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10 de junio de 2015

Tolkien (XI): De los orcos

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Si por algo se caracterizan las novelas de Tolkien basadas en la Tierra Media (porque sí, tiene otras que no lo están), es la constante lucha entre el Bien y el Mal. El Bien, representado aquí por los llamados "Pueblos Libres" (Hombres, Elfos, Enanos y Hobbits); y el Mal en la forma, principalmente (pero no exclusivamente) por los Orcos. Y es que también aquí marcó Tolkien un antes y un después en la literatura fantástica, ya que parece que, si no hay un "monstruo" contra el que luchar, no hay enemigo, y si no hay enemigo, no hay historia que valga, al fin y al cabo.

Soldado Orco - John Howe
Sobre el origen de los Orcos no se sabe mucho. Ni siquiera el propio Tolkien dejó muy claro cuál era exactamente su origen. Etimológicamente hablando, incluso se llegó a especular que la palabra "orc" (orco, en inglés) hacía referencia a las siglas del Oxford Rugby Club, por el que, según se dice, Tolkien sentía más bien poca simpatía. Pero también podría tratarse, precisamente, que lo sacó del significado latino de la palabra Orco, que hacía referencia, de hecho, al Inframundo, lo que tampoco deja de tener sentido. En cualquier caso, lo que está claro es que los Orcos son la raza enemiga por antonomasia, tanto en la Tierra Media como en otras novelas de autores diferentes que aparecieron más adelante.

Pero, volviendo a los seres creados por El Profesor, ¿De dónde salieron estos seres? Como he dicho antes, Tolkien nunca dijo expresamente cómo fueron creados, pero sí que al menos dejó una serie de cabos sueltos que, si bien no pueden enseñaros cómo es la cuerda, sí que nos pueden servir para hacernos una idea.

Una de las teorías más extendidas (que, de hecho, es la que se usa en las películas de Peter Jackson) dice que los Orcos fueron originalmente Elfos. Elfos capturados por Melkor cuando esta raza aun no conocía a los Valar, a los que torturó y corrompió hasta convertirlos en la raza grotesca que todos conocemos. Esto implica, curiosamente, otra de las grandes incógnitas de los Orcos: ¿Cuál era su esperanza de vida? Si eran una variación de los Elfos, es más que probable que los Orcos fueran inmortales, ya que esa era una característica racial que quedaba fuera del alcance de Melkor. Otra cosa, por supuesto, es que debido a su naturaleza agresiva (incluso, o sobre todo, entre ellos) llegaran a vivir más de 30 o 40 años.

Sin embargo, aunque el tema de la longevidad nos servirá para más adelante, hay que decir que la propia teoría de la "corrupción" es cuestionable, ya que si algo dijo Tokien al respecto, es que ningún Vala o Maia tenía el poder suficiente como para llegar a cambiar de esa forma a todo un pueblo entero. Como mucho podría influir en él, pero nunca cambiarlo, y menos hasta esos extremos. Así pues, otra teoría, no menos verosimil e igualmente válida (aunque también cuestionable), sería que Melkor pudo haber creado a los Orcos de la esencia de la tierra, al igual que hizo Aulë con los Enanos. Esta teoría sigue encajando con la de la longevidad de los Orcos, ya que la mortalidad por la edad no se conoció hasta que no aparecieron los Hombres... y eso fue muchos años después de la aparición de los Elfos y los propios Orcos. 

Cuivienen e Hildorien
La tercera hipótesis en discordia (en realidad hay más, pero estas son las que más fuerza pueden llegar a tener) es que los Orcos, en realidad, fueron creados a partir de los Hombres. Hay que tener en cuenta que, al fin y al cabo, el Silmarillion no deja de ser un compendio de historias "contadas por los Elfos", según sus propias leyendas y creencias. Ellos creen que fueron los primeros en aparecer (despertar) en Arda porque, cuando lo hicieron, no había nadie más, pero... ¿Y si resulta que, en realidad, los Hombres también estaban dormidos, pero destinados a despertar más adelante? Además, el lugar del despertar de los Elfos estaba mucho más al oeste que el de los Hombres, con lo que es fácil que ningún Elfo se encontrara con Hombres hasta que éstos no llegaron a Beleriand miles de años más tarde. Además, precisamente cuando los Hombres llegan a Beleriand y los Elfos les preguntan que de dónde vienen, éstos no saben muy bien qué responder, sólo que vienen del Este y "huyendo de la Oscuridad" con gran temor en sus ojos, según se cuenta en El Silmarillion. De ser así, si los Orcos fueron creados a partir de los Hombres, esto haría, para empezar, que no fueran inmortales, o que la esperanza de vida de los Hombres fuera menor que la que realmente les correspondía.

En cualquier caso, y como he dicho al principio, fue esta un raza que estuvo ahí también desde el principio. De hecho, fue una "feliz" coincidencia que justo en el momento en el que Morgoth atacaba Doritah y Ossiriand llegaran los Noldor desde Amán, si no la historia de la Tierra Media hubiera sido muy distinta.

Sin embargo, como raza, los Orcos siempre estuvieron terriblemente subordinados a un poder superior que los controlase y guiase. Durante toda la Primera Edad del Sol, ese poder fue el propio Morgoth. Tras la Guerra de la Ira, en la que prácticamente todos los Orcos fueron destruidos (pero no todos, obviamente, creando esto un curioso efecto de Cuello de Botella, ahora que lo pienso) y en la que Morgoth fue arrojado al Vacío, los Orcos se limitaron a esconderse principalmente en las Montañas Nubladas, y no fue hasta años más tarde, cuando Sauron tomó el relevo de su Señor, que no empezaron a reproducirse y a volver de nuevo tan agresivos como al principio (apriximadamente en el año 1000 de la Segunda Edad del Sol, momento en el que Sauron crea Mordor). También por este motivo, cuando Sauron perdió el Anillo Único pasaron otra temporada de ocultamiento, hasta que el Rey Brujo de Angmar se hizo con el poder para desviar la atanción de Sauron, que se había refugiado en Dol-Guldur en la forma de El Nigromante. Así, hasta que ya al final de la Tercera Edad del Sol, Sauron se cree con la fuerza suficiente como para atacar con éxito a los Pueblos Libres (y aun así y todo, recordemos que echa mano de alianzas con Haradrim y Orientales para reforzar su ejército).

Y ahora, para finalizar, la pregunta del millón: Y después de la Guerra del Anillo y el comienzo de la Cuarta Edad del Sol... ¿Qué? Si bien es cierto que en la propia batalla del Morannon fue destruida la mayor parte de los Orcos existentes en ese momento, y que en las semanas posteriores las escaramuzas contra grupos aislados de Orcos fueron constantes... estoy seguro que, como raza cobarde que es cuando no tienen un liderazgo claro y superior, muchos huyeron y se escondieron donde pudieron. Quizá a la espera del resurgir de otro Señor Oscuro, quién sabe...

