17 de noviembre de 2014

Bienvenido sea

0 comentarios
En esta ocasión, me alejaré un poco del tema Tolkien (aunque no mucho, ya que lo voy a usar como ilustrador de la entrada) y vamos a tocar un tema que, a todo aquel que le gusta leer, acaba sufriendo antes o después: Que hagan una versión cinematográfica de tu libro favorito. Y si bien es algo que, a priori, puede parecer positivo, no todo el mundo acepta igual de bien esas adaptaciones.

Hablando de la obra de Tolkien, debido precisamente a la inminencia del estreno de la última película ambientada en El Hobbit en particular, y en la Tierra Media en general, que veremos en mucho tiempo, uno de los comentarios más extendidos entre los fans más acérrimos de los libros es algo tal que así:

Vaya mierda lo que han hecho, han destripado el libro completamente. Para hacer esto, mejor que no hubieran hecho nada. Iré a ver la película, pero sé que no voy a salir contento...

Algo, por cierto, que se parece muchísimo a lo que ya pasó cuando, hace nueve años, estrenaron la versión cinematográfica de Orgullo y Prejuicio, protagonizada por Keira Knightley y Matthew Macfadyen. Y es que tanto en un caso como en el otro, el destrozo que se hizo a los libros fue patente y escandaloso. 

Tom Bombadil, el gran desaparecido de El Señor de los Anillos
Comprendo que una novela, a fin de cuentas, no es un guión de cine, y que para hacer una película de dicha novela, primero hay que adaptarla, "guionizarla", de alguna manera. En este aspecto, y por normal general, un guionista se las tiene que arreglar como sea para encajar todo lo narrado en dicho libro en, aproximadamente, dos horas de película. Así pues, es normal que puedan llegar a caerse escenas y/o personajes que, en el libro pueden parecer imprescindibles, pero que a la hora de la verdad, aportarían más bien poco a la acción y a la continuidad de la película (véase lo que ocurrió cuando Peter Jackson decidió dejar a Tom Bombadil fuera de la trilogía de El Señor de los Anillos, lo que también levantó no pocas ampollas en su día entre los fans). 


Pero claro, una cosa es quitar escenas o personajes, y otra muy distinta, reinventar los que ya hay, o incluso inventarse otros nuevos, que esto fue lo que ocurrió precisamente con Orgullo y Prejuicio, por un lado, y con El Hobbit y el personaje de Tauriel, por el otro. En el primer caso, la versión de 2005 (versión, que no adaptación) del libro de Jane Austen, es un completo desastre. Tanto si se lee el libro, como si se ve la adaptación de 1995, se puede ver que la familia Bennet es una familia acomodada de clase alta de la zona rural inglesa. Tienen unas tierras en propiedad, y tienen una casa que ya querrían para ellos muchos de los que viven hoy en día. No demasiado grande ni espectacular, pero sí bastante decente y correcta. Y, como no puede ser de otra manera, guardan escrupulosamente los modales y las costumbres británicas. Todo lo contrario que en la versión de 2005, donde lo menos que se ve es a una Elizabeth Bennet paseando felizmente entre los cerdos de la cocina de su casa, lugar donde come toda la familia rodeados de suciedad por todas partes. Y aun así y todo, no deja de sorprenderme cada vez que leo o escucho lo mucho que a la gente le gusta dicha película, y que si descubrieron a Jane Austen, fue precisamente gracias a ella. Y es en este punto, precisamente, en el que me gustaría incidir.

Orgullo y Prejuicio 2005
Muchas veces, los fans nos hacemos "propietarios" de la obra de nuestro autor favorito. En cierto modo, es más que normal, son muchas horas leyendo esas líneas, esas escenas, e imaginándolas en nuestras mentes. Y ver hasta qué punto puede llegar a cambiarlas el director de turno, puede llegar a ser hasta ofensivo y sacrílego, dependiendo de la persona. Como cuando Howard Carter entró en la tumba de Tutankamón. Sin embargo, esta posesión nos impide ver lo positivo de estas conversiones. Porque sí, considero que hasta las adaptaciones más aberrantes tienen su parte positiva, que en este caso, es el "efecto llamada" a nuevos fans.

