1 de diciembre de 2013

Tolkien (II): De Alatar y Pallando

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Vuelvo a escribir una entrada después de un tiempo sin escribir. No por falta de ganas o ideas, sino por falta de tiempo, materia prima más que esencial para realizar este tipo de actividades. Y vuelvo, precisamente, para escribir más acerca de la Historia de la Tierra Media, ese mundo fantástico creado por el genial, siempre lo diré, John Roland Reuel Tolkien para ambientar las historias que más fama y prestigio le reportaron. Debe ser que barrunto el inminente estreno la segunda parte de El Hobbit, pero la cosa es que últimamente no para de pasar por mi cabeza miles y miles de historias ocurridas en la Tierra Media... y teorías acerca de lo que el profesor no llegó a escribir, o sólo mencionó muy someramente.

Y, en este caso, se trata de la historia de Alatar y Pallando. Así a bote pronto y en frío, lo primero que os puede venir a la mente es "Y estos dos, ¿Quién porras son?". Y es normal, ya que apenas se sabe nada de ellos. Gandalf hace referencia a ellos, aunque no llega a normbrarlos (por motivos de copyright), en la primera película de El Hobbit, cuando Bilbo le pregunta si hay más cómo él. No tengo ahora mismo la película a mano y hablo de memoria, pero el recuento que hace Gandalf es algo parecido a esto:

-Por supuesto que hay más, mi querido amigo... además de mi mismo, está Saruman, el Blanco. Es el mago más grande que existe. Luego está Radagast, el Pardo, que se ocupa sobre todo de las criaturas de los bosques... y luego hay otros dos magos más, que no recuerdo cómo se llaman... hace mucho que nos separamos y no sé qué ha sido de ellos.

Pues bien, estos dos magos más de los que Gandalf no recuerda sus nombres, son precisamente Alatar y Pallando, también conocidos como Los Magos Azules. Y para saber quiénes eran, vamos a remontarnos un poco en el tiempo.

Tanto, como hasta el año 1000 de la Tercera Edad del Sol (recordad que los acontecimientos que se describen en El Señor de los Anillos trascurren entre los años 3018 y 3019 de dicha Edad), momento en el que llegan a los Puertos Grises desde Valinor los cinco Istari, o los Magos, como se les conocía comunmente. Estos cinco magos fueron enviados por los Valar con una única misión: Ayudar a los Pueblos Libres (Hombres, Elfos, Enanos, Hobbits y cualquier otro ser que no fuera intrínsecamente malvado) en su lucha contra Sauron. Cada cual era libre de escoger la forma y manera de ayudar a todos esos seres, y se dispersaron a todo lo largo y ancho de la Tierra Media para llevar a cabo esa misión. Y mientras que Gandalf, Radagast y Saruman se quedaron en la parte occidental, Alatar y Pallando se dirigieron hacia el Este, más allá del Mar de Rhûn. Es a partir de este momento cuando se pierde todo contacto con ellos.

Y es, precisamente a partir de este momento, cuando empiezan las especulaciones. Está más que demostrado y comprobado que el único de los Istari que llevó a cabo su misión con éxito fue Gandalf, ya que los demás fracasaron de distintas maneras en la realización de dicha misión: Saruman se corrompió y Radagast se desentendió por completo de los Pueblos Libres para centrarse únicamente en la fauna de la Tierra Media. Obviamente, Alatar y Pallando no fueron una excepción en este aspecto, ellos también fracasaron, o de lo contrario se habría sabido algo más de ellos. En este punto, hay muchas teorías. Personalmente, la que más me cuadra es la siguiente:

Por aquel entonces, el Este de la Tierra Media, también conocido como Rhûn era una de las partes más recónditas del mundo. La otra era Harad, y por su lejanía de los principales reinos de Hombres y Elfos, ambas zonas estaban bajo el influjo directo de Mordor. Pues bien, como digo, ambos magos se dirigieron hacia el Este, más allá del Mar de Rhûn, una vasta región en la que para sus habitantes la deidad suprema e incontestable era Sauron. No es muy dificil imaginar la reacción de dichos habitantes (los Orientales, tal y como se les menciona en El Señor de los Anillos) al ver aparecer a dos seres que empiezan a predicar todo lo contrario: Que Sauron es el mal y que los verdaderos dioses están más allá de un mar que, ya de por sí, está increíblemente lejos de dicha zona. Obviamente, la llegada de ambos magos, al adentrarse en una ragión dominada por Sauron, no pasó desapercibida para éste. Y al igual que hizo con Saruman, se propuso corromperlos y hacer que sirvieran a su causa... hasta que lo consiguió. ¿Quiénes mejor, precisamente, que dos enviados por los dioses, para terminar de convencer a Orientales de que, precisamente, Sauron es el Único y Verdadero, y que deben hacer todo cuanto él ordene? ¿Qué mejor forma, precisamente, de hacerles marchar a la guerra desde sus hogares hasta esos remotos reinos del Oeste de los que apenas saben nada, que convencidos por unos seres quasi-divinos que creen y defienden radicalmente la causa de Sauron porque han sabido ver "Su Verdad"? 

En definitiva, creo que ambos magos también fueron corrompidos por Sauron, como lo sería Saruman más adelante, sirviendo a modo de "virreyes" en las lejanas tierras de Rhûn. Ellos fueron, o serían, quienes comandaron y espolearon a las ingentes tropas de Orientales que acudieron a Mordor para lugar contra Gondor durante la Guerra del Anillo. ¿Su destino tras la destrucción del Anillo Único? Es muy posible que, tras el cataclismo que siguió a dicho suceso, se libraran de la nefasta influencia de Sauron, pero al haber cometido actos malvados e impropios de su clase, se supieran indignos de volver a Valinor, tal y como hizo Gandalf (nótese que Radagast tampoco regresa), y permanecieran en la Tierra Media hasta que sus cuerpos mortales acabaran muriendo, quedando sus espíritus atados allí para siempre hasta el Fin de los Días.

28 de septiembre de 2013

Tolkien (I): Glorfindel, el gran olvidado

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Llevaba ya mucho tiempo queriendo escribir algo, lo que fuera, sobre la obra de J. R. R. Tolkien, pero precisamente por ser tan rica y extensa, nunca he sabido sobre qué escribir exactamente. Hasta que el otro día, saltando de página web en página web, me reencontré con uno de los héroes más grandes de la Tierra Media, y también uno de los más olvidados, sobre todo en las adaptaciones cinematográficas que se han hecho posteriormente de la obra de "El Profesor". Todo el mundo conoce (más o menos) a Aragorn, a Gandalf, a Legolas y Gimli, a Frodo... pero estoy seguro que casi nadie conoce a Glorfindel, uno de los héroes elfos más grandes de la historia de la Tierra Media. Para que os pongáis un poco en antecedentes, decíos que la primera vez que aparece Glorfindel en la historia de la Tierra Media es en El Silmarillion, en el año 473 de la Primera Edad del Sol. Para que os posicionéis un poco, la acción de El Señor de los Anillos se sitúa aproximadamente en el 3.020 de la Tercera Edad del Sol, es decir, casi 6.500 años antes de esos acontecimientos.