30 de marzo de 2015

Tolkien (X): Un poco de paleogeografía (tolkeniana)

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Seguimos con nuestra ronda de publicaciones referidas a la Tierra Media, el fantástico mundo (en muchísimos aspectos) ideado por la gran mente de J. R. R. Tolkien, El Profesor. Y como el pasado 25 de marzo, Día de Lectura de Tolkien (Tolkien's Reading Day) no pude escribir nada al respecto, pues aquí está mi pequeño homenaje.

En este caso, y como digo, vamos a tocar un poco de paleogeografía dentro de la Tierra Media a lo largo de las edades de la misma. Cualquiera que se haya leído El Silmarillion (y, si no es así, para eso estamos nosotros aquí), sabrá que los sucesos ocurridos durante la Guerra del Anillo se desarrollan al final de la Tercera Edad del Sol; y que, de la Primera a la Segunda, y de esta a la Tercera, se llega a través de una serie de cataclismos globales que cambian completamente la faz de la tierra, siendo el paso de la Primera a la Segunda el más significativo de todos, al producirse la destrucción de todo Beleriand. Y es aquí donde entra en juego esa paleogeografía de la que hablo.

Comparativa entre Edades
Como os podréis imaginar, tras cada cataclismo no sólo se pierden los territorios afectados por los mismos, sino también las culturas que en ellos se establecieron y, por supuesto, sus ciudades y asentamientos. Y, en este caso, hay al menos un lugar importante (y otros de menor importancia, pero curiosos igualmente) que, a pesar de todos los cambios que ha sufrido el mundo, siguen estando presentes.

El más importante de todos ellos es, sin duda alguna, las Ered Luin, o Montañas Azules. En la Primera Edad del Sol, las Ered Luin eran una cadena montañosa que, como se puede ver en el mapa comparativo anterior, era más larga incluso que las Montañas Nubladas (donde estaba el Reino Enano de Khazad-Dûm, o Moria). En las Ered Luin se construyeron antes del comienzo de las Edades del Sol los reinos enanos de Nogrod y Belegost, ciudades en las que los enanos crearon los arsenales que, durante las Guerras de Beleriand, sirvieron para que estos pudieran resistir incluso el ataque de los dragones de fuego. De hecho, fue en Nogrod donde Telchar, uno de los herreros enanos más hábiles de la historia, forjó armas como la espada Narsil (con la que Isildur le cortó a Sauron el dedo del Anillo Único, y que después pasaría a llamarse Andúril), el cuchillo Angrist (con el que Beren arrancó un Silmaril de la corona de Morgoth) o el Yelmo de Hador, también conocido como el Yelmo del Dragón de Dor-Lomin, y que portaría Túrin Turambar en sus luchas contra los orcos.

Pero los reinos enanos no pudieron resistir fue, precisamente, el hundimiento de Beleriand bajo las aguas del Belegaer, y ambos reinos desaparecieron. En su lugar, las Ered Luin se acortaron hasta reducirse prácticamente a la mitad, viéndose separadas en norte y sur por el recién creado Golfo de Lhûn, donde se crearon los Puertos Grises (Mithlond) de mano de Círdan, y donde Gil-galad fundó el reino élfico de Lindon en la vertiente occidental de las mismas. Posteriormente, estas montañas volvieron a ser hogar de enanos, cuando Thorin Escudo de Roble llevó allí a los supervivientes de Erebor para crear una próspera colonia. Colonia de la cual era originario Gimli, por cierto.

El otro lugar es un archipiélago formado por tres islas situadas una seguida de la otra en dirección oeste, quizá no tan conocidas como las Ered Luin, pero sí igualmente interesantes por la implicación que tienen en la Historia. Las islas son:


Las tres islas
  • La isla de Tol Himling, a unas 25 millas de la costa de Forlindon (la parte norte del reino de Lindon) y que corresponde con Himring, que en la Primera Edad fue una alta meseta en la que Maedhros construyó la fortaleza que constituyó el centro de sus dominios (la Marca de Maedhros).  La isla en sí era pequeña, ya que estaba formada por los alrededores de la fortaleza.
  • La isla de Tol Fuin, aproximadamente a otras 25 millas al oeste de Himling y la mayor de las tres con diferencia. Esta isla corresponde con las partes altas de la zona en la que durante la Primera Edad se encontraba el bosque de Taur-nu-Fuin, en Dorthonion, y que conformaban los dominios de los señores Elfos Aegnor y Angrod.
  • La isla de Tol Morwen, la más pequeña y alejada de las tres, y a la vez, la que más significado tiene. Se dice que en esta isla se encuentra, precisamente, la tumba y recordatorio que los Hombres de la Primera Edad levantaron en honor de Túrin Turambar, su hermana Nienor, y su madre Morwen Eledhwen (de ahí su nombre), y que quedó sin sumergirse precisamente para que no se olvidara nunca la gesta de los Hijos de Húrin.
En este caso, no se saebe muy bien qué es lo que puede haber en esas islas, o quiénes pueden vivir en ellas, ya que como toda la acción, hasta el final de la Tercera Edad, se desarrolló en la parte continental de la Tierra Media, Tolkien no dio más información al respecto.

A partir de aquí, le corresponde a arqueólogos tolkenianos la misión de explorar esas remotas islas, en busca de unos misterios, conocimientos y pueblos que, tal vez, pudieron quedar ahí olvidados a la espera de que alguien fuera a rescatarlos.



Pd.- Si alguien se pregunta por qué el 25 de marzo es el Tolkien's Reading Day, el motivo no es otro que, en los cómputos de la Tierra Media, el 25 de marzo del 3019 de la Tercera Edad del Sol, el Anillo Único es destruído y, por lo tanto, Sauron derrotado definitivamente.

17 de noviembre de 2014

Bienvenido sea

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En esta ocasión, me alejaré un poco del tema Tolkien (aunque no mucho, ya que lo voy a usar como ilustrador de la entrada) y vamos a tocar un tema que, a todo aquel que le gusta leer, acaba sufriendo antes o después: Que hagan una versión cinematográfica de tu libro favorito. Y si bien es algo que, a priori, puede parecer positivo, no todo el mundo acepta igual de bien esas adaptaciones.

Hablando de la obra de Tolkien, debido precisamente a la inminencia del estreno de la última película ambientada en El Hobbit en particular, y en la Tierra Media en general, que veremos en mucho tiempo, uno de los comentarios más extendidos entre los fans más acérrimos de los libros es algo tal que así:

Vaya mierda lo que han hecho, han destripado el libro completamente. Para hacer esto, mejor que no hubieran hecho nada. Iré a ver la película, pero sé que no voy a salir contento...