Porque así es. ¿Quién nos dice que a esa persona que ha visto una película, que a nosotros nos parece atroz, no le pica la curiosidad y se lee el libro del que procede? ¿Y si resulta que, tras leerse el libro, se da cuenta de que el libro le gusta mucho más que la película y empieza a buscar más material de ese autor? Para mí, y como digo en el título de la entrada... bienvenido sería toda aquella persona que se uniera a una afición tan maravillosa como la lectura, aunque sea pagando un peaje tan caro.

5 de noviembre de 2014

Tolkien (VII): El final de una Edad

0 comentarios
Recuerdo cuando, tras ver el final de El Retorno del Rey hace ya once años, cómo se quedó en mi interior un poso agridulce. Había visto algo que, junto con sus otras dos hermanas, había cambiado en cierto modo el mundo del cine, del mismo modo que hiciera Tolkien hacía ya 50 años con la literatura universal gracias a la edición impresa de El Señor de los Anillos. Y digo agridulce porque, precisamente, era consciente de la magnitud de la trilogía realizada por Peter Jackson y había quedado conforme y satisfecho. Esa era la parte dulce, porque la parte agria era saber que algo así no se habría de volver a repetir. Sí, existía El Hobbit, claro, pero tal y como yo lo conocía, no daba para volver a hacer algo del tamaño de El Señor de los Anillos, por lo que, a nivel personal, daba por finiquitado el asunto cinematográfico de la obra de El Profesor.

Hasta que al cabo de una década (día arriba, día abajo), empezaron a surgir nuevos rumores de que "una sombra se movía en el Este". Guillermo del Toro primero, y Peter Jackson después, estaban planeando una película de El Hobbit... que con el tiempo resultó que no era una, ¡sino dos! Y aun es más: acabó siendo una trilogía, por imposible que pareciera, similar a la primera. Y todo ello gracias a un exhaustivo estudio de la obra de Tolkien y de todo el trasfondo que, en realidad, tiene El Hobbit. Y en esas nos encontramos ahora, a falta de poco más de mes y medio para el estreno de La Batalla de los Cinco Ejércitos, que dará carpetazo a esta segunda trilogía... y, por lo que parece, también, y de manera definitiva, a las adaptaciones de otros libros de Tolkien.  Es verdad, sigue quedando El Silmarillion, y visto lo visto, podría decirse que bastaría con esperar otros diez años para que Peter Jackson, una vez más, vuelva a sorprendernos con más elfos, hombres y orcos. Pero me temo que esta vez el asunto es mucho más complicado, y es lo que voy a comentar a continuación.

Hay muchos factores que, al menos a corto y medio plazo, hacen imposible, desgraciadamente, cualquier adaptación cinematográfica de un libro de las características de El Silmarillion. La primera de todas ellas, como no puede ser de otra forma, se debe al apartado técnico. A pesar del reto que supuso rodar El Señor de los Anillos (aun no sé cómo hizo Peter Jackson para convencer a productores y distribuidores para que le dejaran filmar una trilogía de esas características), y de que para El Hobbit ya tenía la mitad del trabajo hecho, El Silmarillion es harina de otro costal. La principal diferencia es que tanto El Señor de los Anillos como El Hobbit son historias con un hilo conductor propio, cosa de la que carece por completo El Silmarillion, que es más bien un conjunto de historias que narran una historia más grande en sí misma. Esto nos lleva directa e inevitablemente a la duración. Que El Señor de los Anillos fuera una trilogía estaba cantado. Tres libros, tres películas, es matemática pura. La verdadera sorpresa llegó al anunciar que El Hobbit también iba a ser una trilogía a pesar de que la historia se cuenta en un solo libro. Así pues, si de un libro relativamente pequeño hemos sacado una trilogía... ¿Qué no podemos llegar a sacar de un libro que condensa toda la historia de Arda desde sus orígenes hasta la creación de los Anillos de Poder