Glorfindel era originario de la ciudad elfa de Gondolin, y era de linaje noble. De hecho, era el señor de una de las Siete Casas que componían la nobleza gondolindrim, aparte de la familia real. Su primera aparición fue, precisamente, en una de las múltiples batallas que se llevaron a cabo en la Primera Edad. En dicha batalla (la Batalla de las Lágrimas Innumerables), él era el capitán general del ejército de la ciudad. En esta batalla, las fuerzas combinadas de elfos y hombres fueron brutalmente derrotadas, y fue gracias a él (con ayuda de los hermanos humanos Húrin y Huor, eso sí) que el ejército de Gondolin pudo retirarse de vuelta a la ciudad con relativa facilidad y seguridad. Todo esto implica, por supuesto, que Glorfindel es más anciano (si es que la palabra "anciano" se puede aplicar a un elfo de naturaleza inmortal) de lo que pueda parecer, ya que nadie se hace capitán general de los ejércitos de una ciudad de la noche a la mañana, por muy noble que se sea, y menos si es por merecimiento personal.

Glorfindel luchando contra un balrog
Pero Glorfindel no tuvo que esperar demasiado para entrar en acción nuevamente. Apenas 40 años más tarde (¿Qué son 40 años para un elfo? ¿40 horas para un humano? ¿40 minutos, quizá?), Morgoth encontró finalmente la localización secreta de Gondolin, enviando a todas sus huestes de orcos, balrogs y dragones con el único fin de destruirla. Y la destruyó. Pero los elfos vendieron cara su piel, entre los que se incluyó el propio Glorfindel, que cayó defendiendo a los exiliados que huían de la ciudad peleando contra un balrog. Y matándolo, por supuesto. ¿Os acordáis de la pelea entre Gandalf y el balrog de Moria? Pues bien, decir que, mientras que Gandalf era un dios menor (pero un dios, al fin y al cabo) enviado a la Tierra Media en ayuda de los Pueblos Libres; y que el balrog llevaba pocos años despierto y aun no había recuperado todo su poder, Glorfindel era un "simple" elfo y se enfrentó a un balrog en la plenitud de sus poderes. Y aun así, logró acabar con el terrible demonio de fuego.

Fue tal su hazaña y su sacrificio, y tan noble el propósito de los mismos, que su alma fue transportada a las Estancias de Mandos (una especie de "purgatorio" de la Tierra Media), pero no para pagar por sus pecados... sino para ser reencarnado más adelante, algo que a muy pocos en todas las Edades de la Tierra Media se les había concedido antes.

Y aunque no pudo reencarnarse hasta la llegada de la Tercera Edad del Sol, no dejó de prestar auxilio a los reinos humanos que ya por aquel entonces se extendían por la Tierra Media. De hecho, en el 1974 de dicha edad, el Rey Brujo de Angmar, el jefe de los Nazgûl, atacó y tomó Fornost, la capital del reino principal de los reinos humanos del Norte (el reino era Arthedain; los otros dos, Rhudaur y Cardolan) y fue gracias a la intervención de los ejércitos de Gondor y de los Elfos liderados por Glorfindel que se pudo expulsar al más poderoso de los Nazgûl de la ciudad y exterminar a todos sus ejércitos. Incluso estuvieron a punto de acabar con el propio Rey Brujo, pero Glorfindel predijo que no sería un hombre quien lo mataría... y así sucedió unos 2000 después, cuando Merry y Eowyn acabaron con él en la Batalla de los Campos del Pelennor, durante la Guerra del Anillo (lo que se ve en la película, precisamente).

Y así pasó el tiempo. Se forjaron los Anillos de Poder; Sauron forjó el Único; se libró la Batalla de la Última Alianza, en la que se le cercenó el dedo a Sauron, perdiendo el Anillo, en la que, por supuesto, Glorfindel también participó; el Anillo Único se perdió al no haberlo destruído Isildur; Smeagol lo encontró, en el Anduin, escondiéndolo durante 500 años; Bilbo Bolsón lo volvió a encontrar y este, 60 años después, se lo entregó a su sobrino Frodo, quien emprendió el viaje a Rivendel para ver qué se hacía con él. Y fue precisamente Glorfindel quien encontró a los hobbits y a Aragorn tras el ataque en la Cima de los Vientos, y quien se lo llevó herido de gravedad a Rivendel, enfrentándose y repeliendo a los nueve Nazgûl juntos en el vado del Bruinen, sin contar que ya se había enfrentado a tres de ellos unos días antes. Cuando Frodo se recuperó de sus heridas y se convocó el Concilio de Elrond, Glorfindel también estuvo presente en las decisiones que se tomaron respecto al futuro del Anillo, siendo otro que, junto con Gandalf, propuso que el único camino posible era el de destruir el Anillo arrojándolo a la lava del Orodruin, donde Sauron lo había forjado. Y ya para finalizar, estuvo presente, tras la Guerra del Anillo, en la coronación en Minas Tirith de Aragorn como rey de los reinos de Gondor y Arnor.

Glorfindel, en el valle de Tumladen
Pues bien, a pesar de todo esto, Glorfindel no aparece en ninguna de las dos adaptaciones cinematográficas de El Señor de los Anillos que se han realizado hasta la fecha. De hecho, en la primera adaptación (en 1978, dirigida por Ralph Bakshi) es Legolas quien ocupa su lugar encontrando a Frodo y llevándolo a Rivendel; y en la segunda, la de 2001 y dirigida por Peter Jackson, es Arwen la encargada de enfrentarse a los Nazgûl. Peter Jackson argumentó que no valía la pena crear otro personaje nuevo para la película, ya que sólo aparecería unos 15 minutos (y, de paso, daba más protagonismo a Liv Tyler, ya que a Arwen, precisamente, apenas se la menciona en toda la trilogía), pero Ralph Bakshi ni siquiera dio alguna explicación.

En fin, una lástima que un personaje con el potencial de Glorfindel no haya aparecido por ninguna parte en ninguna de las adaptaciones de El Señor de los Anillos que se han hecho. Sólo espero que, si algún día a algún descerebrado le da por hacer una serie de El Silmarillion (porque hay que estar un poco loco para meterse en semejante berenjenal, aunque si se han metido con algo de la magnitud de Juego de Tronos, yo ya me espero cualquier cosa) no se olvide de incluir a este elfo noldor en el reparto de dicha serie.

Madrid Makes Sense... Spain Doesn't

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Mucho se ha dicho, y mucho se ha escrito, desde que este pasado fin de semana el COI desestimara la candidatura de Madrid 2020 en la primera vuelta de la gala en la que se decidía la sede de ese año sobre las razones que llevaron al organismo a rechazar la candidatura madrileña (que no española, cuidado).

Y no es que Madrid tuviera una mala candidatura, ni mucho menos. Su punto fuerte, que siempre ha sido algo que ha dado miedo a todo organizador que se precie, era que contaba con aproximadamente el 80% de las infraestructuras necesarias para un evento de tales magnitudes ya construidas, por lo que de aquí a seis años, iba a estar todo más que listo y preparado. De esto se derivaba otra de las grandes bazas que esgrimía Madrid. Vale, estamos en un país en plena crisis económica (amén de muchas otras), pero como ya tenemos construido casi todo lo necesario debido a las anteriores candidaturas fallidas, no vamos a necesitar una gran inversión de capital para realizar unos juegos olímpicos como dios manda. Vamos a hacer unos juegos a lo grande y, encima, baratos. Y como bien rezaba el lema, Madrid tenía sentido en este aspecto. Mucho.