Algo, por cierto, que se parece muchísimo a lo que ya pasó cuando, hace nueve años, estrenaron la versión cinematográfica de Orgullo y Prejuicio, protagonizada por Keira Knightley y Matthew Macfadyen. Y es que tanto en un caso como en el otro, el destrozo que se hizo a los libros fue patente y escandaloso. 

Tom Bombadil, el gran desaparecido de El Señor de los Anillos
Comprendo que una novela, a fin de cuentas, no es un guión de cine, y que para hacer una película de dicha novela, primero hay que adaptarla, "guionizarla", de alguna manera. En este aspecto, y por normal general, un guionista se las tiene que arreglar como sea para encajar todo lo narrado en dicho libro en, aproximadamente, dos horas de película. Así pues, es normal que puedan llegar a caerse escenas y/o personajes que, en el libro pueden parecer imprescindibles, pero que a la hora de la verdad, aportarían más bien poco a la acción y a la continuidad de la película (véase lo que ocurrió cuando Peter Jackson decidió dejar a Tom Bombadil fuera de la trilogía de El Señor de los Anillos, lo que también levantó no pocas ampollas en su día entre los fans). 


Pero claro, una cosa es quitar escenas o personajes, y otra muy distinta, reinventar los que ya hay, o incluso inventarse otros nuevos, que esto fue lo que ocurrió precisamente con Orgullo y Prejuicio, por un lado, y con El Hobbit y el personaje de Tauriel, por el otro. En el primer caso, la versión de 2005 (versión, que no adaptación) del libro de Jane Austen, es un completo desastre. Tanto si se lee el libro, como si se ve la adaptación de 1995, se puede ver que la familia Bennet es una familia acomodada de clase alta de la zona rural inglesa. Tienen unas tierras en propiedad, y tienen una casa que ya querrían para ellos muchos de los que viven hoy en día. No demasiado grande ni espectacular, pero sí bastante decente y correcta. Y, como no puede ser de otra manera, guardan escrupulosamente los modales y las costumbres británicas. Todo lo contrario que en la versión de 2005, donde lo menos que se ve es a una Elizabeth Bennet paseando felizmente entre los cerdos de la cocina de su casa, lugar donde come toda la familia rodeados de suciedad por todas partes. Y aun así y todo, no deja de sorprenderme cada vez que leo o escucho lo mucho que a la gente le gusta dicha película, y que si descubrieron a Jane Austen, fue precisamente gracias a ella. Y es en este punto, precisamente, en el que me gustaría incidir.

Orgullo y Prejuicio 2005
Muchas veces, los fans nos hacemos "propietarios" de la obra de nuestro autor favorito. En cierto modo, es más que normal, son muchas horas leyendo esas líneas, esas escenas, e imaginándolas en nuestras mentes. Y ver hasta qué punto puede llegar a cambiarlas el director de turno, puede llegar a ser hasta ofensivo y sacrílego, dependiendo de la persona. Como cuando Howard Carter entró en la tumba de Tutankamón. Sin embargo, esta posesión nos impide ver lo positivo de estas conversiones. Porque sí, considero que hasta las adaptaciones más aberrantes tienen su parte positiva, que en este caso, es el "efecto llamada" a nuevos fans.

Porque así es. ¿Quién nos dice que a esa persona que ha visto una película, que a nosotros nos parece atroz, no le pica la curiosidad y se lee el libro del que procede? ¿Y si resulta que, tras leerse el libro, se da cuenta de que el libro le gusta mucho más que la película y empieza a buscar más material de ese autor? Para mí, y como digo en el título de la entrada... bienvenido sería toda aquella persona que se uniera a una afición tan maravillosa como la lectura, aunque sea pagando un peaje tan caro.

5 de noviembre de 2014

Tolkien (VII): El final de una Edad

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Recuerdo cuando, tras ver el final de El Retorno del Rey hace ya once años, cómo se quedó en mi interior un poso agridulce. Había visto algo que, junto con sus otras dos hermanas, había cambiado en cierto modo el mundo del cine, del mismo modo que hiciera Tolkien hacía ya 50 años con la literatura universal gracias a la edición impresa de El Señor de los Anillos. Y digo agridulce porque, precisamente, era consciente de la magnitud de la trilogía realizada por Peter Jackson y había quedado conforme y satisfecho. Esa era la parte dulce, porque la parte agria era saber que algo así no se habría de volver a repetir. Sí, existía El Hobbit, claro, pero tal y como yo lo conocía, no daba para volver a hacer algo del tamaño de El Señor de los Anillos, por lo que, a nivel personal, daba por finiquitado el asunto cinematográfico de la obra de El Profesor.

Hasta que al cabo de una década (día arriba, día abajo), empezaron a surgir nuevos rumores de que "una sombra se movía en el Este". Guillermo del Toro primero, y Peter Jackson después, estaban planeando una película de El Hobbit... que con el tiempo resultó que no era una, ¡sino dos! Y aun es más: acabó siendo una trilogía, por imposible que pareciera, similar a la primera. Y todo ello gracias a un exhaustivo estudio de la obra de Tolkien y de todo el trasfondo que, en realidad, tiene El Hobbit. Y en esas nos encontramos ahora, a falta de poco más de mes y medio para el estreno de La Batalla de los Cinco Ejércitos, que dará carpetazo a esta segunda trilogía... y, por lo que parece, también, y de manera definitiva, a las adaptaciones de otros libros de Tolkien.  Es verdad, sigue quedando El Silmarillion, y visto lo visto, podría decirse que bastaría con esperar otros diez años para que Peter Jackson, una vez más, vuelva a sorprendernos con más elfos, hombres y orcos. Pero me temo que esta vez el asunto es mucho más complicado, y es lo que voy a comentar a continuación.

Hay muchos factores que, al menos a corto y medio plazo, hacen imposible, desgraciadamente, cualquier adaptación cinematográfica de un libro de las características de El Silmarillion. La primera de todas ellas, como no puede ser de otra forma, se debe al apartado técnico. A pesar del reto que supuso rodar El Señor de los Anillos (aun no sé cómo hizo Peter Jackson para convencer a productores y distribuidores para que le dejaran filmar una trilogía de esas características), y de que para El Hobbit ya tenía la mitad del trabajo hecho, El Silmarillion es harina de otro costal. La principal diferencia es que tanto El Señor de los Anillos como El Hobbit son historias con un hilo conductor propio, cosa de la que carece por completo El Silmarillion, que es más bien un conjunto de historias que narran una historia más grande en sí misma. Esto nos lleva directa e inevitablemente a la duración. Que El Señor de los Anillos fuera una trilogía estaba cantado. Tres libros, tres películas, es matemática pura. La verdadera sorpresa llegó al anunciar que El Hobbit también iba a ser una trilogía a pesar de que la historia se cuenta en un solo libro. Así pues, si de un libro relativamente pequeño hemos sacado una trilogía... ¿Qué no podemos llegar a sacar de un libro que condensa toda la historia de Arda desde sus orígenes hasta la creación de los Anillos de Poder