En este aspecto, hay muchos fans que ya han contestado. Una serie de televisión. Ese sería el formato perfecto para abarcar todo lo referente a El Silmarillion y a todas sus historias. Temporadas y temporadas llenas de Noldor, de batallas, de dragones, de balrogs, de amores imposibles... pero, también en este caso, y como diría Don Quijote, "con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho", porque entonces habría que encontrar una cadena que estuviera dispuesta a soltar toda la pasta necesaria para semejante proyecto. Como ejemplo, baste decir que una serie como Juego de Tronos (la comparación es inevitable) tiene un coste medio por capítulo de 4.5 millones de dólares, teniendo en cuenta que cuando hay capítulos especiales en los que hay más trabajo, como batallas o similares, el coste aumenta hasta los 6 millones. Entonces, y teniendo en cuenta que El Hobbit ya ronda los 750 millones de dólares (estimados, porque podrían ser más) de presupuesto... ¿Cuánto dinero no costaría producir una serie de semejante calibre? Y como he dicho antes, ¿quién estaría dispuesto a arriesgar tantísimo dinero para una serie de televisión? Además, ¿Durante cuántas temporadas, exactamente? ¿Y si resulta que, a medio camino, la cosa flojea y ese canal de televisión decide que ya no le sale rentable y que la corta?

Y por último, y no menos importante, ni mucho menos, es el tema de los derechos audiovisuales. Actualmente, dichos derechos de El Silmarillion están en posesión de Tolkien Estate, la empresa encargada de controlar todo el material que creó Tolkien en su día y dirigida principalmente por su hijo, Christopher Tolkien. Y aquí es donde nos encontramos con el verdadero problema. J. R. R. Tolkien vendió en su día los derechos tanto de El Hobbit como de El Señor de los Anillos para adquirir liquidez, sabiendo como sabía que, en aquellos años (1960), sus libros eran completamente imposibles de llevar a la gran pantalla (aunque se llevara un susto con Kubrick y The Beattles). Pero en el caso de El Silmarillion, no fue él quien lo publicó, sino su hijo Christopher a título póstumo, y después de un arduo trabajo de recopilación también por su parte de la obra de su padre, por lo que le tiene un cariño especial más allá del mero valor comercial que pueda tener. Y es que además, ya de por sí y por ese motivo, Christopher nunca ha estado dispuesto a vender los derechos de El Silmarillion... pero es que encima, en una de las pocas entrevistas que ha llegado a conceder, declaró que no le gustaba en absoluto nada de lo que Peter Jackson había hecho con las dos historias más emblemáticas de su padre. En este caso, cabe suponer, efectivamente, que si ya de por sí no se sentía muy inclinado a vender derecho alguno, ahora tiene muchísimas menos ganas. La única esperanza que se puede llegar a albergar en este aspecto, por muy feo y frío que suene (que suena), sería esperar a que Christopher, que Dios guarde durante muchos años más, falleciera (tiene ya 89 años) y ver entonces cómo se desarrollaban los acontecimientos dentro de la Tolkien Estate. Y aun así, no me sorprendería que nos encontráramos con alguna cláusula en su testamento diciendo algo como "prohibido vender los derechos de El Silmarillion a toda costa".

En fin, que como ya expreso en el propio título de la entrada, mucho me temo que el próximo 17 de diciembre asistiremos no sólo al estreno de una película, sino también al final de una Edad, "tolkenianamente" hablando. El final de un gran ciclo comenzado hace 13 años con La Comunidad del Anillo, y que finalizará por todo lo alto con La Batalla de los Cinco Ejércitos. Al menos, ya puede acabar por todo lo alto una película que, ya han adelantado, tendrá una batalla de 45 minutos de duración...

2 de septiembre de 2014

Tolkien (VI): John Ronald Reuel Tolkien

0 comentarios
En esta ocasión, la entrada de este blog dedicada al mundo de Tolkien va dedicada... a él mismo. Y es que hoy es el 41º aniversario de su muerte, el 2 de septiembre de 1973, y me gustaría dedicar esta entrada, precisamente, a uno de los autores que cambiaron el panorama de la literatura universal para siempre. Y nunca mejor dicho, porque desde que se editaran sus libros, la percepción sobre según qué seres mitológicos cambió para siempre. Por ejemplo, antes de El Señor de los Anillos, y según la cultura popular, los elfos eran seres diminutos, poco menos que duendes pequeños, traviesos y juguetones... mientras que ahora, en cualquier libro en el que aparezca un elfo, será descrito como un ser alto, esbelto y notablemente sabio. O, al menos, más sabio que un humano.

