12 de enero de 2011

El estado de las carreteras

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Una de las cosas que me gustan en la vida, una de mis aficiones, es la conducción ("Me gusta conducir", como diría el anuncio de aquel coche), ya hablaré más adelante sobre esto en particular, y eso hace que no me importe en demasía liarme la manta a la cabeza, coger un vehículo e irme hasta donde Jesucristo dio las siete voces. Como he hecho esta Navidad.

De hecho, esta mañana he vuelto de un viaje de unos 1.000 kilómetros en coche (Cádiz - Cascante) en dos etapas (Cádiz - Alcalá de Henares y Alcalá de Henares - Cascante), siendo la vuelta en una sóla etapa (con muchas paradas, eso sí, pero del tirón). Y en esos 2.000 kilómetros, he podido observar y comprobar varias cosas, entre las cuales considero que una de las más importantes es la que da nombre a este post.

A ver, ahora mismo no es que pueda hacer una comparación exhaustiva y precisa con las carreteras de otros países (es este un fallo que pretendo subsanar en un futuro, de hecho, tanto Normandía como La Toscana están marcados a fuego en mi mapamundi interior), pero sí creo que he visto bastantes kilómetros de carreteras en distintos puntos distintos de la geografía española como para afirmar que las carreteras en España no son tan malas como mucha gente cree. Es más, pienso que son muy superiores a todo eso.

Por supuesto, las hay buenas, las hay mejores, las hay malas y las hay muy, insisto, muy malas. Por ejemplo, lo que pude ver de las carreteras andaluzas (en particular, la Autovía A-4, en el tramo que discurre por las provincias de Cádiz, Sevilla, Córdoba y Jaén) me dejó muy buen sabor de boca. Incluso cuando me tocó atravesar Despeñaperros, donde la autopista se convierte en un auténtico Scalextric. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de la misma autovía cuando me tocó atravesar Ciudad Real y Toledo. Vale que atravesar Castilla-La Mancha ya de por sí es una de las cosas más tediosas que podrás hacer en tu vida, pero es que encima la autovía en todo ese tramo es un auténtico desastre. Obras cada pocos kilómetros, y cuando no hay obras, el firme de la misma deja mucho que desear, sobre todo si tenemos en cuenta que estamos hablando de una vía de esta categoría. Y en Madrid... pues ni fu ni fa, sinceramente. Peor que en Andalucía y mejor que en Castilla-La Mancha. Y en todo este trayecto, un sólo peaje. Hubiera sido perfecto si no hubiese habido ninguno, pero qué se le va a hacer. Un peaje en aproximadamente 600 kilómetros no deja de ser mejor que tres peajes en los apenas 100 kilómetros que separan Cascante de Pamplona.

Y bueno, podría seguir extendiéndome mucho más sobre otras carreteras por las que he tenido la suerte (y desgracia) de pasar y que no son precisamente autopistas, pero a fin de cuentas, para muestra ya vale un botón. Pero sí que me gustaría remarcar una cosa, que no es otra que, por mucho que a los españoles (en general) nos guste echar pestes sobre nosotros mismos y sobre lo que nos rodea, tenemos un sistema de carreteras que, si bien es mejorable (porque siempre se puede mejorar todo), no es ni mucho menos una abominación. Estoy de acuerdo en que a todos nos gustaría tener una autobahn que nos llevara a todas partes desde la mismísima puerta de nuestra casa, pero de ahí a decir que en España hay un mal sistema de carreteras, me parece a mí que media un abismo.

Resumiendo, podría decir que si hay algo que nos gusta a los españoles es recrearnos en los tópicos, sobre todo si son nuestros y sobre todo si es para echar pestes sobre alguien, aunque sea al vecino. Porque visto todo esto, sólo puedo decir que lo de malas carreteras es algo heredado de la España del 600 y las suecas. Máxime si, precisamente, en los últimos años se ha llevado a cabo, precisamente, un lavado de cara al sistema viario español.

Al Cesar lo que es del Cesar, camaradas.

24 de diciembre de 2010

Pero... ¿Dónde está el dinero?

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Esta es una pregunta que me hice el otro día junto con mi consorte.

Estaba ella leyendo la revista Cuore, en la que aparecía un reportaje sobre la pareja de actores Brad Pitt y Angelina Jolie que, como muchos sabrán, y amén de una buena colección de atributos, son apestosamente ricos como buenos actores de Hollywood que son (aunque habrán quien pueda cuestionar esta afirmación, pero bueno). En particular, el reportaje decía que, en la línea sobre todo de Anjelina Jolie, habían donado una cantidad de dólares más que jugosa para la reconstrucción de Haiti, el país más pobre de toda América y el que peores momentos está pasando ahora mismo (sí, el hecho de que ya no salga en los telediarios no quiere decir que la epidemia de cólera haya remitido, ni mucho menos), lo cual es verdaderamente loable.

También se conoció la noticia hace un par de meses que los diez hombres más ricos y poderosos de Estados Unidos habían hecho un pacto entre ellos según el cual, se comprometían a donar la mitad de sus fortunas (o una cantidad parecida) para obras benéficas y, en definitiva, un poco lo que viene siendo arreglar el mundo.