En este aspecto, hay muchos fans que ya han contestado. Una serie de televisión. Ese sería el formato perfecto para abarcar todo lo referente a El Silmarillion y a todas sus historias. Temporadas y temporadas llenas de Noldor, de batallas, de dragones, de balrogs, de amores imposibles... pero, también en este caso, y como diría Don Quijote, "con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho", porque entonces habría que encontrar una cadena que estuviera dispuesta a soltar toda la pasta necesaria para semejante proyecto. Como ejemplo, baste decir que una serie como Juego de Tronos (la comparación es inevitable) tiene un coste medio por capítulo de 4.5 millones de dólares, teniendo en cuenta que cuando hay capítulos especiales en los que hay más trabajo, como batallas o similares, el coste aumenta hasta los 6 millones. Entonces, y teniendo en cuenta que El Hobbit ya ronda los 750 millones de dólares (estimados, porque podrían ser más) de presupuesto... ¿Cuánto dinero no costaría producir una serie de semejante calibre? Y como he dicho antes, ¿quién estaría dispuesto a arriesgar tantísimo dinero para una serie de televisión? Además, ¿Durante cuántas temporadas, exactamente? ¿Y si resulta que, a medio camino, la cosa flojea y ese canal de televisión decide que ya no le sale rentable y que la corta?

Y por último, y no menos importante, ni mucho menos, es el tema de los derechos audiovisuales. Actualmente, dichos derechos de El Silmarillion están en posesión de Tolkien Estate, la empresa encargada de controlar todo el material que creó Tolkien en su día y dirigida principalmente por su hijo, Christopher Tolkien. Y aquí es donde nos encontramos con el verdadero problema. J. R. R. Tolkien vendió en su día los derechos tanto de El Hobbit como de El Señor de los Anillos para adquirir liquidez, sabiendo como sabía que, en aquellos años (1960), sus libros eran completamente imposibles de llevar a la gran pantalla (aunque se llevara un susto con Kubrick y The Beattles). Pero en el caso de El Silmarillion, no fue él quien lo publicó, sino su hijo Christopher a título póstumo, y después de un arduo trabajo de recopilación también por su parte de la obra de su padre, por lo que le tiene un cariño especial más allá del mero valor comercial que pueda tener. Y es que además, ya de por sí y por ese motivo, Christopher nunca ha estado dispuesto a vender los derechos de El Silmarillion... pero es que encima, en una de las pocas entrevistas que ha llegado a conceder, declaró que no le gustaba en absoluto nada de lo que Peter Jackson había hecho con las dos historias más emblemáticas de su padre. En este caso, cabe suponer, efectivamente, que si ya de por sí no se sentía muy inclinado a vender derecho alguno, ahora tiene muchísimas menos ganas. La única esperanza que se puede llegar a albergar en este aspecto, por muy feo y frío que suene (que suena), sería esperar a que Christopher, que Dios guarde durante muchos años más, falleciera (tiene ya 89 años) y ver entonces cómo se desarrollaban los acontecimientos dentro de la Tolkien Estate. Y aun así, no me sorprendería que nos encontráramos con alguna cláusula en su testamento diciendo algo como "prohibido vender los derechos de El Silmarillion a toda costa".

En fin, que como ya expreso en el propio título de la entrada, mucho me temo que el próximo 17 de diciembre asistiremos no sólo al estreno de una película, sino también al final de una Edad, "tolkenianamente" hablando. El final de un gran ciclo comenzado hace 13 años con La Comunidad del Anillo, y que finalizará por todo lo alto con La Batalla de los Cinco Ejércitos. Al menos, ya puede acabar por todo lo alto una película que, ya han adelantado, tendrá una batalla de 45 minutos de duración...

2 de septiembre de 2014

Tolkien (VI): John Ronald Reuel Tolkien

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En esta ocasión, la entrada de este blog dedicada al mundo de Tolkien va dedicada... a él mismo. Y es que hoy es el 41º aniversario de su muerte, el 2 de septiembre de 1973, y me gustaría dedicar esta entrada, precisamente, a uno de los autores que cambiaron el panorama de la literatura universal para siempre. Y nunca mejor dicho, porque desde que se editaran sus libros, la percepción sobre según qué seres mitológicos cambió para siempre. Por ejemplo, antes de El Señor de los Anillos, y según la cultura popular, los elfos eran seres diminutos, poco menos que duendes pequeños, traviesos y juguetones... mientras que ahora, en cualquier libro en el que aparezca un elfo, será descrito como un ser alto, esbelto y notablemente sabio. O, al menos, más sabio que un humano.

Pero, ¿Quién fue Tolkien? ¿Cómo pudo crear todo un mundo y llenarlo de seres completamente increíbles que trascendieron a su propia obra, con sus propias culturas y, más importante aun, sus propias lenguas? Empecemos desde el principio.

Ronald en 1916
John Ronald Reuel Tolkien nació en Bloemfontein, en el Estado Libre de Orange, hoy Sudáfrica, el 3 de enero de 1892, y a pesar de sus tres nombres, sus padres, su familia, e incluso su esposa Edith siempre lo llamaron simplemente Ronald. Cuando aun era un niño de tan sólo tres años, los Tolkien decidieron volver a Inglaterra, de donde provenían sus respectivas familias, debido a que el clima de la región no era bueno para pequeño Tolkien. Como su padre no quería irse de África debido a los negocios de extracción de diamantes y otras joyas que ahí tenía, quedaron en que, en principio, su madre se iría con él y con su hermano pequeño, Hilary, y al año siguiente su padre se uniría a ellos. Sin embargo, una fiebre reumática acabó repentinamente con su vida, dejándolos viuda y huérfanos respectivamente, amén de sin ingresos.

Así pues, la madre de Tolkien decidió irse a vivir con su familia a una aldea en las cercanías de Birmingham, donde Ronald comenzaría a explorar los bosques y las granjas de la región, que más adelante le inspirarían para crear Bolsón Cerrado. Fue esto, junto con la educación recibida por parte de su madre, lo que despertaría en el chico un gran interés por la botánica. Pero además de las plantas, pronto descubrieron que a Ronald también se le daban muy bien los idiomas. De hecho, con aproximadamente cuatro años ya sabía leer y escribir en latín perfectamente.

Otro de los acontecimientos que marcaría la vida de Ronald fue su bautismo en 1900, ya que, en contra de los deseos y de la presión de su familia materna, él, su madre y su hermano pequeño se bautizaron en la Iglesia Católica, lo que le supuso a su madre la retirada de toda la ayuda económica que su familia le prestaba desde que enviudó. Posiblemente por este motivo, también su madre moriría cuatro años más tarde debido a unas complicaciones con su diabetes, lo que, en opinión del joven Ronald, era un martirio en toda regla. Literalmente, ya que consideraba a su madre una mártir por haberse mantenido fiel a su Fe a pesar de todos los problemas que ésto le había causado. Así pues, tenemos a un joven Ronald con 12 años huérfano de padre y madre, y con un hermano de 10 años.