Pero, ¿Quién fue Tolkien? ¿Cómo pudo crear todo un mundo y llenarlo de seres completamente increíbles que trascendieron a su propia obra, con sus propias culturas y, más importante aun, sus propias lenguas? Empecemos desde el principio.

Ronald en 1916
John Ronald Reuel Tolkien nació en Bloemfontein, en el Estado Libre de Orange, hoy Sudáfrica, el 3 de enero de 1892, y a pesar de sus tres nombres, sus padres, su familia, e incluso su esposa Edith siempre lo llamaron simplemente Ronald. Cuando aun era un niño de tan sólo tres años, los Tolkien decidieron volver a Inglaterra, de donde provenían sus respectivas familias, debido a que el clima de la región no era bueno para pequeño Tolkien. Como su padre no quería irse de África debido a los negocios de extracción de diamantes y otras joyas que ahí tenía, quedaron en que, en principio, su madre se iría con él y con su hermano pequeño, Hilary, y al año siguiente su padre se uniría a ellos. Sin embargo, una fiebre reumática acabó repentinamente con su vida, dejándolos viuda y huérfanos respectivamente, amén de sin ingresos.

Así pues, la madre de Tolkien decidió irse a vivir con su familia a una aldea en las cercanías de Birmingham, donde Ronald comenzaría a explorar los bosques y las granjas de la región, que más adelante le inspirarían para crear Bolsón Cerrado. Fue esto, junto con la educación recibida por parte de su madre, lo que despertaría en el chico un gran interés por la botánica. Pero además de las plantas, pronto descubrieron que a Ronald también se le daban muy bien los idiomas. De hecho, con aproximadamente cuatro años ya sabía leer y escribir en latín perfectamente.

Otro de los acontecimientos que marcaría la vida de Ronald fue su bautismo en 1900, ya que, en contra de los deseos y de la presión de su familia materna, él, su madre y su hermano pequeño se bautizaron en la Iglesia Católica, lo que le supuso a su madre la retirada de toda la ayuda económica que su familia le prestaba desde que enviudó. Posiblemente por este motivo, también su madre moriría cuatro años más tarde debido a unas complicaciones con su diabetes, lo que, en opinión del joven Ronald, era un martirio en toda regla. Literalmente, ya que consideraba a su madre una mártir por haberse mantenido fiel a su Fe a pesar de todos los problemas que ésto le había causado. Así pues, tenemos a un joven Ronald con 12 años huérfano de padre y madre, y con un hermano de 10 años.

Sin embargo, dicho "martirio" no fue en vano. El padre Francis Xavier Morgan (andaluz de padre galés), un sacerdote de Birmingham que había apoyado a su madre, se ocupó a su vez de los dos chicos, aunque siguieran viviendo en el orfanato. El padre Francis, de hecho, fue quien enseñó español a Ronald, lo que le sirvió más adelante para inventarse su propio idioma: El Naffarin. Además, con 16 años, conoció en el orfanato, y se enamoró de ella, a la que más tarde sería su mujer: Edith Mary Bratt. Lo curioso del caso es que, como ella era tres años mayor que él, el padre Francis le prohibió tener cualquier tipo de relación con ella hasta que no cumpliera los 21 años. Ni encuentros, ni cartas, ni nada de nada, cosa que el joven Ronald respetó a rajatabla. Tan a rajatabla, que la misma tarde de su vigésimo primer cumpleaños le escribió una carta a Edith declarándole su amor y pidiéndole que se casara con él. Y aunque en un primer instante ella le confesó que pensaba que se había olvidado de ella y que ya estaba prometida a otro hombre, ella devolvió el anillo y se comprometió con Ronald, casándose finalmente en 1916.