Y por supuesto, no puedo por menos que hacer mención al denostadísimo Bill Gates, creador/presidente de Microsoft y ser odiado por gran parte de las personas que tienen un ordenador entre las manos (y que, sin embargo, siguen usando Windows, dicho sea de paso). Este hombre también es una de las personas más asquerosamente ricas del mundo (no fueron pocos los años que, de hecho, constaba como la persona más rica del mundo), pero que, sin embargo, no se le caen los anillos a la hora de financiar obras benéficas y de construir edificios necesarios en sitios extremadamente necesitados. Es más, hace un par de años concedió una entrevista junto con su esposa, y una de las cosas que le dijo al periodista fue que "lo peor que podía hacerle a sus hijos era dejarles toda su fortuna intacta", lo cual me parece una de las cosas más elogiables que he podido leer últimamente.

Dicho lo cual, volvemos a la pregunta que abre este post. ¿Dónde está el dinero? Porque en serio, las cifras de las que estamos hablando no son precisamente pequeñas. Es más, con todo lo que se ha donado, con todo lo que se ha movido el mundo (por lo menos el occidental) tras la tragedia de Haiti... ¿Dónde se ha quedado todo ese dinero? Porque a estas alturas, no digo que Haiti tuviera que ser el país más boyante de todo América Latina, pero por el amor de Dios, algo como una epidemia de cólera es algo que no tendría que haber aparecido nunca. Y no sólamente porque algo así ya es una desgracia en sí misma, sino que, con todo ese dinero se tendría que haber podido, cuanto menos, restablecer los servicios básicos en toda la isla, como pueden ser la red de hospitales, las comunicaciones y los servicios de agua. Y seguiría sobrando para empezar a recauchutar el país de verdad.

Y hablo de Haiti por poner un ejemplo, porque luego te enteras de que, con el montante que tienen la mayoría de los bancos/grandes fortunas repartidos por los paraísos fiscales a todo lo ancho y largo del globo (200.000.000.000€, si no me dejo ningún bloque de tres 0) se podría erradicar el hambre en el mundo de un plumazo.

Pero bueno, esto sería irse un poco por los cerros de Úbeda, ya que, a fin y a la postre, el dinero de los paraísos fiscales es un dinero que no sale de ahí, pero... En serio, ¿Qué ha pasado con todo ese dinero que se donó? ¿Todo ese dinero que se dona? Vale que siempre hay gastos de gestión y gastos paralelos... pero me da mucha pena ver la cantidad de ese capital que se queda en el camino... si es que al final llega algo al destino que se supone debería alcanzar.

En fin, sólo espero que quien quiera que tenga ese dinero, que le aproveche. Pero que le aproveche pensando en que, para empezar, no deja de ser un dinero robado y que, para continuar, ese dinero podría, literalmente, salvar miles de vidas. Lo dicho, que le aproveche.

6 de diciembre de 2010

El Derecho a Huelga

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La verdad es que no sé muy bien cómo organizar este post, porque lo cierto es que este tema me está tocando bastante la moral (amén de haber estado a punto de costarme un viaje). Y es que, como sin duda habréis oído hablar estos últimos días, los controladores aéreos españoles han estado de huelga, exigiendo según ellos lo que es más justo para ellos. Y no seré yo quien juzgue tal cosa.

De hecho, considero que el Derecho a la Huelga, y el consiguiente uso del mismo, es una muestra de buena saludo en todo estado democrático que se precie. Si tú como trabajador (o como colectivo) sientes que tu parón te está explotando, lo menos que se te tiene que permitir es el derecho a quejarte. No obstante, lo que si está claro es que lo que han hecho estos señores con dicho derecho no ha sido un uso, sino un abuso en toda regla.

Como he dicho antes, el derecho de un trabajador a declararse en huelga debería ser poco menos que sagrado en un país que presuma de una democracia sana. Pero como en toda democracia sana que se precie, también hay una serie de reglas que hay que seguir incluso a la hora de ir a la huelga, lo cual me parece muy bien ya que, sin reglas, esto sería cualquier cosa menos, precisamente, un estado democrático y de derecho. Y entre esas reglas, está lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer con las huelgas.

Para empezar, las huelgas se avisan. Se debe especificar que, si no se cumplen unos mínimos en unas peticiones, se irá a la huelga y que ésta durará lo que tenga que durar. Después, y en caso de ir a la huelga, presentar unos servicios mínimos para no bloquear totalmente el funcionamiento de tu lugar de trabajo. Y finalmente, dejar claro qué es lo que se quiere conseguir con dicha huelga y por qué.

Sin embargo, aquí lo único que queda claro es que los controladores aéreos son unos sinvergüenzas de tres pares de millas. Son el colectivo que más ganan por realizar su trabajo con amplísima diferencia, y ojo, que no digo que sea barato controlar todo lo que ellos controlan, pero me parece a mí que exigir cobrar todavía más, cuando ya de por sí cobras más que el propio Presidente del Gobierno, me parece, cuanto menos, inmoral. Y si encima tu idea de huelga es la de organizarte en secreto para que no trabaje nadie y bloquear la gran parte del espacio aéreo español y sin dejar demasiado claro qué es exactamente lo que quieres (aparte de ganar más por menos), pues entonces, apaga y vámonos, porque entonces pasáis de ser unos sinvergüenzas y unos inmorales, a ser directamente unos ladrones y unos estafadores.