Sin embargo, esta candidatura también tenía muchas flaquezas que ni el COE ni el Ayuntamiento de Madrid han sabido, no ya tapar, sino directamente, ni tan siquiera disimular. Como por ejemplo, el asunto más espinoso al que se enfrentó la candidatura: El dopaje y su control en España. Con el asunto de la Operación Puerto todavía sin una resolución final, y, en mi opinión, con el (mal llamado) doctor Eufemiano Fuentes, que sigue ejerciendo como tal a pesar de todas las pruebas que se han encontrado en su contra, se le hace un flaco favor a todos los intentos por parte de la administración central de frenar esta lacra del deporte y, en consecuencia, restó muchísima credibilidad a las débiles argumentaciones que ofreció la candidatura madrileña al respecto.

Aunque lo peor, desde mi punto de vista, fue esa especie de "ultimátum" encubierto que lanzó el COE para defender la candidatura Madrid 2020. Dicho ultimátum venía a decir que los Juegos Olímpicos eran el único camino posible para promocionar en este país los deportes menos conocidos y, por ende, menos practicados, pero igualmente válidos. Era este un argumento de doble filo, ya que si bien por una parte podía llegar a mover las conciencias de los jueces del COI, y hacer que con dicha candidatura, esos deportes minoritarios se dieran a conocer, lo que ocurrió fue todo lo contrario: Se demostró el poco interés que los sucesivos gobiernos españoles han tenido, y siguen teniendo, por cualquier otro deporte que no sea el fútbol o, a lo sumo, el baloncesto. Si tú no muestras interés por el deporte en tu propio país, ¿Cómo esperas que te tengan en cuenta a la hora de organizar un evento de estas características?

Todo esto, poco a poco, le fue quitando la venda de los ojos a los jueces del COI. En seguida se dieron cuenta que la representación española estaba intentando dárselas con queso, como llevan haciendo bastante tiempo ya con los propios españoles. Y teniendo en cuenta la fama que tiene ahora mismo la política española, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, los jueces ya estaban más que prevenidos al respecto. A partir de aquí, todo fue cuesta abajo, y así se reflejó en la decisión final del jurado. Si tú país está en crisis, lo último que necesitas es, precisamente, organizar un evento de tal magnitud como unos Juegos Olímpicos. Porque vale que ya habrá mucho trabajo adelantado, pero si hay una cosa que le guste al COI, son las inversiones millonarias y los proyectos faraónicos para organizar unos Juegos por todo lo alto, cosa que España, sumida en plena crisis económica, no podía realizar. Porque, precisamente, aquí es donde entra el Spain doesn't make sense. El COI, entre líneas, vino a decir que todo ese dinero que pensaban invertir en los Juegos, lo invirtieran en evitar los recortes que la crisis está produciendo. Y se preguntaban qué intenciones tendrían para que, con la que está cayéndonos, quisieran meterse en semejante fregado. Que sí, que vale, que unos Juegos Olímpicos traerán muchos ingresos, pero en estos casos, nunca deja de estar muy claro qué tipo de ingresos traerán ni, tampoco, a quién se lo traerán. Y esto los señores del COI también lo vieron venir. Lo último que quiere el COI es, precisamente, que cualquier cosa que pueda asociarse a ellos se vea salpicada por la más mínima pizca de corrupción. O, al menos, que vuelva a aparecer la sombra de la corrupción después del escándalo desatado con la adjudicación de los JJ.OO. de Invierno de Salt Lake City, y en el que rodaron cabezas olímpicas bastante altas. Y con la que está cayendo ahora mismo en España, como para arriesgarse siquiera. Y con una clase política, además, completamente alienada de su población, que se aferra a sus poltronas con más manos que un pulpo. Me gustaría recordar en este punto el caso de un político alemán que dimitió de todos sus cargos porque se descubrió que había copiado parte de su tesis doctoral... aquí, el político de turno habría quitado hierro al asunto diciendo que fueron unas meras "coincidencias", o incluso "un guiño" al autor original... eso, si es que dicho político hubiese llegado a escribir siquiera una tesis doctoral.

Y ya por último, y como ya he comentado al principio, en España se ha dicho de todo al respecto. Todo, eso sí, desde nuestro propio folklore de "la culpa no es nuestra, es del otro". Empezando por la "casualidad" de que se perdiera la señal del satélite justo cuando Madrid presentaba su candidatura, hecho que muchos vieron como todo un atentado a los intereses patrios y una vuelta al contubernio judeomasónico que quería evitar a toda costa unos juegos made in Spain. Y cómo olvidarnos, ¡Por Dios! de tomarnos un relaxig cup of café con leche in Plaza Mayor... Esto, si bien fue la puntilla de la candidatura, al menos desde mi punto de vista, no dejaba de ser la punta del iceberg. Lo gordo, lo principal, estaba muy por debajo. Y aun así los señores jueces del COI lo supieron ver. Porque nosotros podremos ser más o menos tontos, o nos dejaremos engañar más o menos, pero está claro que más allá de los Pirineos están hechos de otra pasta y no ríen las gracias como las reímos nosotros.

Por suerte, la confesión de Ana Botella de que ni tan siquiera tenían el dinero que habían dicho que utilizarían para realizar los juegos nos ha hecho perder tantísima credibilidad que podemos ahorrarnos las candidaturas de aquí a 40 años por lo menos. Luego dicen que si la "Marca España" la estropeamos los españoles con huelgas inncesarias... Ya.


PD.- Mención especial al pobre enviado especial de La Sexta Noticias, que se adelantó a todo el mundo diciendo que Tokyo había sido eliminada en primera ronda y que pasaban a la final Madrid y Estambul, cuando en realidad lo que ocurría era que estas dos ciudades estaban empatadas a puntos y no se sabía cuál de las dos caería primero... hasta que se deshizo el empate y se descubrió el pastel. Memorable la cara de circunstancias del reportero al tener que rectificar de su error.

1 de agosto de 2013

¿Infraestructuras? Sí, gracias

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Desde que hace unos años, un diputado del Partido Popular criticara al, por entonces, presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodriguez Ibarra (PSOE), por exigir que el AVE llegara hasta esa Comunidad Autónoma aduciendo problemas de rentabilidad económica, ha llovido mucho. Tanto como para que ahora sea el propio PP extremeño el que se felicite y congratule de la llegada del AVE a dicha región de España. Aunque sea con la boca pequeña porque, a pesar de todo, tienen que reconocer que dicho proyecto va a tardar un poco más de la cuenta en realizarse. Imagino que, en parte, será debido precisamente a esos palos que no paraban de meter entre los radios de su propia bicicleta.

Sin embargo, yo siempre he pensado que una obra de esta magnitud y, por extensión, cualquier otra obra de cierta envergadura que implique la creación, modificación o eliminación de infraestructuras a nivel nacional no puede basarse en una mera cuestión de si tal o cual obra va a ser rentable, o no. O al menos, no puede ser ni el único baremo, ni el principal, aunque sí sea útil tenerlo muy a la vista.