Sin embargo, dicho "martirio" no fue en vano. El padre Francis Xavier Morgan (andaluz de padre galés), un sacerdote de Birmingham que había apoyado a su madre, se ocupó a su vez de los dos chicos, aunque siguieran viviendo en el orfanato. El padre Francis, de hecho, fue quien enseñó español a Ronald, lo que le sirvió más adelante para inventarse su propio idioma: El Naffarin. Además, con 16 años, conoció en el orfanato, y se enamoró de ella, a la que más tarde sería su mujer: Edith Mary Bratt. Lo curioso del caso es que, como ella era tres años mayor que él, el padre Francis le prohibió tener cualquier tipo de relación con ella hasta que no cumpliera los 21 años. Ni encuentros, ni cartas, ni nada de nada, cosa que el joven Ronald respetó a rajatabla. Tan a rajatabla, que la misma tarde de su vigésimo primer cumpleaños le escribió una carta a Edith declarándole su amor y pidiéndole que se casara con él. Y aunque en un primer instante ella le confesó que pensaba que se había olvidado de ella y que ya estaba prometida a otro hombre, ella devolvió el anillo y se comprometió con Ronald, casándose finalmente en 1916.

Durante todo este tiempo, Ronald demostró ser un alumno y un viajero más que notable. Sus notas tanto en el instituto como en la universidad fueron excelentes, destacando en la carrera de Lingüistica la asignatura Lingüistica y Literatura Inglesa hasta Chaucer, donde sacó matrícula de honor. Y aun es más, si tenemos en cuenta que una de sus asignaturas optativas fue, ni más ni menos, noruego antiguo, podemos hacernos una idea de hasta qué punto le gustaban a Ronald las lenguas, y si eran antiguas, más todavía.

Pero tras acabar la carrera, y con la Primera Guerra Mundial en su apogeo, fue alistado en el ejército y enviado a Francia, donde sirvió como Oficial de Comunicaciones en la Batalla del Somme, donde fue herido. Debido a sus heridas, se le llevó de vuelta a Inglaterra, donde empezaría a gestar lo que, posteriormente, se convertiría en la Tierra Media, ya que durante su convalecencia comenzó a escribir La Caída de Gondolin. Afortunadamente, sus heridas no le permitieron volver al frente, aunque siguió en servicio mientras duró la guerra. Lo más destacable, sobre todo, de su convalecencia es que, mientras daba un paseo con su mujer, ésta se puso a bailar en medio de un bosque, lo que le inspiró para crear también La Balada de Beren y Luthien.

Tras la Guerra, Ronald comenzó a trabajar en la creación del Oxford English Dictionary, así como a impartir clases en la Universidad de Leeds y, más tarde, en la de Oxford, momento en el que escribió tanto El Hobbit como los dos primeros volúmenes de El Señor de los Anillos. En principio, como había escrito el primero para sus hijos, no tenía intención alguna de publicarlo, pero C. S. Lewis, que para entonces ya era gran amigo suyo, le convenció de lo contrario... afortunadamente. Además, durante estos años, Ronald retomó los relatos que había ido escribiendo en su afán de que Inglaterra tuviera una mitología "a la altura de la griega", que más adelante verían la luz en El Silmarillion de la mano de su hijo Christopher.

Tumba de J. R. R. y Edith Tolkien en Bournemouth
Finalmente, Tolkien comienza a publicar sus libros. Tras El Hobbit, que ya había publicado en 1937, publicó la que sería su continuación, El Señor de los Anillos, entre 1954 y 1955. Incluso su colega C. S. Lewis le propuso para el Nobel de Literatura, aunque el jurado desestimó su candidatura, según ellos, por su "pobre prosa". Sin embargo, eso no impidió que se le nombrara Doctor Honoris Causa en varias universidades del mundo, vicepresidente de la Philological Society y miembro de la Royal Society of Literature, así como el nombramiento de Comendador de la Orden del Imperio Británico de mano de la reina Isabel II.

Pero el Destino de los Hombres, como el lo describió en sus escritos, acabó por alcanzarle también a él. En 1971 moría Edith Tolkien, la mujer que lo había acompañado toda su vida, muriendo él tan solo 21 meses después, tal día como hoy, 2 de septiembre, de 1973. Fueron enterrados en la misma tumba y, como muestra del amor que se profesaban, bajo sus nombres aparecen, respectivamente, Beren y Luthien, los protagonistas de una de las historias de amor más grandes reflejada en sus narraciones.

Espero que esta humilde entrada os haya servido para, al menos en parte, conocer al genio creador de toda la Tierra Media. Un hombre, por suerte o por desgracia, irrepetible.



Pd.- Como nota anecdótica y curiosa, comentar que, al igual que los reyes númenóreanos que aparecen en El Silmarillion, Ronald también eligió el momento de su muerte. ¿Que por qué lo digo? Fijáos: Murió en 1973, ¿Verdad? Muy bien, pues ahora recordemos su poema más famoso, el Poema del Anillo:

3 anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo
7 para los Señores Enanos en palacios de piedra
9 para los Hombres Mortales condenados a morir 
[...]
1 Anillo para gobernarlos a todos[...]

 Ahora fijáos en los números de los anillos de abajo a arriba y comparadlos con los del año de su muerte... Vale, sí, es una casualidad como un templo, pero... Impresiona, ¿Verdad?

15 de junio de 2014

Tolkien (III): La longevidad en la Tierra Media

9 comentarios
Llevaba ya mucho tiempo sin postear nada (practicamente medio año), principalmente por problemas de tiempo (el verdadero Enemigo), hasta que una página que sigo en Facebook ha hecho que me vuelva a picar el gusanillo. En este grupo, en varias de sus entradas hablaban, precisamente, de la longevidad de los distintos pueblos de la Tierra Media. Cuánto viven, bajo qué circunstancias lo hacen y, sobre todo, cómo y por qué mueren. Así pues, y como es esto lo que de momento me ha vuelto a despertar el interés, comencemos.