Durante todo este tiempo, Ronald demostró ser un alumno y un viajero más que notable. Sus notas tanto en el instituto como en la universidad fueron excelentes, destacando en la carrera de Lingüistica la asignatura Lingüistica y Literatura Inglesa hasta Chaucer, donde sacó matrícula de honor. Y aun es más, si tenemos en cuenta que una de sus asignaturas optativas fue, ni más ni menos, noruego antiguo, podemos hacernos una idea de hasta qué punto le gustaban a Ronald las lenguas, y si eran antiguas, más todavía.

Pero tras acabar la carrera, y con la Primera Guerra Mundial en su apogeo, fue alistado en el ejército y enviado a Francia, donde sirvió como Oficial de Comunicaciones en la Batalla del Somme, donde fue herido. Debido a sus heridas, se le llevó de vuelta a Inglaterra, donde empezaría a gestar lo que, posteriormente, se convertiría en la Tierra Media, ya que durante su convalecencia comenzó a escribir La Caída de Gondolin. Afortunadamente, sus heridas no le permitieron volver al frente, aunque siguió en servicio mientras duró la guerra. Lo más destacable, sobre todo, de su convalecencia es que, mientras daba un paseo con su mujer, ésta se puso a bailar en medio de un bosque, lo que le inspiró para crear también La Balada de Beren y Luthien.

Tras la Guerra, Ronald comenzó a trabajar en la creación del Oxford English Dictionary, así como a impartir clases en la Universidad de Leeds y, más tarde, en la de Oxford, momento en el que escribió tanto El Hobbit como los dos primeros volúmenes de El Señor de los Anillos. En principio, como había escrito el primero para sus hijos, no tenía intención alguna de publicarlo, pero C. S. Lewis, que para entonces ya era gran amigo suyo, le convenció de lo contrario... afortunadamente. Además, durante estos años, Ronald retomó los relatos que había ido escribiendo en su afán de que Inglaterra tuviera una mitología "a la altura de la griega", que más adelante verían la luz en El Silmarillion de la mano de su hijo Christopher.

Tumba de J. R. R. y Edith Tolkien en Bournemouth
Finalmente, Tolkien comienza a publicar sus libros. Tras El Hobbit, que ya había publicado en 1937, publicó la que sería su continuación, El Señor de los Anillos, entre 1954 y 1955. Incluso su colega C. S. Lewis le propuso para el Nobel de Literatura, aunque el jurado desestimó su candidatura, según ellos, por su "pobre prosa". Sin embargo, eso no impidió que se le nombrara Doctor Honoris Causa en varias universidades del mundo, vicepresidente de la Philological Society y miembro de la Royal Society of Literature, así como el nombramiento de Comendador de la Orden del Imperio Británico de mano de la reina Isabel II.

Pero el Destino de los Hombres, como el lo describió en sus escritos, acabó por alcanzarle también a él. En 1971 moría Edith Tolkien, la mujer que lo había acompañado toda su vida, muriendo él tan solo 21 meses después, tal día como hoy, 2 de septiembre, de 1973. Fueron enterrados en la misma tumba y, como muestra del amor que se profesaban, bajo sus nombres aparecen, respectivamente, Beren y Luthien, los protagonistas de una de las historias de amor más grandes reflejada en sus narraciones.

Espero que esta humilde entrada os haya servido para, al menos en parte, conocer al genio creador de toda la Tierra Media. Un hombre, por suerte o por desgracia, irrepetible.



Pd.- Como nota anecdótica y curiosa, comentar que, al igual que los reyes númenóreanos que aparecen en El Silmarillion, Ronald también eligió el momento de su muerte. ¿Que por qué lo digo? Fijáos: Murió en 1973, ¿Verdad? Muy bien, pues ahora recordemos su poema más famoso, el Poema del Anillo:

3 anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo
7 para los Señores Enanos en palacios de piedra
9 para los Hombres Mortales condenados a morir 
[...]
1 Anillo para gobernarlos a todos[...]

 Ahora fijáos en los números de los anillos de abajo a arriba y comparadlos con los del año de su muerte... Vale, sí, es una casualidad como un templo, pero... Impresiona, ¿Verdad?