Podré parecer catastrofista, pero la historia siempre ha cambiado mucho, y nunca necesariamente para bien, las situaciones políticas y sociales de cualquier país del mundo. Así, por ejemplo, me gustaría recordar el atraso económico que se dio en España en la primera mitad del Siglo XX, entre otros factores, por una cuestión tan básica como tener un ancho de vía distinto al del resto de Europa. Y ese es un problema que hemos venido arrastrando, prácticamente, hasta hace cosa de dos días. Porque si no, ¿Cómo es posible que a fecha de hoy, la conexión directa por Alta Velocidad entre Barcelona y París sea todavía un proyecto a medio arrancar? A lo que también se le suma el hecho que, desde que en 1992 se inaugurara la primera línea de AVE Madrid - Sevilla con motivo de la Expo'92, no se terminara otro tramo de vía útil (Madrid - Lérida) hasta el año 2003. Y teniendo en cuenta, como he dicho al principio del párrafo, lo mucho que cambia el mundo y las situaciones políticas, corremos el riesgo de quedarnos otra vez mirando con cara de bobos al resto del mundo porque no hemos sabido reaccionar a tiempo.

En el caso ferroviario, por ejemplo, también entraría el apartado "eliminación" que he comentado al principio. Porque si estamos hablando de rentabilidad, lo que no se puede hacer es eliminar por completo cualquier otro tipo de tren que no sea un AVE con tal de amortizar dicha línea, y encima, que tanto las nuevas líneas como las que quedan, encarecerlas considerablemente. Y es que en los últimos tiempos, he podido comprobar (y sufrir) cómo la ampliación de la red de trenes de alta velocidad implicaba la eliminación de otras líneas más lentas... pero también con billetes más económicos que los que ofrece (impone, en este caso) las líneas del AVE. Imagino que las cabezas pensantes que idearon todo esto lo hicieron pensando que, si quitaban lineas "menores", la gente cogería el AVE con los ojos cerrados, con la misma asiduidad con la que cogían antes esos trenes más lentos, y al final lo que ha resultado es que el uso del tren como sistema de transporte, misteriosamente, ha caído entre la población española. Y me apuesto lo que sea a que esas mismas cabezas pensantes siguen preguntándose por qué pasa eso.

Por supuesto, y aunque piense que las infraestructuras son buenas per se debido a su valor estratégico, y que no debe primar el aspecto de la rentabilidad económica sobre dicho valor estratégico, también pienso que, como con todo, hay que tener dos dedos de frente a la hora de realizar según qué obras. Porque es posible que un aeropuerto internacional de dimensiones gargantuescas con capacidad para el aterrizaje y despegue de las aeronaves más grandes de la historia sea estratégicamente positivo, pero si luego no va a haber ninguna aeronave, ni de las grandes ni de ningún otro tipo, dicho aeropuerto se convierte en todo un error de proporciones descomunales. Máxime, si dicha obra se ha ejecutado sin supervisión alguna y con la idea principal de dar el gran pelotazo e hincharse los bolsillos a golpe de comisión por parte de las constructoras que van a levantar dicho aeropuerto, lo cual lo convierte, directamente, no ya en un error estratégico, sino en un robo a mano armada a los fondos públicos del Estado.

Otro ejemplo de error estratégico garrafal es el de asunto de las compañías eléctricas y petroleras españolas. Desde que Felipe González empezara con las privatizaciones de las mismas al final de su mandato (en aquella época también estábamos en crisis y había que conseguir liquidez inmediata como fuera), los precios tanto de los carburantes como de la electricidad han ido subiendo de manera vertiginosa, al contrario de lo que se prometió que pasaría cuando dichas compañías pasaron a manos privadas. Que si la competencia, que si las compañías bajarían los precios para atraer a los clientes, etc. Y al final, lo que ha pasado es que todo ese dinero que antes recibía el Estado a través de las facturas de la luz y del llenado de los depósitos de los coches, han pasado a manos privadas que, en la mayoría de los casos, ni siquiera son españoles. No pretendo ser más patriota que nadie con esto, pero también hay que pensar una cosa: ¿Qué pasará el día de mañana si la luz que alimenta nuestras bombillas depende de un país con el que no tenemos buenas relaciones? Porque, ahora mismo, por ejemplo, Endesa depende la eléctrica ENEL, de origen italiano. En este aspecto, me gustaría recordar el conflicto energético en que se vieron envueltos Rusia y Ucrania debido al uso y al coste de los gasoductos, y que afectó al suministro de gas a distintos países de la Unión Europea. 

Y todo esto, sin contar con que todo ese dinero que se embolsaba el estado, se podía reinvertir en cosas tan aparentemente triviales hoy en día como son la Sanidad, la Educación o en más infraestructuras de calidad y a un precio razonable. Precisamente porque nuestro consumo repercutía en las arcas del estado, y no en la cuenta suiza de algún multimillonario ajeno a cualquier otro problema que no sea qué coche de lujo comprarse este mes, o de cuánta eslora comprarse su próximo yate.

Lo ideal, y me gustaría recalcar esa palabra, sería que el Estado nacionalizara de nuevo según qué compañías, como las eléctricas, precisamente para que, aunque los precios se mantuvieran, o que siguieran subiendo, los importes de las facturas que pagamos todos los españoles redundara en nuestro propio beneficio y no en el de terceros sin cara ni nombre. Pero claro, como todo lo que no sea nacionalizar bancos en bancarrota suena tan comunista y, por ende, es tan malo y negativo, seguiremos preguntándonos cómo es posible que España esté cada día más arruinada y más endeudada.

31 de julio de 2013

Análisis: Call of Duty: World at War (PC)

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Ya sé que el juego del que voy a hablar no es precisamente una novedad ni el último grito, pero es lo que tengo, que voy jugando a según qué juegos según me va viniendo la inspiración divina. Y las ganas, sobre todo las ganas.

Y en este caso, el "afortunado" ha sido el juego de 2008 Call of Duty: World at War, la quinta entrega de la serie de juegos de disparos en primera persona comercializada y distribuida por la compañía Activision, después del arrollador éxito para dicha empresa que supuso en el año 2007 el juego Call of Duty 4: Modern Warfare, con el que consiguió un buen número de premios (y de dinero, dicho sea de paso).

En este caso, el juego retoma el tema original de la saga, la Segunda Guerra Mundial, pero abiertamente orientado a dar por finiquitada esa época, y pasar, como se vería después con las demás entregas que han salido hasta la fecha, con posibles (y probables) conflictos modernos y con la Guerra Fría. De hecho, a la versión para PlayStation 2 se la llamó Final Fronts, en abierta alusión a que con ese juego se terminaban los juegos ambientados en el mayor conflicto de la historia de la Humanidad.

Yo empecé a jugar al World at War (a partir de aquí, COD5) cuando salió para PlayStarion 2, y la verdad es que dicha versión no me gustó en absoluto. Es más, me desilusionó tremendamente. También debo decir que para entonces, yo ya estaba acostumbrado a jugar a los distintos CoD en el ordenador, con teclado y ratón, aunque eso sólo fue la gotita que colmó el vaso de la decepción. Así que el juego se quedó ahí, aparcado, hasta que recientemente me dio por probarlo en PC.