ELDAR:
O, como se los conoce más comunmente, los elfos en general. Esta es la raza inmortal por excelencia. Aunque esa inmortalidad hay que explicarla. Un elfo, en condiciones normales, no se ve afectado ni por la edad ni por las enfermedades. Los elfos cumplen años y años y lo único que les pasa es que se van volviendo más "sabios y hermosos", tal como los describió Tolkien. Como he dicho, esto en condiciones normales, ya que, por un lado, se les puede matar como a todo hijo de vecino; y por otro lado, y esto es muy importante, pueden morir porque se cansen de vivir. Porque hayan vivido tantos sucesos traumáticos que, simplemente, no deseen seguir viviendo. En este caso, deciden dejar de vivir. Se acuestan a dormir y, simplemente, dejan que su espíritu se vaya. De esto se derivan dos cosas: por un lado, que la esperanza de vida de un elfo pueden ser miles de años (Galadriel, sin ir más lejos, en la época de la Guerra del Anillo tiene más de 6.000 años... y subiendo), y no es hasta más o menos los 100 cuando a un elfo se le empieza a considerar "mayor de edad".

DUNEDAIN:
Aquí voy a hacer dos distinciones, ya que no es lo mismo un dunedain (un "hombre de Occidente") que un humano "normal". Los humanos normales, pues eso. Muertes violentas, las enfermedades se ceban tranquilamente con ellos, y viven unos 70-80 años, siendo la mayoría de edad alrededor de los 20 años. Por otro lado, los dunedain son una raza de hombres superiores. Esto es debido, para empezar, a que tienen sangre élfica corriendo por sus venas, amén de que los Valar aumentaron su esperanza de vida en recompensa a la lealtad mostrada y los sacrificios realizados durante la Primera Edad del Sol. Así pues, se sabe que Elros Tar-Minyatur, gemelo de Elrond y al que se puede considerar como el primero de los dunedain, vivió 500 años. El resto de los dunedain, sin ser inmunes a la enfermedad, sí que eran más resistentes que un humano normal, pudiendo estar su esperanza de vida en torno a los 200-300 años. En este caso, la mayoría de edad solía retrasarse unos años, casi hasta los 30.

KHAZAD:
O como se llaman a sí mismos los Enanos. Curiosamente, esta es una de las razas más enigmáticas de las creadas por Tolkien, que no dio muchos detalles al respecto aduciendo "hermetismo de raza" para dotarles de un rasgo característico y general. No se sabe con seguridad cuánto puede vivir un enano, ya no sólo porque Tolkien no lo dijera, sino porque, según sus explicaciones, no fueron creados directamente por Iluvatar (el verdadero Ser Supremo de los mundos de Tolkien), como sí lo fueron los Elfos o los humanos, sino por Aüle, la personificación (por decirlo de algún modo) de una parte de su conciencia. Resistentes de cuerpo y mente, y duros de matar, sí se sabe que, al menos culturalmente, los enanos no llegaban a la mayoría de edad hasta no cumplir los 60 años. Esta fue la causa principal por la que a Gimli, que en los sucesos narrados en El Hobbit tenía justamente esa edad, no se le permitió participar en la expedición de Thorin y compañía para recuperar Erebor, a pesar de que a Fili y a Kili (con 82 y 77 años respectivamente) sí se les permitió participar. Afortunadamente para él, sí pudo acudir al Concilio de Elrond, ya que en ese momento ya tenía 121 años y ya era todo un hombre. Bueno, todo un Enano. Independientemente de todo lo anterior, sí se sabe que la raza de los enanos es increíblemente longeva y resistente.

HOBBITS:
Los hobbits son una de las razas más curiosas de toda la Tierra Media, y la mayor creación de Tolkien en este aspecto. Con una esperanza de vida similar a la de un humano normal, su mayoría de edad no se concedía hasta los 33 años, momento en el cual "los muchachos hobbits comenzaban a ser sensatos". Aunque similar a la humana, como he comentado antes, su esperanza de vida era ligeramente superior. Un hobbit que llegara a los 90-100 años era algo más o menos normal. Sí era inusual, sin embargo, pasar ese humbral, y de ahí la fiesta que organizó Bilbo Bolsón para celebrar su 111 cumpleaños. Y como longevidad realmente excepcional, la del conocido como Viejo Tuk, que llegó a vivir 130 años y ha sido, con mucho, el hobbit más longevo de la historia de La Comarca… hasta que su nieto Bilbo le ganó por un año, ya que Bilbo vivió hasta los 131 antes de partir a las Tierras Imperecederas.

ORCOS y URUKS:
En el caso de los orcos, el tema de la longevidad es más que curioso. En teoría (insisto, en teoría) al derivar estos de una deformación mágica de elfos capturados por Morgoth, deberían ser tan inmortales como aquellos, con sus mismas resistencias a las enfermedades y demás. El problema, claro está, viene cuando eres de una raza tan caótica y destructora que lo eres hasta con los de tu propia especie. Los
orcos (y, por extensión, los uruk-hai), sin un mando supremo y unificado que los mantenga a raya, son tan destructivos que en seguida se vuelven contra sí mismos… precisamente, para ver quién va a ser el jefe. Así pues, y a pesar de esa "teórica" inmortalidad, si un orco pasa de los 40 años se le consideraba todo un héroe y un prodigio. La mayoría de edad se da en el mismo instante en que un orco es capaz de blandir una espada. Así de simple.

OTROS SERES:
A parte de todos los mencionados anteriormente, hay otros seres más "espirituales" en la Tierra Media, como pueden ser los Magos… o los Balrogs, por ejemplo. En ambos casos, no hay longevidad que valga, ya que en origen todos eran Maiar (una especie de "dioses menores", para que nos entendamos). Esto hace que, aunque puedan encarnarse en seres físicos, dicha apariencia, dicho "cascarón" no va a cambiar nunca independientemente de lo que dure su estancia en la Tierra Media. Obviamente, también pueden morir (recordemos que Gandalf "mata" a un balrog y que "muere" en el intento), en cuyo caso, sus espíritus vuelven inmediatamente a las Estancias de Mandos, como ocurre con todo ser que habite en Arda. Sin embargo, en su caso podría decirse que no se trata de una muerte "real", ya que al contrario de lo que pasa con los espíritus "normales", los Maiar mantienen intacta la conciencia de lo que han sido mientras estaban "vivos". Es por eso que, cuando Gandalf regresó tras derrotar al balrog, podía recordar qué era lo que había hecho anteriormente (aunque al principio le costó un poco, eso sí).

Y esto es todo de momento. En otro momento, seguiré con más temas.

1 de diciembre de 2013

Tolkien (II): De Alatar y Pallando

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Vuelvo a escribir una entrada después de un tiempo sin escribir. No por falta de ganas o ideas, sino por falta de tiempo, materia prima más que esencial para realizar este tipo de actividades. Y vuelvo, precisamente, para escribir más acerca de la Historia de la Tierra Media, ese mundo fantástico creado por el genial, siempre lo diré, John Roland Reuel Tolkien para ambientar las historias que más fama y prestigio le reportaron. Debe ser que barrunto el inminente estreno la segunda parte de El Hobbit, pero la cosa es que últimamente no para de pasar por mi cabeza miles y miles de historias ocurridas en la Tierra Media... y teorías acerca de lo que el profesor no llegó a escribir, o sólo mencionó muy someramente.