24 de agosto de 2014

Tolkien (V): La religión en la Tierra Media

0 comentarios
Hoy toca volver a hablar de la obra de El Profesor, y en este caso, de un tema tan elevado como puede serlo la religión. Porque, aunque en ningún momento ni en ninguno de sus libros, se hace mención o referencia a ningún culto, o a ningún templo, la religiosidad que impregna sus libros es más que patente. Además, en este caso, se le pueden dar dos enfoques a la religión dentro de los mundos de Tolkien: uno externo, y otro interno. 

Con "externo" nos referiremos precisamente a lo que inspiró a Tolkien, a las ideas en las que se basó para crear Arda y todo aquel que en ella habita. En este aspecto, hay que empezar diciendo que Tolkien  era profundamente católico. De hecho, al poco tiempo de morir su padre, su madre hizo que tanto ella como sus hijos se bautizaran, a pesar de que eso supondría, y de hecho supuso, la retirada por completo de toda ayuda económica por parte de su familia política. Esto, para el joven Tolkien, hizo que viera en su madre a una especie de "mártir moderna", al negarse esta a vender sus creencias sólo por tener un sustento económico. Y el hecho de que ambas partes (su madre y sus tíos paternos) se enrocaran en sus posiciones, no hizo sino fortalecer esta imagen.

Gustav Doré - Lucifer
Así pues, no es de extrañar que en El Silmarillion nos encontremos con Eru Ilúvatar, un ser eterno, omnipotente, omnisapiente y omnipresente, cualidades todas ellas del dios Cristiano. Y como éste, Ilúvatar también tiene una cohorte de "seres angelicales" a su servicio creados por él mismo, entre los cuales, hay uno que se rebela contra él y contra sus hermanos. En este caso, el Génesis de Arda es ligeramente diferente al que se nos presenta en el Antiguo Testamento, ya que la tierra es creada entre todos esos seres en lugar de ser creada por Dios en persona, aunque sea la voluntad final de Eru lo que hace que exista como entidad física en sí misma. Y cuando el mundo comienza su existencia y los "ángeles" entran en él, es cuando empieza la guerra entre las fuerzas del bien y del mal. Como veis, el paralelismo entre el panteón cristiano y el de Arda es muy fuerte. Hay diferencias, por supuesto, ya que a fin de cuentas, no deja de ser un mundo totalmente nuevo e inventado, pero eso no quita para que las semejanzas entre ambas "religiones" sean aun más notables. Por poner un último ejemplo, el Dios cristiano, es su faceta "omnipotente" es quien lo hace absolutamente todo, milagros incluidos, aunque estos se realicen por mediación de terceros (santos o ángeles), mientras que en Arda, Eru delega todas las acciones realizables en los Ainur (esos seres angelicales), permaneciendo él en un segundo plano hasta que no sea verdaderamente necesaria su intervención (el hundimiento de Númenor, por ejemplo).

Eru y los Ainur creando Arda
Por otro lado, el aspecto "interno" de este tema es, precisamente, de qué forma percibían los habitantes de Arda a esos seres, y como se relacionaban con ellos. En este caso, hay que indicar que, al contrario que en el mundo contemporáneo, donde no hay nadie que haya visto a un ángel (y con esto me refiero de forma realmente tangible), ni mucho menos vivido con él durante miles de años, y que no implique un verdadero acto de fe (porque, a fin de cuentas, eso es la fe, creer en la existencia de algo que no puedes captar con ninguno de tus sentidos), en Arda en general, y en la Tierra Media en particular, hay seres que sí han visto a esos seres angelicales y que incluso han vivido con ellos durante milenios, que no son otros más que los Elfos. Los Elfos de Arda, tal y como se cuenta en El Silmarillion, vivieron en presencia de estos seres prácticamente desde su aparición en el mundo, viviendo con ellos en lo que vendría a ser el equivalente al Paraíso cristiano. Pasado un tiempo (nada, un par de diezmilenios o así, día arriba, día abajo), un grupo de estos Elfos dejan de lado la tutela de los Ainur y emigran a la Tierra Media, pero sin perder esa beatitud adquirida en su compañía ni esa especie de "ser brillante" por haber vivido tanto tiempo junto a seres celestiales. En este aspecto, cuando llegan a la Tierra Media y les dicen a los demás de dónde vienen y con quiénes han estado, se puede ver claramente que están diciendo la verdad. No hace falta ningún acto de fe, pues ellos mismos son la prueba de la existencia de tales seres. Aun cuando los Hombres, que aparecen mucho más tarde y no tienen la posibilidad de vivir con los Ainur, gracias a las experiencias que les toca vivir en la Tierra Media y el contacto con esos Elfos es más que suficiente para ellos para saber que, efectiva y positivamente, hay un ser superior llamado Eru y unos seres llamados Ainur que lo sirven.