Y la verdad es que, a pesar de todo, me ha vuelto a defraudar. No tanto como el de PS2, eso sí, pero me ha defraudado un poco.

Para empezar, porque como ya se comentó largamente y en numerosas ocasiones en su día, el juego se me ha hecho corto. Muy corto. Porque en los cuatro juegos anteriores te presentaban tres tipos de campañas, divididas en los diferentes países que participaban en los conflictos, a saber: Norteamericanos, británicos y soviéticos. Sí es verdad que en el COD4 sólo manejabas británicos y norteamericanos, pero se le podía perdonar porque, al fin y al cabo, ambos ejércitos acababan confluyendo en la trama central de la historia del juego, lo que hacía que no fuera tan necesaria una campaña rusa, amén de tener, como he dicho, un hilo argumental del que carecían los demás CoD. Pero en el COD5, que vuelve a retomar la forma de juego de las tres primeras entregas, que no haya una campaña británica se nota y mucho. Porque, por ejemplo, si en la campaña soviética de este juego vemos cómo el Ejército Rojo avanza hacia Berlín y lo toma; al americano pasando de isla japonesa a isla japonesa ganando posiciones... ¿Por qué no pusieron, por ejemplo, al ejército Aliado avanzando hacia París, o hacia Berlín desde el oeste? Le habría dado más duración al juego y no se habría quedado la gente con esa sensación de que le faltaba algo importante. Además, incluso la campaña americana se queda muy coja, ya que termina con el asalto a un castillo perdido en mitad de la nada y punto pelota. Un discursito de Einshenhower después de explotar las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y todos para casa, muchachos, que ya se ha acabado la fiesta.

Tampoco me ha gustado mucho el aspecto gráfico que, sin ser para nada malo, me ha recordado demasiado al COD3. Tal vez ahí se haya notado la mano de la desarrolladora Treyarch, responsable de ambos juegos, ya que comparado con el COD4, el COD5 es demasiado... caricaturesco. No parece que estés viendo una película, como ocurría en el 4, sino más bien una serie de dibujos animados, y eso le ha quitado bastante de la espectacularidad que alcanzó el 4.

Pero por otro lado, sí que hubo un par de cosas que me gustaron bastante. Como por ejemplo, y con el permiso del omnipresente lanzallamas, me gustó mucho, por un lado, que volvieran a incluir una misión en la que debes manejar un tanque, y encima, que el tanque a manejar en esta ocasión sea un T-34 soviético (en las otras entregas siempre había sido un Sherman británico-americano); y por otro lado, para mi sorpresa y satisfacción, que volvieran a poner una misión aérea, que no se veía desde el COD original, y que en esta ocasión se trata de servir como artillero en un avión anfibio americano de rescate y reconocimiento. Y es que además, desde mi punto de vista, ambas misiones son las más trepidantes de todo el juego, en especial la del avión anfibio.

Sin embargo, y por mucho que me gustaran esas dos misiones, sigo diciendo que no compensan las demás faltas del juego. Sí que es entretenido, y que para echar un rato (nunca mejor dicho, que me lo pasé en dos días y medio sin darle caña en absoluto) sí que sirve, pero... por lo demás, se queda muy corto. Una lástima que cerraran esta parte de la historia moderna de esta forma.

14 de julio de 2013

Reseña - Llamadme Cabrón: Historia de un pirata

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Hace poco terminé de leerme Llamadme Cabrón: Historia de un pirata, y al igual que me pasó con 1212 - Las Navas, el libro me ha dejado un gusto un poco agridulce. Digamos que ambos padecen del mismo mal, y es que son tan "académicos" que apenas se salen de lo que es el personaje o hecho histórico en sí mismo.

En este caso, el autor (el historiador Javier Fornell Fernández) nos presenta la historia de Pedro Hernández Cabrón, pirata gaditano de finales del siglo XV que, como reza en la sinopsis, "llevó el terror a las costas del reino de Aragón, a las de Berbería, y participó en la conquista de las Islas Canarias", y que debido a su temperamento y crueldad, acabó por dar origen al insulto que conocemos hoy en día.

El problema es que el autor apenas hace hincapié en esas hazañas a las que se hacen mención, y se ciñe en exceso a los hechos históricos que protagonizó el pirata. Por supuesto, si quieres hacer una historia novelada de un personaje histórico, hay cosas que no te puedes inventar para no darle una relevancia histórica que dicho no personaje no tuvo, pero sí que se pueden inventar una serie de acontecimientos que adornen la historia e ilustren en profundidad la personalidad del personaje sin que por ello se le concedan más honores de los que llegó a alcanzar, y eso es algo que apenas se toca en el libro

Por ejemplo, se dice que Pedro Cabrón fue regidor de la ciudad de Cádiz y eso es algo que en el libro ni tan siquiera se menciona, a pesar de ser un hecho de gran relevancia para el personaje. Otra "omisión", por ejemplo, es que se dice continuamente de él que es un gran pirata, y que era muy despiadado, pero esa faceta, la de su crueldad, sólo se muestra cuando actúa como soldado a las órdenes de los Reyes Católicos contra los moros. Apenas sí aparecen los famosos actos de piratería que se mencionan en la contraportada, y cuando se dan, el autor pasa muy de puntillas sobre ellos, ya que de hecho sólo se menciona uno y, cuando ocurre, es en el narrador, su amigo, en quien recae la acción y el que nos habla de lo que supuso dicho ataque, pero lo que supuso para sí mismo, no para el propio Cabrón, ni cómo actuó el personaje en dicho ataque. Esto también hace, por ejemplo, que a lo largo de la historia el narrador nos vaya diciendo que Cabrón se va a haciendo rico y poderoso, pero como también menciona que el hermano de Cabrón lleva una casa de comercio en nombre de los dos, al final uno ya no sabe si el personaje es rico por ser un pirata despiadado, tal y como nos lo pintan al principio, o simplemente por los negocios del hermano, a pesar de que dicho personaje es ficticio. Todo esto lo que hace es que el libro sea relativamente corto (254 páginas), ya que por mucho que se investigue sobre un personaje del siglo XV, las limitaciones que presenta la documentación de un personaje de esa época es más que evidente.

Por lo demás, el libro se deja leer. No deja de ser entretenido, ya que yo siempre tuve esa sensación de querer leer más. El libro está muy bien escrito y se nota la pasión que el autor, a quien pude conocer en persona y me firmó mi ejemplar, ha puesto en él, y siempre te concede la oportunidad de aprender un poco más de nuestra historia, sobre todo cuando es una historia muy poco conocida como la del pirata Cabrón.

18 de junio de 2013

La solera de los libros

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Y es que es verdad. Los libros y su lectura son uno de los mayores placeres de todos los tiempos. Pero lo más gratificante, en mi humilde opinión, es coger un libro de la estantería, uno que llevabas mucho tiempo sin leer, que ya lo hubieras leído en su tiempo, y volver a leerlo. Y descubrir que, no solo te gusta tanto como el día que lo abriste por primera vez, sino que te gusta aún más. Es decir, que ese libro, para ti, ha adquirido solera. Como los vinos.