Y, en este caso, se trata de la historia de Alatar y Pallando. Así a bote pronto y en frío, lo primero que os puede venir a la mente es "Y estos dos, ¿Quién porras son?". Y es normal, ya que apenas se sabe nada de ellos. Gandalf hace referencia a ellos, aunque no llega a normbrarlos (por motivos de copyright), en la primera película de El Hobbit, cuando Bilbo le pregunta si hay más cómo él. No tengo ahora mismo la película a mano y hablo de memoria, pero el recuento que hace Gandalf es algo parecido a esto:

-Por supuesto que hay más, mi querido amigo... además de mi mismo, está Saruman, el Blanco. Es el mago más grande que existe. Luego está Radagast, el Pardo, que se ocupa sobre todo de las criaturas de los bosques... y luego hay otros dos magos más, que no recuerdo cómo se llaman... hace mucho que nos separamos y no sé qué ha sido de ellos.

Pues bien, estos dos magos más de los que Gandalf no recuerda sus nombres, son precisamente Alatar y Pallando, también conocidos como Los Magos Azules. Y para saber quiénes eran, vamos a remontarnos un poco en el tiempo.

Tanto, como hasta el año 1000 de la Tercera Edad del Sol (recordad que los acontecimientos que se describen en El Señor de los Anillos trascurren entre los años 3018 y 3019 de dicha Edad), momento en el que llegan a los Puertos Grises desde Valinor los cinco Istari, o los Magos, como se les conocía comunmente. Estos cinco magos fueron enviados por los Valar con una única misión: Ayudar a los Pueblos Libres (Hombres, Elfos, Enanos, Hobbits y cualquier otro ser que no fuera intrínsecamente malvado) en su lucha contra Sauron. Cada cual era libre de escoger la forma y manera de ayudar a todos esos seres, y se dispersaron a todo lo largo y ancho de la Tierra Media para llevar a cabo esa misión. Y mientras que Gandalf, Radagast y Saruman se quedaron en la parte occidental, Alatar y Pallando se dirigieron hacia el Este, más allá del Mar de Rhûn. Es a partir de este momento cuando se pierde todo contacto con ellos.

Y es, precisamente a partir de este momento, cuando empiezan las especulaciones. Está más que demostrado y comprobado que el único de los Istari que llevó a cabo su misión con éxito fue Gandalf, ya que los demás fracasaron de distintas maneras en la realización de dicha misión: Saruman se corrompió y Radagast se desentendió por completo de los Pueblos Libres para centrarse únicamente en la fauna de la Tierra Media. Obviamente, Alatar y Pallando no fueron una excepción en este aspecto, ellos también fracasaron, o de lo contrario se habría sabido algo más de ellos. En este punto, hay muchas teorías. Personalmente, la que más me cuadra es la siguiente:

Por aquel entonces, el Este de la Tierra Media, también conocido como Rhûn era una de las partes más recónditas del mundo. La otra era Harad, y por su lejanía de los principales reinos de Hombres y Elfos, ambas zonas estaban bajo el influjo directo de Mordor. Pues bien, como digo, ambos magos se dirigieron hacia el Este, más allá del Mar de Rhûn, una vasta región en la que para sus habitantes la deidad suprema e incontestable era Sauron. No es muy dificil imaginar la reacción de dichos habitantes (los Orientales, tal y como se les menciona en El Señor de los Anillos) al ver aparecer a dos seres que empiezan a predicar todo lo contrario: Que Sauron es el mal y que los verdaderos dioses están más allá de un mar que, ya de por sí, está increíblemente lejos de dicha zona. Obviamente, la llegada de ambos magos, al adentrarse en una ragión dominada por Sauron, no pasó desapercibida para éste. Y al igual que hizo con Saruman, se propuso corromperlos y hacer que sirvieran a su causa... hasta que lo consiguió. ¿Quiénes mejor, precisamente, que dos enviados por los dioses, para terminar de convencer a Orientales de que, precisamente, Sauron es el Único y Verdadero, y que deben hacer todo cuanto él ordene? ¿Qué mejor forma, precisamente, de hacerles marchar a la guerra desde sus hogares hasta esos remotos reinos del Oeste de los que apenas saben nada, que convencidos por unos seres quasi-divinos que creen y defienden radicalmente la causa de Sauron porque han sabido ver "Su Verdad"? 

En definitiva, creo que ambos magos también fueron corrompidos por Sauron, como lo sería Saruman más adelante, sirviendo a modo de "virreyes" en las lejanas tierras de Rhûn. Ellos fueron, o serían, quienes comandaron y espolearon a las ingentes tropas de Orientales que acudieron a Mordor para lugar contra Gondor durante la Guerra del Anillo. ¿Su destino tras la destrucción del Anillo Único? Es muy posible que, tras el cataclismo que siguió a dicho suceso, se libraran de la nefasta influencia de Sauron, pero al haber cometido actos malvados e impropios de su clase, se supieran indignos de volver a Valinor, tal y como hizo Gandalf (nótese que Radagast tampoco regresa), y permanecieran en la Tierra Media hasta que sus cuerpos mortales acabaran muriendo, quedando sus espíritus atados allí para siempre hasta el Fin de los Días.

18 de junio de 2013

La solera de los libros

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Y es que es verdad. Los libros y su lectura son uno de los mayores placeres de todos los tiempos. Pero lo más gratificante, en mi humilde opinión, es coger un libro de la estantería, uno que llevabas mucho tiempo sin leer, que ya lo hubieras leído en su tiempo, y volver a leerlo. Y descubrir que, no solo te gusta tanto como el día que lo abriste por primera vez, sino que te gusta aún más. Es decir, que ese libro, para ti, ha adquirido solera. Como los vinos.

Esto es exactamente lo que me está pasando a mí ahora mismo, ya que hará cosa de dos meses que empecé a leer de nuevo El Señor de los Anillos y El Hobbit, quince años después de habérmelos leído por primera vez. Quince años, debo decir, que no han pasado en balde, ya que la cantidad de experiencias e historias acumuladas desde entonces en mi "macuto" no es para nada desdeñable. Y todas ellas me han servido para apreciar aun más si cabe la obra de J. R. R. Tolkien, sus matices y sus detelles. Y, sobre todo, para comprobar que lo mío con el autor británico y su libro más emblemático no era un simple "amor de juventud". Porque vale, en su día, a mis impresionables e inexpertos 16 años, podría haberme parecido que aquello era el no va más de la literatura universal, precisamente por eso mismo, porque era el primer libro "en serio" que cogía y empezaba a leer. Pero ha resultado que no, que he podido comprobar, como digo, que me gusta incluso más que el primer día.