Es aquí donde se da la principal diferencia entre el Cristianismo de Tolkien y su creación, porque mientras que nosotros los humanos, para celebrar nuestro "acto de fe" necesitamos realizar tres misas diarias, a realizar en un lugar en particular, o templo, llamado "iglesia" en este caso, en la Tierra Media no hay culto alguno en absoluto, debido precisamente a lo mencionado anteriomente. La única excepción a esto es el Culto a Morgoth, que Sauron instaura en Númenor cuando finalmente consigue corromper a dicho pueblo, y la construcción de un templo consagrado a dicho Ainur para el sacrificio de víctimas humanas supone, precisamente, la excepción que confirma toda esta regla. En este aspecto, la ausencia de un culto oficial se entiende gracias a ese conocimiento seguro de existencia, ligado este, además, a que al principio de la Historia de Arda los Ainur están tan involucrados en los asuntos que ahí se desarrollan que no tienen ningún problema en canalizar parte de sus poderes a aquellos que se lo pidan (lo que llamaríamos magia, en este sentido). También aquí se puede observar el decaimiento de la propia Tierra Media conforme los Ainur se van desentendiendo de ella, y los Elfos, que eran los que más canalizaban ese poder, van regresando a Valinor. En resumen, aunque no estén presentes, la existencia de dichos seres es más que patente, ya fuera por una vía o por otra.

Finalmente, y ya para rematar, una mera reflexión al respecto. Sí es verdad que en ningún momento de la obra de Tolkien, excepto el mencionado Culto a Morgoth, se hace referencia a religión alguna, pero eso no quita para que, seguramente y a nivel privado, muchos de los habitantes de la Tierra Media no tuvieran su momento de rezo diario. Y que, además, ¿Qué puede ser más parecido a un conjuro mágico que una oración o un ensalmo cuando pedimos ayuda a Dios o a los santos?

21 de agosto de 2014

ONO: En lo bueno y en lo malo

0 comentarios
Hoy me he levantado un poco más inspirado de lo normal y voy a escribir sobre una de las empresas más, digamos, "especiales" dentro del panorama español. En este caso, se trata de ONO, y voy a escribir mis impresiones desde la perspectiva de alguien que es cliente... y ha sido empleado. Yo he trabajado en el Servicio de Atención a PYMEs, pero como no creo que haya mucha diferencia de protocolo entre PYMEs y particulares, imagino que mi experiencia valdrá también para el campo de los usuarios del día a día.

Para empezar, hay que decir que, desde luego, en todas partes cuecen habas. En ONO hay un sinfín de irregularidades (por no llamarlas directamente barrabasadas), pero no tantas como puede haberlas en otras compañías del ramo. Aun me acuerdo yo de todas esas portabilidades malogradas (con el consiguiente malestar y pérdidas para el cliente que eso supone) simple y llanamente porque a la otra compañía no le da la gana de hacer las cosas bien, y la única salida que tienen es la de echarte a ti las culpas. ¿Cómo vas a explicarle a un cliente que su portabilidad desde Orange (por poner un ejemplo) no ha salido bien porque en esa compañía se han inventado una burda excusa para no hacerla, y le han dicho a ese cliente que los culpables somos nosotros porque no hemos querido aceptar el número de teléfono? Esto, amigos, me ha tocado escucharlo en vivo y en directo. Y el cliente, como os podéis imaginar, como una moto porque, a fin y a la postre, el que no tiene línea de teléfono es él. Y ONO no puede hacer nada porque esa línea no le pertenece, y Orange se lava las manos porque... yo qué sé por qué, pero el caso es que se las lava bien lavadas. Del mismo modo, también veo justo decir que muchas de esas portabilidades se fueron al garete porque el comercial encargado de solicitarla le dejó coger los datos del cliente al mono que tenía a medio amaestrar en un armario de la tienda. Y luego los datos no coinciden, y la otra compañía no cede la línea ni a la de tres, ni... en fin. Mal también.