Esto es exactamente lo que me está pasando a mí ahora mismo, ya que hará cosa de dos meses que empecé a leer de nuevo El Señor de los Anillos y El Hobbit, quince años después de habérmelos leído por primera vez. Quince años, debo decir, que no han pasado en balde, ya que la cantidad de experiencias e historias acumuladas desde entonces en mi "macuto" no es para nada desdeñable. Y todas ellas me han servido para apreciar aun más si cabe la obra de J. R. R. Tolkien, sus matices y sus detelles. Y, sobre todo, para comprobar que lo mío con el autor británico y su libro más emblemático no era un simple "amor de juventud". Porque vale, en su día, a mis impresionables e inexpertos 16 años, podría haberme parecido que aquello era el no va más de la literatura universal, precisamente por eso mismo, porque era el primer libro "en serio" que cogía y empezaba a leer. Pero ha resultado que no, que he podido comprobar, como digo, que me gusta incluso más que el primer día.

Y esto es así, en parte, gracias a las películas que dirigió Peter Jackson en su día. Porque la otra parte, la experiencia, también ha ayudado muchísimo, pero gracias a dichas películas he podido poner en relieve lo visto con lo leído, y el resultado ha sido, cuanto menos, curioso. Por ejemplo, que mientras que en las películas, sobre todo a partir de Las Dos Torres, las partes en las que aparecen Aragorn, Legolas y Gimli son las más intensas y entretenidas, y que las partes de Frodo y Sam, por contra, son las más sosas y pesadas, en los libros ocurre todo lo contrario. Estás deseando que el pesado de Aragorn se calle de una vez para que deje paso a las venturas y desventuras de los dos hobbits. Incluso la batalla del Abismo de Helm, que en la película es intensa y trepidante, en el libro, aunque también es emotiva, notas que le falta un puntito de intensidad. Pero bueno, imagino que, al fin y al cabo, algo así es normal e inevitable. No es lo mismo contar cómo alguien le da un puñetazo a otra persona, que ver con tus propios ojos cómo lo hace, por poner un ejemplo.

Por otro lado, y a falta de ver las dos películas que aun están por estrenar, con El Hobbit opino que la película es perfectamente compatible con el libro. Reconozco que puse el grito en el cielo cuando, en un primer momento, me enteré de que iban a hacer dos películas de un libro ya de por sí corto, ya que, por mucho que usaran los Apéndices, como en efecto se ha hecho, no podía ni tan siquiera imaginarme de dónde iban a sacar material suficiente como para rodar la película en dos partes, ya no digamos en tres, como se ha acabado haciendo. Y, sin embargo, la película, al menos la primera parte, ha servido para explicar, o al menos introducir, muchos aspectos que en el libro sólo se mencionaban muy por encima, o que directamente sólo aparecían en los mencionados Apéndices, como puede ser la historia de Thorin, desde que todo su clan fuera expulsado de Erebor por Smaug, pasando por el desastroso intento de reconquista de Moria por parte de los enanos (tan triste como memorable, desde mi punto de vista y mi simpatía por la raza de los enanos), la aparición de Azog y la reunión de El Concilio Blanco. Y, por lo que he podido ver en el trailer de la segunda parte de la trilogía (La Desolación de Smaug), también podrá verse la intervención del Concilio respecto a Dol Guldur, algo que en el libro ni se mencionaba. Simplemente, se decía que Gandalf desaparecía unos días, pero en absoluto decía por qué lo hacía.

En todo esto, en mi opinión, también está presente el genio creativo del autor de los libros, "El Profesor", como se lo llamaba en vida, ya que gracias a todos sus apuntes, a las referencias que introdujo a lo largo de la historia, a los Apéndices y a todas las explicaciones que dio en vida acerca de su obra, ha hecho posible que, a la vuelta de todos estos años, se hayan podido volver a narrar sus historias de una forma más que magnífica. En fin, lo dicho, desde mi punto de vista, la Historia de la Tierra Media sería un vino de una excelente añada que ha ganado categoría con el paso de los años. Como las botellas que Bilbo tenía guardadas en su despensa.

16 de junio de 2013

Héroes (I) - Navío de Línea Santísima Trinidad

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Empiezo oficialmente esta sección para hablar de glorias pasadas y, hasta cierto, olvidadas por el gran público, escribiendo sobre el mayor buque de guerra de su época: El navío de línea Santísima Trinidad. Pero más que al navío en sí, que también, quiero que sirva para rendir un humilde homenaje a los hombres que componían su tripulación durante la batalla de Trafalgar.

El navío, como digo, fue el buque de guerra más grande de su época. Construido en los astilleros de La Habana en 1769, contaba originalmente con una eslora (longitud) de 61,40 metros, tres puentes (la mayoría de los navíos de la época eran de dos) ampliado a cuatro más adelante, y 120 cañones, aumentados hasta los 140 antes de la citada batalla. Se fabricó con maderas preciosas como la caoba, el júcaro y el caguairán y costó 40.000 ducados de la época, que vendrían a ser alrededor de 1.100.000€, aunque seguramente la cifra actual ascendería muchísimo más. Llegó a ser tan majestuoso que se lo denominó "El Escorial de los Mares".

Desde el momento de su botadura definitiva (sufrió un par de modificaciones técnicas antes de poder entrar en servicio), se convirtió en el buque insignia de la Armada Española. Participó en 1779 en la Guerra de Independencia de las colonias americanas de Gran Bretaña contra estos, apoyando a Francia, de quienes éramos aliados por aquel entonces. Participó también en las operaciones que se llevaron a cabo en el Canal de la Mancha ese mismo año, y el año siguiente participó en la captura de un convoy británico compuesto por 55 navíos, además de participar en la batalla del Cabo de Espartel tres años más tarde. Participó también en la batalla del Cabo de San Vicente, donde estuvo a punto de ser capturado por los ingleses, siendo ayudado (y amenazado con ser cañoneado si no se defendía) por otro navío español, el Infante Don Pelayo, en 1797.

Pero fue en 1805, en la tan mencionada batalla de Trafalgar, donde fue definitivamente derrotado. Con una tripulación más que insuficiente, tanto en número como en preparación y entrenamiento (contaba ese día con una dotación de 1.160 hombres, cuando hubiera necesitado más del doble para poder ser manejado con la eficiencia que se necesitaba para aquella ocasión), y tras los constantes desatinos del almirante francés Villeneuve (Nelson aun debe estar frotándose los ojos desde que vio que le ponían la batalla tan en bandeja de plata), el mayor buque de guerra de la época fue acribillado por varios navíos británicos hasta quedar completamente desarbolado y en unas condiciones más que deplorables, viéndose obligado finalmente a rendirse y a ser finalmente apresado. Los daños fueron tan severos que, a pesar de los esfuerzos de los ingleses por remorcarlo hasta Gibraltar como trofeo, el Santísima Trinidad acabó por hundirse el 24 de Octubre de 1805 a unas 25 millas al sur de Cádiz. Sus cañones están ahora en el Panteón de Marinos Ilustres en la ciudad de San Fernando, en Cádiz.