Y esto es así, en parte, gracias a las películas que dirigió Peter Jackson en su día. Porque la otra parte, la experiencia, también ha ayudado muchísimo, pero gracias a dichas películas he podido poner en relieve lo visto con lo leído, y el resultado ha sido, cuanto menos, curioso. Por ejemplo, que mientras que en las películas, sobre todo a partir de Las Dos Torres, las partes en las que aparecen Aragorn, Legolas y Gimli son las más intensas y entretenidas, y que las partes de Frodo y Sam, por contra, son las más sosas y pesadas, en los libros ocurre todo lo contrario. Estás deseando que el pesado de Aragorn se calle de una vez para que deje paso a las venturas y desventuras de los dos hobbits. Incluso la batalla del Abismo de Helm, que en la película es intensa y trepidante, en el libro, aunque también es emotiva, notas que le falta un puntito de intensidad. Pero bueno, imagino que, al fin y al cabo, algo así es normal e inevitable. No es lo mismo contar cómo alguien le da un puñetazo a otra persona, que ver con tus propios ojos cómo lo hace, por poner un ejemplo.

Por otro lado, y a falta de ver las dos películas que aun están por estrenar, con El Hobbit opino que la película es perfectamente compatible con el libro. Reconozco que puse el grito en el cielo cuando, en un primer momento, me enteré de que iban a hacer dos películas de un libro ya de por sí corto, ya que, por mucho que usaran los Apéndices, como en efecto se ha hecho, no podía ni tan siquiera imaginarme de dónde iban a sacar material suficiente como para rodar la película en dos partes, ya no digamos en tres, como se ha acabado haciendo. Y, sin embargo, la película, al menos la primera parte, ha servido para explicar, o al menos introducir, muchos aspectos que en el libro sólo se mencionaban muy por encima, o que directamente sólo aparecían en los mencionados Apéndices, como puede ser la historia de Thorin, desde que todo su clan fuera expulsado de Erebor por Smaug, pasando por el desastroso intento de reconquista de Moria por parte de los enanos (tan triste como memorable, desde mi punto de vista y mi simpatía por la raza de los enanos), la aparición de Azog y la reunión de El Concilio Blanco. Y, por lo que he podido ver en el trailer de la segunda parte de la trilogía (La Desolación de Smaug), también podrá verse la intervención del Concilio respecto a Dol Guldur, algo que en el libro ni se mencionaba. Simplemente, se decía que Gandalf desaparecía unos días, pero en absoluto decía por qué lo hacía.

En todo esto, en mi opinión, también está presente el genio creativo del autor de los libros, "El Profesor", como se lo llamaba en vida, ya que gracias a todos sus apuntes, a las referencias que introdujo a lo largo de la historia, a los Apéndices y a todas las explicaciones que dio en vida acerca de su obra, ha hecho posible que, a la vuelta de todos estos años, se hayan podido volver a narrar sus historias de una forma más que magnífica. En fin, lo dicho, desde mi punto de vista, la Historia de la Tierra Media sería un vino de una excelente añada que ha ganado categoría con el paso de los años. Como las botellas que Bilbo tenía guardadas en su despensa.

31 de julio de 2012

¡3x1!

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¡Que estamos que lo tiramos! Esto es lo que ha debido pensar Peter Jackson cuando decidió que El Hobbit sería una trilogía.

Yo ya llevaba un tiempo con la mosca de los rumores detrás de la oreja. Que si ahora son tres; que si ahora no, que son dos, pero con material para versiones extendidas; ahora otra vez que sí; ahora otra vez que no, que se trata de una noticia malinterpretada... Y ahora nos viene, de nuevo en teoría, el padre de la criatura para decirnos que, efectivamente, van a ser tres partes.

Y ahora es cuando yo me quedo cortado por la mitad. Porque, por un lado, mi vena de tolkiendili enfermizo se regodea ante la noticia de tres nuevas películas del universo creado por El Profesor, al igual que pasó cuando me enteré que, después de largos años, habrían de rodar El Señor de los Anillos (ESDLA, para abreviar); pero, por el otro lado, está mi vena de tolkiendili purista y escéptico, y es esta la que me hace formularme la pregunta más evidente:

¿Cómo diantres se han planteado una trilogía de un libro de 360 páginas?

Porque vale, con ESDLA tenía toda su lógica: tres libros, tres películas. Matemáticas puras y duras. Y si encima, cada uno de los volúmenes de dicha trilogía, por separado, son más gordos (en páginas) que El Hobbit, pues blanco y en botella. Pero es que, además, se da la curiosa circunstancia que en ESDLA tuvieron que tragarse escenas enteras de los libros (los más puristas nunca perdonarán a Jackson que no incluyera a Tom Bomadil dentro de la trilogía) en pro de la continuidad del relato... y de las horas de proyección. Y yo fui el primero que dijo que estaba totalmente justificado, que si se incluía a Tom, teníamos una Comunidad del Anillo de 5 horas tirando cortos. Y lo mismo hubiera pasado con Las Dos Torres y con El Retorno del Rey. Hasta aquí, todo perfecto. Sobre todo, porque eran todos los que estaban, y estaban todos los que eran (bueno, casi todos).

Pero ahora nos encontramos con un caso totalmente inverso. Ya de momento, se han sacado a un personaje de la manga (la famosa Tauriel, que no aparece por ningún lado en ninguna parte), y han cogido a otros que, si bien existen dentro de la Tierra Media en la época en la que se desarrolla la acción, no aparecen para nada en las aventuras de Bilbo (como Galadriel, por ejemplo). Y que, por mucho que digan que han cogido material de los Apéndices de El Señor de los Anillos (donde se explican muchas cosas relacionadas con la historia del Anillo, desde mucho antes de que Bilbo lo encontrara hasta que Frodo lo destruye, que no se explican en ninguno de los dos libros), sigo sin saber de dónde van a sacar tantísimo material como para hacer tres películas.

A no ser que hagan tres películas de hora y media y se queden tan panchos...

Y porque, además, y poniéndonos ya estrictamente técnicos, si la primera parte, que se llama Un Viaje Inesperado, termina donde termina (no propagaré el spoiler con patas que me comí hace dos semanas), y la siguiente Una Ida y una Vuelta (There and Back Again), dando a entender que, efectivamente, ahí acaba la cosa... ¿Qué nombre le van a poner a la tercera? ¿O la pondrán en medio?

En fin, lo peor de todo esto es que, hasta que no se estrene, como mínimo, la primera parte (14 de diciembre del presente año, aquí en España), no se sabrá todavía nada por cierto.

Y lo peor es que, para entonces, el IVA ya habrá subido y nos encontraremos las entradas simples a 10€... yuhu.



Pd.- Dicho lo cual, y con lo celoso que es Christopher Tolkien de la obra de su padre... ¿Cómo ha consentido esto? ¿Cuántos ceros tenía ese cheque?