Ahora bien, como buen juego que es una democracia, también tiene reglas para garantizar que las reglas se cumplen. Así que, si tú haces lo que te da la real gana con las reglas del Derecho a la Huelga, no te sorprendas si al cabo de las horas te encuentras con un militar llamando a la puerta de la habitación del hotel en la que estáis haciendo la huelga (que esto tiene unas narices asombrosas de grandes) para obligarte a ir a trabajar. Y mucho menos aun te quejes si tu Ministro de Interior, que como eres funcionario es uno de tus jefes de más alto rango, te exige ocupar tu puesto de trabajo bajo pena mínima de despido. Y que encima está siendo amable contigo, porque podría haberte acusado de sedición con toda la tranquilidad del mundo.

Y no malgastaré mucho más tiempo en este tema, pero sí me gustaría recordar lo poco morales y poco éticas que me parecen vuestras huelgas, sabiendo que cobráis un mínimo de 300.000€ al año, cuando hay unos 4.000.000 de parados en España, con un montón de gente más que preparada dándose patadas para hacer el trabajo que vosotros no queréis hacer, y con la cantidad de familias que, directamente, tienen dificultades para llegar a final de mes. Que lo único que parece es que os quejéis de no poder tener unos chalecitos de unos miserables 500m2 en La Moraleja ni un par de Ferrari aparcados en el garaje.

En fin, sólo digo que a todo cerdo le llega su San Martín, y que espero que a vosotros os llegue pronto. Caraduras del diablo.

28 de septiembre de 2010

¡Huelga! ¿Huelga?

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Pues para todos aquellos que aun no lo sepan (porque tampoco es tan difícil que haya gente que no lo sepa, habida cuenta de lo poco que se han explayado en esta ocasión), mañana día 29 de septiembre hay Huelga General.

Una huelga que, lejos de ser la hecatombe política que representaba (y ha representado) en otras ocasiones, no va a pasar de un mero "lavado de cara" de los sindicatos, después de casi dos años de crisis sin dar palo al agua.

Como digo, y tirando de memoria, cuando en otras legislaturas se organizaba una Huelga General, al gobierno le entraban temblores y sudores fríos. "Me he pasado", podría pensar el presidente de turno, viendo como los trabajadores (o lo que es lo mismo, casi todo el país) se le venía encima. Porque, ante todo, era eso, general. No era una huelga de transportes (que también duele), no era una huelga de servicios de limpieza (esta, huele), ni tan siquiera una huelga de cualquier punto de producción por un "quítame allí estos días de vacaciones". No. Era una Huelga General y significaba que el país se paraba. Que no se producía. Y, por consiguiente, que las repercusiones económicas podrían traer mucha cola, amén de la imagen que podrías dar tú, como presidente, a tus vecinos de Comunidad, que no has sabido hacer bien las cosas en casa, bien por chulo, bien por inepto, y tus "niños" te está organizando la marimorena.

Sin embargo, y en esta ocasión, y como digo, tras dos años de crisis con los sindicatos más que desaparecidos (y no me vale la excusa de "no van a morder la mano que les da de comer" porque eso siempre ha sido así y siempre ha seguido habiendo sindicatos), en lugar de amenazar con la huelga (como se hacía antes), directamente se ha organizado y se ha montado, como si hubiesen llegado a un acuerdo con el Gobierno porque... oye, que con la que está cayendo, algo habrá que hacer, ¿No?

Porque, precisamente, ni siquiera al Gobierno se le ve agobiado como en otras ocasiones. Sí, se están tendiendo muchos puentes para la reconciliación y el diálogo, pero siempre desde la postura de "me da igual lo que vayas a hacerme, estamos en crisis, menos producción no va a haber, y los decretos que ya he firmado no los voy a echar para atrás". Y lo mejor es que parece que los sindicatos lo entienden y aceptan. Vamos, que se quejan, sí, pero no saben muy bien de qué.

Dicho lo cual, llegamos un poco al meollo del asunto. La inutilidad de esta Huelga General.

Porque, en mi opinión, es una huelga que llega tarde, llega mal, y de la que no se va a sacar ninguna ventaja. Es más, casi creo que va a ser contraproducente, sobre todo para los sindicatos. Me explico:

-Llega tarde, porque una huelga así habría que haberla organizado desde el primer momento en el que se le empezaron a ver las orejas al lobo de la crisis, o por lo menos, en cuanto se le vio el hocico. O lo que es lo mismo, la tendrían que haber organizado hace dos años o así, cuando la crisis estaba recién estrenada y ya se veían los estragos que esta estaba dispuesta a causar. Y porque con la que está cayendo ahora mismo, con el miedo en el cuerpo, la precariedad acechando por las esquinas... cualquiera sacrifica un día de trabajo (y de sueldo) en aras de... ¿de qué? Un ejemplo de esto se puede apreciar con la pasada Huelga de Funcionarios tras el recorte de sus salarios. Es inútil llamar a la huelga a un sector al que se le ha precisamente cuando hacer un día de huelga supone rebajado el sueldoun día de ingresos que no te abonan. Es que es absurdo. Y, por supuesto, el recorte no se retiró.