Pero la pérdida del navío es insignificante si tenemos en cuenta la cantidad de vidas humanas que se perdieron en ese buque durante la batalla. Entre su dotación de 1.160 personas, hubo 108 heridos y 205 muertos, siendo el barco que más pérdidas humanas sufrió. Y, por último, también merecen ser recordados los capitanes de los barcos españoles, que aun sabiéndose en una abrumadora inferioridad táctica, maniatados por la indecisión de un almirante pusilánime y por el vasallaje de facto que la corona española rendía a Napoleón, pelearon y se defendieron como héroes hasta la última gota de sangre, literalmente en muchos de los casos.

14 de abril de 2013

Análisis - Titan Quest (+ Immortal Throne)

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Hoy voy a aventurarme a realizar el análisis de un videojuego, uno que me ha dado muchas horas de diversión. Como es la primera vez que escribo sobre algo así, os pido un poco de comprensión, ya que habrá un montón de cosas que, seguro, me dejaré en el tintero. Además, se trata de un título que ya tiene sus años. Otra cosa antes de empezar: como posiblemente usaré términos que haya gente que no conozca, pondré un pequeño glosario al final del post.

 El juego en cuestión, como podéis ver en el título, es el Titan Quest, y su expansión, llamada Immortal Throne. Publicado en 2006 por Iron Lore vía THQ, la temática de este juego, como todo hack'n'slash que se precie, se basa en que tú, simple mortal, impidas que el titán Tifón se escape de la prisión en la que lo encerraron los dioses del Olimpo y esclavice de nuevo tanto a la humanidad como a los propios dioses. Entre medio, pues eso, a matar todo bicho viviente que se cruce en tu camino mientras vas subiendo de nivel, adquiriendo nuevas habilidades y mejorando tu arsenal con mejores armas y piezas para tus armaduras.

Uno de los motivos por los que siempre me ha encantado este título es por su fuerte contenido mitológico e histórico, aunque también hay que decir que, en este caso, la historia es una mera excusa, ya que aunar en la misma línea temporal a griegos, cretenses, egipcios, sumerios, babilonios, partos y chinos imperiales, metiendo a neanderthales de por medio, con sus respectivas culturas es, cuanto menos, improvisar ligeramente la línea temporal.

El juego, como he dicho, empieza cuando un simple mortal (tú, como jugador) llegas a la aldea griega de Helos, que justo en ese momento se está viendo sometida a un ataque de sátiros. Aquí comienza una aventura que nos llevará a Esparta, Micenas, Atenas y su Acrópolis, el palacio de Knossos en Creta y el laberinto del Minotauro, pasando de ahí a Alejandría, Tebas, Giza, y el Valle de los Reyes. Un portal mágico nos trasladará hasta el Templo de Marduk en Babilonia, teniendo que tomar desde ahí la Ruta de la Seda para, después de atravesar el Himalaya, llegar hasta China, lugar donde estaba encerrado Tifón antes de huir hasta... el Olimpo, donde acabaremos con su diabólica amenaza. Entre medio, todo un repertorio de seres mitológicos: sátiros, centauros, górgonas, hombres chacal, hombres cocodrilo, hombres lagarto, yetis, neanderthales (¿neanderthales? sí, neanderthales), hombres tigre, dragones, soldados de terracota, soldados de jade, cíclopes... y muchos más. Lo dicho, todo un compendio de la mitología mundial.

Gráficamente hablando, el juego está muy bien, sobre todo para la época en la que se publicó (el juego, recordemos, tiene ya siete años), tenía unos gráficos más que decentes sin ser desorbitados y no necesitaba un ordenador de la NASA para que fuera fluido... lo que no quita para que se notara desde el primero momento que podría haberse optimizado mucho mejor. Hoy en día, 2GHz de procesador y 1GB de RAM pueden parecer algo rudimentario, pero hace siete años no estaba nada mal. Era lo que tenía yo en mi ordenador y, a pesar de que el juego me iba muy bien, no me daba para jugar al máximo, y aun así había veces que "rascaba", sobre todo si el número de enemigos en pantalla empezaba a ser elevado. Todos los que por aquella época jugábamos a este juego coincidíamos en ese mismo aspecto, y esperamos, en vano, a que se solucionara con la salida de algún parche o alguna actualización por parte de Iron Lore... pero nunca hubo nada de eso.

Otro punto en contra que tenía el juego fue, precisamente, las civilizaciones elegidas. No por que no tuviera sentido que estuvieran juntas en el juego, que ya puestos a mezclar, tanto daba, sino porque viendo cómo se desarrollaba el juego, te quedabas con la sensación de que se podía haber hecho muchísimo más, sensación que se agudizaba cuando te dabas cuenta que la campaña de Grecia duraba más que la campaña de China. Tarabas más en recorrer Grecia de sur a norte y vuelta a Creta, que en recorrer todas las estepas desde Babilonia hasta los confines de la China continental. Vale que tampoco es cuestión de que la campaña china durara lo que tenía que durar si se comparaba con la griega porque el juego sería interminable, pero sí por lo menos que durara un poco más.

Sin embargo, a pesar de esto, contaba con una herramienta de creación de niveles e, incluso, aventuras completas, que permitía prolongar la diversión tantas horas como imaginación tuviera el creador. Y puedo asegurar que se hicieron muchos niveles de muchísima calidad con esta herramienta. Aunque lo más espectacular, desde mi punto de vista, fue la creación del parche "Monstruos x3", que como su propio nombre indica, triplicaba la cantidad de monstruos a los que te enfrentabas, haciendo que tanto la experiencia adquirida como los elementos que arrojaban los enemigos derrotados fuera abrumadora. Y no digamos ya lo bien que te lo pasabas con tanto bicho para despachar. Ascender por las escalinatas del templo de Marduk en Babilonia mientras derrotas a una ingente cantidad de enemigos, que vienen hacia ti oleada tras oleada es... maravilloso. Y además, permitía el juego on-line a través de la herramienta Hamachi, lo que te permitía, además, divertirte con tus amigos al mismo tiempo. Esto último, por supuesto, para aquellos que no tuvieran el juego muy... original, que digamos.

Y entonces, cuando más felices estábamos con nuestro juego y mejor nos lo estábamos pasando, llegó el año 2007 y THQ anunció lo que muchos estábamos esperando: Una expansión. La noticia tuvo una gran acogida entre los que estábamos jugando por aquella época. Dicha expansión se llamó Immortal Throne, y continuaba la historia justo donde finalizaba el juego. Tras derrotar a Tifón, todos los dioses deciden retirarse del mundo, viendo que la humanidad puede valerse por sí sola... todos menos Hades, que ve en ese instante su oportunidad para hacerse con control del mundo de los vivos por la fuerza al no haber otras deidades que se lo impidan. Así que tú, tras caer del Olimpo y aparecer en Rodas y enterarte de la caída de su coloso, te ves obligado a internarte en el Inframundo para derrotar al Dios de los infiernos y sus huestes.

