieval se tratara. Bueno, pues hoy he vuelto a verla y me reafirmo en todos y cada uno de los puntos expuestos más arriba. Y aun es más, le añado otro "pero". Toda película que se precie de ser considerada como "obra maestra" debe tener el don de los buenos vinos, es decir, el de envejecer bien. Esto, en una película, se traduce en que dicha cinta sea capaz de transmitirte, siempre que la veas, las mismas emociones que te transmitió la primera vez que la viste. Y en este aspecto, a mí, personalmente, me parece que cuanto más se ve Avatar, menos impresiona. Pero claro, esto es algo totalmente subjetivo.

En fin, y resumiendo un poco: Avatar está bien, es una película buena que te hace pasar un rato más que entretenido. Pero eso sí, no os dejéis engañar por toda esa pléyade de fans acérrimos que os vengan diciendo lo magistral y maravillosa que es.

Y, por supuesto, que en última instancia, la única opinión que cuenta es la propia. Yo aconsejo a todo aquel que aun no la haya visto que le de una oportunidad. Si no le gusta, será por muchos motivos, pero no creo que sea por falta de calidad.


Pd.- Si alguien se ha molestado en echar las cuentas, he mencionado a esta película como noveno arte... y si el cine es el Séptimo, ¿Dónde está el Octavo? Lo videojuegos, queridos camaradas. Los videojuegos.

5 de agosto de 2012

El rancho (Recetas - I)

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Hoy no estoy yo muy inspirado, así que aprovecho y empiezo con otra sección que tenía en mente: recetas de cocina, y así aprovecho otra de mis aficiones, que es la de meterme entre fogones y probar a hacer recetas. Y que salga lo que salga. Y como todo soldado de infantería necesita alimentarse para estar fuerte y preparado para la batalla del día a día, aquí os pongo un plato típico de mi pueblo llamado Pebre, que se prepara principalmente los días de fiesta, pero que por su simpleza, puede prepararse en cualquier momento.

Los ingredientes (por persona) son:
-Cabezada de lomo de cerdo (unos 200 gramos, dependiendo del saque que tengas)
-Tomate triturado (una lata de 200ml)
-Cebolla (media, más o menos)
-Pimiento verde (mínimo uno)
-Pimiento rojo asado (un bote pequeño)
-Aceite de oliva 
-Ajo (uno)
-Sal (al gusto)
-Pan

Preparacion:
Se pica la cebolla y el pimiento, y se saltean en una sartén con el aceite hasta que se poche la cebolla. Aparte, en una olla, se pone la carne de cerdo, que tiene que estar cortada en taquitos no muy grandes. Se sofríe un poco, lo justo para que se cierre la carne por fuera. Cuando la carne y la verdura estén listas, se ponen juntas en la olla, se le echa el ajo laminado, y se remueve un poco para que quede todo bien mezclado. Se espera a que se caliente un poco y se echa la lata de tomate. Se deja cocer todo a fuego lento y, cuando empiece a hervir, se le echa el pimiento rojo. Se espera a que el tomate dé otro hervor y, a partir de ahí, se deja el tiempo que se estime necesario... o al gusto de como se quiera la carne. Cuanto más tiempo esté hirviendo con el tomate, la carne estará más tierna y tendrá mejor sabor.

Como se puede apreciar, no es una receta muy complicada, y sin embargo, es más que resultona. Obviamente, no es un plato para poner en una mesa de cinco tenedores, ni para darte un banquetazo, pero para sacarte de un aprieto cuando se tenga un día tonto, viene que ni pintada. ¡Que aproveche!


Pd.- ¿Y el pan? Pues el pan, para untar el tomate, que con la cebollita y el pimiento rojo, está de muerte.

31 de julio de 2012

¡3x1!

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¡Que estamos que lo tiramos! Esto es lo que ha debido pensar Peter Jackson cuando decidió que El Hobbit sería una trilogía.

Yo ya llevaba un tiempo con la mosca de los rumores detrás de la oreja. Que si ahora son tres; que si ahora no, que son dos, pero con material para versiones extendidas; ahora otra vez que sí; ahora otra vez que no, que se trata de una noticia malinterpretada... Y ahora nos viene, de nuevo en teoría, el padre de la criatura para decirnos que, efectivamente, van a ser tres partes.

Y ahora es cuando yo me quedo cortado por la mitad. Porque, por un lado, mi vena de tolkiendili enfermizo se regodea ante la noticia de tres nuevas películas del universo creado por El Profesor, al igual que pasó cuando me enteré que, después de largos años, habrían de rodar El Señor de los Anillos (ESDLA, para abreviar); pero, por el otro lado, está mi vena de tolkiendili purista y escéptico, y es esta la que me hace formularme la pregunta más evidente:

¿Cómo diantres se han planteado una trilogía de un libro de 360 páginas?

Porque vale, con ESDLA tenía toda su lógica: tres libros, tres películas. Matemáticas puras y duras. Y si encima, cada uno de los volúmenes de dicha trilogía, por separado, son más gordos (en páginas) que El Hobbit, pues blanco y en botella. Pero es que, además, se da la curiosa circunstancia que en ESDLA tuvieron que tragarse escenas enteras de los libros (los más puristas nunca perdonarán a Jackson que no incluyera a Tom Bomadil dentro de la trilogía) en pro de la continuidad del relato... y de las horas de proyección. Y yo fui el primero que dijo que estaba totalmente justificado, que si se incluía a Tom, teníamos una Comunidad del Anillo de 5 horas tirando cortos. Y lo mismo hubiera pasado con Las Dos Torres y con El Retorno del Rey. Hasta aquí, todo perfecto. Sobre todo, porque eran todos los que estaban, y estaban todos los que eran (bueno, casi todos).

Pero ahora nos encontramos con un caso totalmente inverso. Ya de momento, se han sacado a un personaje de la manga (la famosa Tauriel, que no aparece por ningún lado en ninguna parte), y han cogido a otros que, si bien existen dentro de la Tierra Media en la época en la que se desarrolla la acción, no aparecen para nada en las aventuras de Bilbo (como Galadriel, por ejemplo). Y que, por mucho que digan que han cogido material de los Apéndices de El Señor de los Anillos (donde se explican muchas cosas relacionadas con la historia del Anillo, desde mucho antes de que Bilbo lo encontrara hasta que Frodo lo destruye, que no se explican en ninguno de los dos libros), sigo sin saber de dónde van a sacar tantísimo material como para hacer tres películas.

A no ser que hagan tres películas de hora y media y se queden tan panchos...

Y porque, además, y poniéndonos ya estrictamente técnicos, si la primera parte, que se llama Un Viaje Inesperado, termina donde termina (no propagaré el spoiler con patas que me comí hace dos semanas), y la siguiente Una Ida y una Vuelta (There and Back Again), dando a entender que, efectivamente, ahí acaba la cosa... ¿Qué nombre le van a poner a la tercera? ¿O la pondrán en medio?

En fin, lo peor de todo esto es que, hasta que no se estrene, como mínimo, la primera parte (14 de diciembre del presente año, aquí en España), no se sabrá todavía nada por cierto.

Y lo peor es que, para entonces, el IVA ya habrá subido y nos encontraremos las entradas simples a 10€... yuhu.



Pd.- Dicho lo cual, y con lo celoso que es Christopher Tolkien de la obra de su padre... ¿Cómo ha consentido esto? ¿Cuántos ceros tenía ese cheque?