-Llega mal, porque precisamente, la Huelga se ha declarado a raíz de la Reforma Laboral del Gobierno, según la cual (a grandes rasgos), facilita en gran medida los despidos (pero no necesariamente las contrataciones). Y al hacer una Huelga General en estas circunstancias, al trabajador en cuestión se le queda la sensación de que se está pintando una enorme diana encima del cuerpo, un "Despídame, por favor" en medio de la frente. Y con lo difícil que está ahora mismo el encontrar trabajo, cualquiera se atreve a que el jefe le vea haciendo "según qué cosas".

-Y no se va a sacar ninguna ventaja, precisamente por lo ya mencionado anteriormente. El Gobierno actual está tan convencido de su modelo económico y laboral, que no piensa borrar ni tan siquiera un punto de la citada Reforma Laboral, una reforma que ya está aprobada y que ya está en marcha. Y que, por supuesto, no se va a quitar por mucha huelga que se haga. Ni por muy general que esta sea.

Dicho lo cual, esta huelga sólo tiene una utilidad, y es la de dejar a los sindicatos en entredicho, y muy debilitados frente a la opinión pública. Precisamente porque han aparecido de la noche a la mañana anunciado la citada huelga, después de dos años sin apenas apariciones, mientras la situación iba empeorando y la gente no dejaba de preguntarse "¿Dónde están los sindicatos?". Despidos masivos, empresas que quiebran, que mandan a los trabajadores a la calle sin indemnización "y aquí no ha pasado nada"... pero mientras tanto, los sindicatos haciendo esa "gran" labor tan suya como es la de ser mediadores. Han sido, en definitiva, dos años de perder el apoyo y el respeto de los trabajadores, porque veían que a ellos les estaba tocando sufrir los primeros ataques de la crisis, mientras que los sindicatos y los sindicalistas se limitaban a verlas venir. Pero cuidadín, que estamos mediando. No nos estreséis.

En fin, que como digo, esta Huelga no va a pasar de ser un mero circo. Un circo en el que el Maestro de Ceremonias es el propio presidente del gobierno, los sindicatos son los domadores, los piquetes son los leones... y toda la masa laboral son los payasos. Unos payasos, por cierto, con el maquillaje lloroso y corrido.

De todos modos, y aunque siga pensando que esta huelga sólo va a servir para poner la soga en torno a ciertos cuellos, sigo pensando que nunca está de más hacerla. Precisamente porque, no hacerla, una vez organizada, es hacerle el juego al gobierno, que va a ser el primero en querer llevarse la gloria "por la poca participación que ha habido por parte de los ciudadanos", lo que, en su jerga política, viene a decir que él tiene la razón, que él está haciendo bien las cosas, y que como el pueblo lo apoya, pues adelante con todo. Eso sin contar con que se deterioraría inmensamente (aun más si cabe) la imagen de los sindicatos y los debilitaría hasta niveles "peligrosos", ya que se han visto solos, y a fin de cuentas, la política no deja de ser "hacer obras en representación del pueblo". Y si no representas a nadie... ¿De qué sirves?

Así que sí, animo a todo aquel que pueda (sobre todo, que pueda, tampoco voy a obligar a nadie) a secundar la Huelga General de mañana. Para que, por lo menos, no sea un fracaso como estoy previendo, que se vea que, aunque mareados por unos y por otros, los trabajadores aun tenemos cosas que decir y puntos que defender, que seguimos siendo personas, no esclavos ni números, y que sólo por eso nos merecemos un sueldo digno y acorde a las funciones que estamos realizando, nunca inferior, y mucho menos escudarse en el "me están puteando, pero... al menos tengo trabajo". Porque así se empieza. Y porque, en definitiva, siempre podemos secundar el dicho de "protesta, que algo queda".

En fin, yo no sé quién sacará más provecho de todas estas aguas revueltas, pero os puedo asegurar que nosotros, los trabajadores, no. Nosotros somos los pececillos que, ahora mismo, están rodeados de anzuelos, y a cual más afilado. Sólo espero que lo que pase a partir de mañana no sea peor que lo que ya está pasando.

27 de agosto de 2010

Algo está cambiando

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Pues sí, desde hace ya unos cuantos años, algo parece, afortunadamente, estar cambiando en el mundo. En el mundo en general, y en el fútbol en particular. Sé que es de fútbol, y que hay gente que no lo soporta, pero en este caso, el tema sólo es la excusa para lo que voy a contar a continuación.

Cualquiera que tenga una mínima idea del "folclore" español desde los años 50 hasta finales de los 70, sabrá que el fútbol, ante todo, era cosa de hombres. Era un terreno al que las mujeres tenían el acceso poco menos que vetadísimo. Era algo propio de hombres, tanto como sólo podía serlo el puro Farias, la copa de Soberano y la partida de cartas de los domingos con los amigos en el bar. Es más, para ilustrar dicha situación, qué mejor que esta canción que cantaba la cordobesa Gelu en su día, titulada El Partido de Fútbol:


Como se puede apreciar (sospechas de cuernos aparte), es el hombre el que se va a ver el partido de fútbol un domingo por la tarde. La mujer podría ir, claro que sí, pero siempre con el hombre, ya que significaría compartir una afición de su novio/marido, pero que nunca y en ningún caso sería una afición propia (ya que eso no sería digno de una señorita que se precie).