A priori, esto suponía la respuesta a todas nuestras oraciones. Más pantallas, nuevos monstruos, nuevas habilidades (dos), más niveles (el juego original te permitía llegar hasta el 65, y ahora podías subir hasta el 75), más armas... También se esperaba una solución a esa falta de optimización que veníamos reclamando y que, a pesar de salir varios parches entre medio, seguía sin solucionarse. Y no sólo no se solucionó, sino que el juego se hizo aun más pesado. Por lo demás, los añadidos que se hicieron no fueron todo lo interesantes que se esperaba que fueran, y el juego fue perdiendo fuelle poco a poco, ya que la expansión se quedaba, a todas luces, corta. Por mucho que fuera una "simple" expansión. He llegado a conocer expansiones en otros juegos que duraban casi tanto como el juego original. Todos nos quedamos, la verdad, con ganas de más, y pensamos que era porque, tal vez, Iron Lore estaría preparando una segunda expansión... pero nada más lejos de la realidad. Tal vez fuera precisamente por la expansión, pero lo cierto es que el juego perdió toda la fama que llegó a tener, y ya no volvió a saberse nada más de él.

Para finalizar, debo decir que, en rasgos generales y a pesar de sus fallos, este es un muy buen juego que te asegura muchas horas de diversión, que a fin de cuentas es de lo que se trata. Además, al tener sus añitos, no creo que cueste mucho encontrarlo en cualquier tienda a un precio más que asequible. Al menos en lo se refiere al juego base, ya que por lo que habéis podido adivinar leyendo el post, la expansión es bastante prescindible excepto por un par de cosillas.

Y por supuesto, no me gustaría terminar este post sin saludar desde aquí a todos los buenos compañeros de juego que hice en los foros de Titan Quest España, que me ayudaron y aconsejaron en todo momento, haciendo que la experiencia del juego fuera aun más enriquecedora. Muchas gracias, compañeros.

14 de febrero de 2013

¿Habemus? papam

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La noticia bomba de la semana ha sido, sin ningún género de duda, el anuncio de Benedicto XVI de su renuncia a su ministerio papal, un echo que no se repetía desde 1415, cuando Gregorio XII y Juan XXIII hicieron lo propio durante el Concilio de Constanza, aunque las circunstancias de sus renuncias fueran bien distinas a las del actual pontífice, el cual dice dimitir "por falta de fuerzas".

Y aunque la renuncia no sea efectiva hasta el 28 de febrero, la carrera pontificia ya ha empezado, como no podía ser de otra forma. Y, aunque todo el mundo ha corrido a presentar su candidato favorito, vuelven a sonar los mismos tres candidatos que ya sonaron hace siete años tras el fallecimiento de Juan Pablo II, a saber: un papa europeo, un papa americano y un papa negro (o de color, como prefiráis).

Lo del papa europeo cae por su propio peso. A día de hoy, todos los papas que ha habido han sido europeos. Italianos, en su gran mayoría, con alguna que otra excepción. Los dos últimos han sido polaco y alemán, sin ir más lejos, aunque luego haya que retroceder hasta 1522 para encontrar un papa que no fuera italiano. Así pues, y como he dicho antes, la elección de un papa europeo cae por su propio peso. Luego ya, como también he dicho antes, cada cual pone al suyo como favorito, pero el verdaderamente favorito es el candidato italiano Angelo Scola, que además cuenta con 71 años, lo que para un papa es una edad relativamente baja. Por supuesto, estoy convencido que, entre medio, la iglesia española intentará meter a monseñor Rouco Varela como gran candidato, pero esa ya será otra historia.

Las otras dos alternativas, el papa americano y el negro, tienen también sus motivaciones. Por un lado, la Iglesia Católica lleva años viendo cómo los fieles europeos son cada vez menos, mientras que los americanos y africanos son cada vez más. Elegir un papa americano supondría mostrar una iglesia más cercana a esa realidad... amén de admitir implícitamente esa especie de "derrota". Obviamente, que el papa sea americano no implicaría un cambio de sede. El papa seguiría reinando desde El Vaticano, pero ya no sería lo mismo. Y con un papa de color sería un poco más de lo mismo, además de añadirle un toque de "modernidad" a la institución... una modernindad que la Iglesia nunca ha tenido, y que dudo que vaya a tener ahora.

¿Y una papisa? Imposible. No estaría mal, pero es imposible a día de hoy. Las mujeres no tienen sitio dentro de la jerarquía eclesiástica. Dicho de otra forma, las mujeres no pueden ser ordenadas sacerdote, al no poder ser sacerdotes, no pueden ser cardenales, y al no ser cardenales, no pueden ser elegidas papa. O papisa. Esto sólo tendría cabida si la Iglesia aceptara a la mujer como una intermediaria válida de Cristo, lo cual no se dará nunca, puesto que eso es lo que hacen los protestantes... y ellos son herejes desde el punto de visto de Roma. Siempre se han defendido diciendo que ellos son la verdadera iglesia, por lo que adoptar posturas heréticas es poco menos que contradictorio.

Pero claro, el próximo papa lo decidirá... el Espíritu Santo, independientemente de su procedencia.

9 de febrero de 2013

Nueva sección - Héroes

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Esta entrada va a ser más corta de lo habitual, ya que va a servir, símplemente, como presentación de una nueva sección dentro del blog: Héroes, como su propio nombre ya indica.

¿Qué héroes? Podréis pensar. Pues, en principio, he ideado esta sección para dar a conocer la vida, obra y milagros de españoles de todos los tiempos que, bien por activa, bien por pasiva, no han tenido el reconocimiento que se merecen debido a sus acciones, sobre todo en un país como España, en el que si hay algo más rápido que la velocidad con la que entronizamos a nuestros ídolos, es la velocidad con la que los destronamos y los tiramos por el fango para ya no volver a acordarnos de ellos si no es para señalar todas sus fallas. En cierto modo, esta idea la he ido rumiando desde que escribí el último post, y es que en lo de no saber vendernos también influye el no saber apreciar lo que otros compatriotas han logrado, tanto para nosotros como para el mundo entero.

El ejemplo más claro de esto que digo, amén del más frívolo, sería el caso de Raúl González Blanco, jugador del Real Madrid y de la Selección Española de Fútbol. Raul era muy bueno, era el líder indiscutible tanto del Real Madrid como de la selección, ejemplo de caballerosidad y de muchas otras cosas, no se podía entender ni el Real Madrid ni la selección si no estaba él... hasta que en la Eurocopa de Bélgica y Holanda del año 2000, falló un penalti contra Francia en cuartos de final cuando España perdía 1-2, lo que finalmente hizo que quedáramos eliminados del campeonato.

A partir de aquí, ya dio igual todo lo que había conseguido hasta entonces, todo lo que había sido, y todo lo que todavía consiguió después. Dejó de ser Raúl, el icono, el único, el ejemplo a seguir... para convertirse en "Baúl", un jugador incómodo y molesto que no servía para nada, malo como él sólo y que no se explicaba cómo podía seguir jugando en un equipo como el Real Madrid, llegando a día de hoy a pasar desapercibido para la inmensa mayoría de la población. ¿Alguien de aquí sabe que aun está en activo y que sigue jugando en el Al Sadd de Arabia Saudí?

Pero, lo dicho, esto es sólo un pequeño ejemplo para ilustrar a lo que me refiero. No todas las entradas de esta sección serán sobre futbolistas, ni sobre deportes, claro está. Intentaré que sea lo más variada posible y, ante todo, que arrojen luz sobre estos héroes cuyo mayor delito fue, pues eso, nacer en un país donde no se les apreció en toda su valía.