Pues bien, fue pasando el tiempo. Pero las cosas, en el fútbol, seguían sin cambiar (y siguen sin cambiar hoy en día, pero eso ya sería irse por otros derroteros), y el fútbol seguía siendo cosa de hombres. O si cambió, fue a peor, porque si una mujer decía que le gustaba el fútbol, se le empezaba a ver como una especie de "bicho raro", sino se la tachaba directamente de machorra o de cosas peores. Y tanto futbolistas como entrenadores eran, ante todo, unos machos. Un ejemplo clarísimo está en que, por aquellos años (incluso bien entrada la década de los 90), todos los entrenadores aparecían dirigiendo a sus respectivos equipos desde el banquillo vestidos con un chandal que, en la mayoría de los casos, era horroroso y, en demasiadas ocasiones, increíblemente hortera (Luis Aragonés es un buen ejemplo de esto). Esto era algo que, desde luego, no cambiaba.

Pero como digo, algo está cambiando. Y todo empezó, precisamente, en la indumentaria de los entrenadores. No sé cual fue la razón: si el progresivo enriquecimiento de los equipos de fútbol debido a los contratos televisivos; si a una especie de "contagio" por parte del mundo del baloncesto... A saber. Pero la cosa es que los entrenadores pasaron a vestir todos de traje y corbata. Todos. Unos con mayor acierto, otros con menos (por ejemplo, Maradona en el pasado Mundial de Sudáfrica 2010, que el traje que llevaba le quedaba como un babero a un cochino), pero todos iban con traje.

Paralelamente, iba siendo más normal ver a mujeres que habían ido a ver un partido de fútbol por iniciativa propia, sin que por ello se las mirara de tal o cual forma. La educación sobre la Igualdad Sexual comenzaba a dar sus frutos, y estos, aunque tímidamente, empezaban a mostrarse incluso en los campos de fútbol. Y aun así y todo, seguía habiendo personas (tanto chicas/mujeres como chicos/hombres) que decían que una mujer en el fútbol... no es que no pudiera ir, pero es que eso "era de hombres".

Y así ha ido la cosa, lenta pero segura, hasta llegar al "boom" de las mujeres en el fútbol que se ha podido apreciar con bastante vehemencia desde la pasada Eurocopa de Suiza y Austria de 2008. Ahora, a las mujeres les gusta el fútbol. O mejor dicho: les puede gustar el fútbol. Como a cualquier hijo de vecino. Como debe ser, qué caray. ¿Por qué, algo a priori tan neutro e inofensivo como es el fútbol, habría de ser "propio" o "exclusivo" de una parte de la sociedad? Nos gusta cacarear a los cuatro vientos lo permisivos y tolerantes que somos para todo, pero no ha sido hasta hace "cuatro días" cuando esto ha pasado de ser una frase hecha, a ser un hecho en sí mismo.

Y puede que la "culpa" de todo esto la tengan "unos mariconazos" como son David Beckham o Cristiano Ronaldo (lo dicho, para ser un jugador de fútbol, ante todo, "había que ser macho"). Así llamados simple y llanamente por ser hombres que se preocupan mínimamente por su aspecto. Que vale, que Beckham "inventó" la metrosexualidad, y que, en palabras de Paris Hilton, Cristiano Ronaldo era más femenino que ella, pero eso no quita, para empezar, que fuesen buenos jugadores, que, a fin de cuentas, es por lo que les pagan. Por jugar a fútbol.

Todo esto, finalmente, ha derivado en otra vuelta de tuerca. Al convertirse los jugadores en unas auténticas estrellas mediáticas, algo como la moda y el glamour no podían tardar en aparecer. Y en este caso, tenemos a dos increíbles ejemplos en las personas de Pep Guardiola y Joachim Löw, entrenadores del Fúbol Club Barcelona y de la Deutscher Fußball-Bund (la selección de fútbol de Alemania) respectivamente. Y es que, méritos deportivos aparte, se puede apreciar que, tanto uno como otro, van a los partidos impecablemente vestidos. Ya no es sólo llevar un traje y una corbata, porque raro es el partido en el que a cualquiera de los dos se les puede ver con uno, sino que, como digo, van impecablemente vestidos. Ya no basta con ir "arreglado" al campo de fútbol, hay que ir bien vestido, con todo lo que eso conlleva.

Y esto, en última instancia, me parece algo digno de elogio y admiración. Sobre todo, por lo que he comentado anteriormente. Que sí, que cuando hay que decir lo igualitarios que somos, todos nos apuntamos al carro; pero que a la hora de hacer balance personal, pocos serían los que han hecho algo por dicha igualdad. Y si todo es empezar por abajo, por tener aficiones conjuntas sin que por eso se tache a nadie de "tal" o de "cual", pues bienvenido sea. Significará que estamos yendo en la dirección correcta y que, aunque haya gente que siga pensando lo contrario, se están haciendo las cosas bien.

15 de agosto de 2010

Los apuros de un jamón en las manos de un gitano

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Así me sentí yo este viernes.

Resulta que, tras haber cobrado mi primer sueldo de verano, decidí llevar a cabo reformas en mi PC de sobremesa (sí, ese que no había tocado desde hacía cinco años, y que ya empezaba a ser vejete para entonces) y comprarle varias piezas de repuesto. Al final, tras mucho pensar, mirar y comparar, compré una placa base, procesador, memoria RAM, tarjeta gráfica, disco duro y fuente de alimentación. Más de media torre, vamos.

Y este viernes, me llegó todo vía SEUR, tempranito, ya que me llegó por la mañana cuando yo no esperaba el paquete hasta la tarde, por lo que después de comer, me lié la manta a la cabeza y me puse manos a la obra. Estaba tan emocionado como ilusionado, ya que iba a ser la primera vez que montara yo sólo un ordenador (que luego debía funcionar, por supuesto, nada que ver con la única vez que desmonté y volví a montar uno en el módulo superior), y quería que me saliera bien.

Así pues, empecé a sacarlo todo de sus respectivas cajas, cogí el manual de la placa base y, despacito y con buena letra, me puse manos a la obra.

Al principio, todo fue como la seda (menos cuando cogí el disipador del procesador con el pulgar por la parte de la pasta térmica y me pringué medio dedo de mierda gris), hasta que finalmente,y al cabo de aproximadamente una hora y pico, todos los componentes estuvieron conectados a la placa. Llegaba la hora de la verdad, es decir, conectar la fuente de alimentación a la corriente eléctrica y encender el aparato.

Y aquí comenzó el cachondeo.

Enciendo el ordenador, y me pongo a escuchar los pitidos que lance la placa base y que me indicará los posibles errores que haya cometido. Para saber qué errores eran esos, tenía al lado la inestimable ayuda de mi infatigable portátil (aunque el pobre está más anciano cada día que pasa) con una página abierta con los códigos de dichos pitidos.

Bien, pues como decía, enciendo el ordenador. Primer pitido, corto y conciso. En este caso, no necesito mirar el código. Demasiado bien sé que el primer pitido indica que la placa base tiene corriente, lo que quiere decir que está todo bien enchufado. Pero al rato, llega el primer error. Tres pitidos cortos (PIPIPI). Miro el código y me encuentro con lo siguiente:

Error en los primeros 64Kb de la memoria RAM

Mosqueado, busco en más páginas para comparar, y en todas me dice lo mismo. Es más, las había que iban más allá y, directamente, indicaban el motivo del error: la memoria estaba defectuosa o dañada, y había que cambiarla. Debo reconocer que aquí empecé a acojonarme muchísimo, así como a ciscarme en los muertos de la tienda online donde había comprado los componentes. Mientras iba haciendo distintas pruebas, intercambiaba los módulos de memoria de lugar, de posición, ora uno ora otro, yo empezaba a temerme lo peor, ya que siempre recibía por respuesta los mismos tres pitidos del infierno. Tendría que cambiar los módulos de memoria, y eso había que hacerlo vía mensajería, y estábamos a viernes por la tarde, por lo que iba a tener un muerto en mi habitación durante todo un fin de semana.

A estas alturas, mi desesperación era tal, que yo ya había desmontado y vuelto a montar la placa base un par de veces, todas con idéntico resultado. Hasta que, al final, tengo la ocurrencia de conectar el monitor a la salida VGA integrada en la placa base. Para mi sorpresa, veo que aparece un mensaje por pantalla algo parecido a esto:

Error: Missing boot device

Y se me encendió la antorcha (a mi se me encienden antorchas en lugar de bombillas). La placa base, con sus tres pitidos, no me estaba diciendo que la memoria estuviese estropeada, no... me estaba diciendo que no encontraba el sistema operativo. Aquí pasé de defecarme en el proveedor de las piezas, a hacerlo directamente en el fabricante de la placa base, que había reinventado todo el standard de pitidos. Por supuesto que no había sistema operativo, ¿Cómo diantres iba a haberlo si aun no había instalado nada?

Pero bueno, algo más relajado al ver que aparecía una lucecita al final del túnel, busco mi DVD de Windows 7, lo meto en el lector, y procedo con su instalación... o eso pensaba yo.

Porque después de esperar a que el instalador de Windows copiara los archivos a la memoria, cuando me pide el disco duro de destino en el que quiero que me instale el sistema operativo... me encuentro con que no hay disco duro alguno. No me aparece ninguno en la lista. Esta vez, por lo menos, el susto sólo me duró un par de segundos, ya que una duda y una sospecha cruzaron raudas por mi cabeza. Miré dentro de la torre y, efectivamente, el disco duro estaba ahí pero, efectivamente, sin conectar a la placa base. Enfadado conmigo mismo esta vez por semejante despiste, apago la fuente, conecto el disco duro, vuelvo a conectar la fuente, vuelto a encender el ordenador. Y ahora sí, empieza a cargar Windows y me detecta el disco duro. Finalmente lo instalo todo y lo dejo en estado "bajo mínimos".

A esas alturas, eran ya casi las 9.30 de la noche (desde las 6 y pico que me había puesto), y yo estaba cansado y enfadado a partes iguales, con lo que me limito a instalarle el paquete de idioma español y poco más. El resto, iba a tener que esperar.

Pero por lo menos, eso sí, el trabajo estaba hecho y satisfactoriamente finalizado.

La verdad es que, a pesar de todo, he quedado bastante satisfecho conmigo mismo. He conseguido montar bien un ordenador (repito que esto sólo lo había hecho una vez antes, y fue un día que a nuestro profesor en el módulo superior le pareció bien quitarnos el gusanillo de hacerlo, porque según él, era una pérdida de tiempo) y prácticamente a la primera. Además, de que todo este tipo de experiencias siempre te enseñan alguna que otra cosilla.

Ahora lo malo es que, al actualizar Windows 7 se me ha colado la acutalización del WAT... y no sé cómo quitarla sin tener que descargarme chupicientasmil chorradas.

Pero eso, será otra historia.

4 de agosto de 2010

¡Falacias!

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La falacia, según algunas fuentes, es un razonamiento lógicamente incorrecto, aunque psicológicamente pueda ser persuasivo.

¿A qué viene esto? Pues viene a que, desde que el pasado 28 de julio el Parlament de Cataluña prohibiera las corridas de toros a partir de enero de 2012 a raíz de una petición popular avalada por 180.000 firmas, no he parado de escuchar más y más falacias de parte de los que defienden la tauromaquia como un "arte" y un "espectáculo". Y son falacias, precisamente, porque si releemos el comienzo del post, todos los argumentos que he escuchado yo a favor de dicho "arte" no dejan de ser "persuasivos, pero lógicamente incorrectos.

Y aquí, en este humilde blog, voy a proceder a desmontar todas y cada una de las que he oido (y recuerde). Empecemos.

1.- La tauromaquia es una tradición. Y también era tradición hasta hace no mucho tirar una cabra desde un campanario, y no por eso dejó de prohibirse por brutalidad con los animales.

2.- La tauromaquia es un arte. Sinceramente, no veo qué puede tener de arte el que una persona perfectamente entrenada y aprendida se enfrente a un animal y comience a castigarlo hasta causarle la muerte. Arte se puede considerar el proceso de creación del traje de luces, pero no del acto de la lidia.

Dicho lo cual, 3.- Toro y torero tienen las mismas probabilidades de morir en el ruedo. Esto es directamente falso. Y lo es por varios motivos. Para empezar, y en términos estadísticos, tenemos que en cada corrida mueren seis toros, mientras que el último torero murió hace 20 años. Eso para empezar. Porque, para seguir, y como he dicho antes, el torero está perfectamente entrenado para esta tarea, y se sabe a la perfección lo que tiene que hacer y lo que no. Sabe que si hace "tal", el toro no lo coge; y que si hace "cual", pues evita que el toro lo atraviese de lado a lado. Por el contrario, el toro se enfrenta en semejante situación por primera vez en su vida (en parte, por eso los toros indultados ya no sirven para otras corridas... porque han "aprendido", y eso es malo...), sin contar con que un toro es, precisamente, un ser irracional. Así pues, tenemos a un ser que actúa por instinto, y que actúa siempre igual que sus semejantes; y un ser que se adapta a la situación y que puede evitar situaciones que no le sean favorables. Y ahora volved a decirme que tienen las mismas oportunindades.

4.- El toreo es algo inherente a la cultura española y es algo por lo que se nos conoce en el mundo. Efectivamente. Y por eso mismo, hay países que no dejan de pensar en nosotros como un país "pintoresco" y de "segunda categoría", de "castañuela y pandereta", que aun vive en la época de Franco y que estamos poco menos que subdesarrollados. Que luego nos dicen que en España todo es flamenco y gitaneo y nos subimos por las paredes, así que seamos consecuentes.

5.- ¿Y la cantidad de puestos de trabajo y de dinero que se perderán? Esto es lo más fácil de todo, hacer mención directamente al bolsillo. Pues sí, se perderían puestos de trabajo, y es verdad que tal y como están las cosas, no es cuestión de echar a más gente al paro. Pero este es otro problema que deberá solucionarse a su debido tiempo y que no puede ponerse como excusa para una posible abolición. Además, lo de "dinero perdido" estaría por ver, teniendo en cuenta que cada vez hay menos afición y que cada vez hay que aportar más subenciones para que este tipo de festejos sean rentables para los empresarios.

6.- Sí bueno, pero también hay toros que son indultados y que no los matan. Esto, desgraciadamente, es una grandísima excepción. Que ojo, no estoy diciendo que no digo que no ocurra, en absoluto, pero para empezar, es increíblemente difícil que se produzca, ya que se tienen que dar una serie de circunstancias que hacen que sea más fácil una alineación interplanetaria que un indulto a un toro. Baste decir que en toda la historia de Las Ventas de Madrid, sólo se ha indultado a un toro. Dicho lo cual, no deja de parecerme una enorme casualidad que justo en la primera corrida celebrada en Barcelona tras el anuncio de la abolición de dichos festejos, se haya indultado a un toro. Que me alegro de esto, que conste, pero... no deja de parecerme una grandísima casualidad.

7.- Tú te quejas de que se matan toros... pero bien que te comes luego un pollo o un filete de ternera. Pues sí, me los como, ya que el Ser Humano es omnivoro por naturaleza (luego puedes elegir si comes carne o no, pero de momento eres omnivoro) y eso implica que necesitas de la carne de otros animales para sobrevivir. Además, dicha carne se saca de animales a los que se sacrifica en un matadero, donde las técnicas, los medios y las legislaciones actuales hacen que su sufrimiento sea el mínimo posible. Algo muy diferente de los 20 minutos de media que dura la lidia de un toro. Y eso de que "los peces se ahogan al salir del agua" o que "una lechuga también es un ser vivo" no es ya una falacia, sino el summum de la gilipollez.

8.- Pero... da lo mismo, todo es matar a un ser vivo. Sí. Y a la vez, un gran y rotundo no. La diferencia básica de todo esto es que la lidia de un toro es un acto de ocio, algo totalmente prescindible al haber otros tipos de ocio sobre todo si tenemos en cuenta que dicho ocio se basa en el maltrato y muerte de un animal, mientras que los pollos/corderos/terneras/cerdos/otros se sacrifican, como he dicho, en matarderos controlados porque se atiende a una necesidad de supervivencia. Necesitamos carne para vivir, eso es todo. Además, no creo yo que haya alguien dispuesto a pagar para ver cómo se mata a un bicho en un matadero...

9.- Me da igual, eso lo dices porque eres un antifiestas/no eres un buen español. Pues no, señor mio. Hay muchas maneras de vivir una fiesta sin necesidad de meter animales de por medio. Un servidor puede decir que es capaz de vivir unas fiestas sin necesidad de ver ni un sólo cuerno. Y me lo sigo pasando tan bien como se lo puede pasar cualquiera. Lo que ocurre es que estamos tan acostumbrados a lo fácil, que pocos son los que disocian "fiesta" de "cuernos". Y lo de no ser buen español...

10.- Pero si se prohíben las corridas de toros, el toro bravo como especie desaparecerá. Eso es algo que, directamente, no me lo creo. Precisamente por ser el toro un animal tan representativo de nuestro país (de hecho, si se ven imágenes de un evento deportivo donde aparezca España y haya aficionados españoles, es más probable ver la bandera de España con el toro de Osborne que con el escudo real). Además, lo veo un contrasentido si tenemos en cuenta los esfuerzos que se están haciendo con otras especies animales como el Lince Ibérico, el Oso Pardo y el Lobo Ibérico. Y eso por citar algunos.

11.- El toro se pega la vida padre antes de ir a la corrida. Ah, muy bien, ha cometido el delito de vivir. Y recuerdo que la especie bovina fue domesticada hace aproximadamente 10.000 años, lo que implica que no es una vida que el animal haya vivido en libertad, sino más bien en un estado de semi-libertad (es bravo, pero no salvaje). Y aun así... ¿Eso nos daría derecho a matar a los perros y gatos que tenemos en casa o en el campo? ¡Porque menuda vida se pegan, los malandrines!

12.- Todo esto es propio de un estado fascista, las personas deben tener la libertad de decidir si van a una corrida o no. Sí y no. En parte, la gente sí que debería tener ese derecho... pero es que, para empezar, los animales también tienen derecho a vivir. ¿O qué pasa, que como son animales no tienen derechos? Pues los tienen. Y como suele decirse, tu libertad termina donde empieza la del otro. Por mucho que el otro sea un animal (que bastantes animales de dos patas hay sueltos por ahí y nadie les dice nada).

13.- ¡Qué se rompe España! Esta es de las que más me gustan. Porque claro, da la casualidad de que quienes han prohibido los toros son los catalanes, y como es bien sabido, los catalanes lo único que quieren es joder al resto de los buenos españoles. Es su única misión en la vida. El hecho de que los canarios también prohibieran los toros en 1991 es lo de menos, ya que su españolidad es incuestionable. ¡Pero esta vez son los catalanes, que quieren matar a nuestras mujeres y violar a nuestras vacas! Pues eso, una tontería tan grande como esta. Y lo mejor de todo, es que todo lo que se ha originado no deja de darles razones a los catalanes para ser independentistas, ya que lo único que ven es como, desde todas las partes de España, se les señala con índice acusador a cualquier cosa que hagan o digan. Y lo del "boicto a los productos catalanes" que se llegó a oir (muy de refilón, pero se oyó) ya es de traca. Y es que, muchas veces, los separadores son peores que los separatistas.

14.- Todo es puro politiqueo. Pues claro que es politiqueo, pero como ya he dicho antes, una cosa no quita la otra. Vale que esto les ha podido servir como una cortina de humo temporal que desvíe la atención del Estatut, pero eso no quita para que, de nuevo, un sector de la población civil (180.000 personas, quiero recordar) propusiera esta ley ante el Parlament de Cataluña. Y más democracia de lo que implica esto, poco hay.

En fin, yo qué sé. A mí me parece bien dicha prohibición, a pesar de que tiene toda la pinta de que, a corto plazo, Cataluña y las Islas Canarias sean los únicos sitios donde no se pueda torear, ya que me da que al Gobierno no le va a temblar el pulso a la hora de declarar la tauromaquia como "Bien de Interés Cultural", como ya hiciera la Comunidad de Madrid en su día, y cuando esto suceda, tendremos tauromaquia per secula seculorum.

De todos modos, no me gustaría terminar sin hacer mención a dos personas muy diferentes entre ellas, pero con la misma visión respecto al tema que nos ocupa:

Por un lado, tenemos a Heinrich Himmler, máximo dirigente de la SS durante la Segunda Guerra Mundial, que en una visita a España en 1940, y tras presenciar una corrida en Las Ventas de Madrid organizada en su honor, dijo que acababa de ver "un espectaculo deleznable y extremadamente sangriento". Y por otro lado, tenemos a Mahatma Gandhi, que también dijo en su día que "un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales".

Así que... juzgad vosotros mismos.