Pero entrando ya en las particularidades de ONO, voy a empezar por su mayor fortaleza, al menos hasta ahora, que también es fuente de sus mayores quebraderos de cabeza: La fibra óptica. Hasta hace unos años, ONO era la única compañía de telecomunicaciones que tenía red de fibra óptica en España, y así se encargaba ella misma de cacarearlo. Pero claro, la fibra óptica es cara. Mucho. Entonces, para ahorrar costes, y porque para el ancho de banda que va a suministrar a sus clientes es más que suficiente, lo que hace ONO es que, desde el nodo base de una calle o una fachada (donde sí hay fibra óptica), lanza un cable coaxial al interior de las viviendas. Y, desde luego, un cable coaxial no es fibra óptica. Esto implica una cuestión algo compleja, ya que... ¿Hasta qué punto esto se puede considerar como publicidad engañosa? Sí es verdad que tienen una red de fibra óptica, motivo por el cual pueden dar los servicios que ofrecen, y sí es verdad que el usuario final recibe esos mismos servicios gracias a esa red... pero lo que llega a ese cliente, el soporte de esos servicios, sigue sin ser fibra óptica.

Otra cuestión es la facturación. Creo que en mi vida he visto facturas más complicadas de leer, incluidas las de la luz. Para realizar el Informe PISA tendrían que haber puesto una factura de ONO después de haber realizado varios cambios en los servicios, a ver cuántos son capaces de entender semejante batiburrillo. En este caso, el motivo de semejante confusión es la política de facturación de ONO, sus fechas de facturación y sus prorrateos. Para empezar, la compañía factura los servicios básicos a mes por adelantado. Es decir, tú estás pagando hoy por tener conexión a la red durante el mes siguiente. Poniendo un ejemplo práctico, esto hace que si tú te das hoy (21 de agosto) de alta de ONO, y te asignan (de manera automática) que tus facturas se van a crear el día 25 de cada mes, vas a pagar la parte de la tarifa que corresponde a esos cuatro días... más la tarifa de un mes entero por adelantado. Y así con cada servicio adicional que contrates en lo sucesivo. Esto, por lo general, se explica de PE a PA por parte del comercial de turno... pero, por desgracia, también me ha tocado atender llamadas de clientes (muchas) a los que el comercial no les había dicho ni mu al respecto. Por lo general, el cliente lo entiende a la primera... pero luego están los que no entran por el aro y lo consideran una estafa en toda regla. A gusto del consumidor. Obviamente, los consumos sí van a mes pasado (nadie se puede inventar el consumo que vas a realizar mañana, entre otras cosas porque sería fraudulento). Por otro lado, si te das de baja, al haber pagado por adelantado, vas a recibir igualmente una factura con la devolución de lo correspondiente a las cuotas de esos servicios que ya no has disfrutado. Siguiendo con el ejemplo del día 25, si tu te das de baja el día 15, te harán un abono de esos 10 días que ya no vas a usar los servicios contratados. Y eso es automático también. El mayor problema que me he encontrado con esto de los prorrateos es, sin ir más lejos, la pereza (por decirlo de alguna manera) de los clientes por coger una factura y una calculadora y mirar si está todo lo que debería estar.

Luego está la calidad de los servicios. El que la base tecnológica sea la fibra óptica es, a priori, una garantía de buen servicio. En lo personal, la conexión a Internet me habrá fallado tres o cuatro veces desde que estoy con ONO... y de eso hace 12 años ya por lo menos. Lo que hay que tener siempre presente es que, a día de hoy, no hay nada infalible, por lo que las averías pueden ocurrir. Y, de hecho, por desgracia, ocurren. Y del mismo modo que a tu coche se le puede pinchar una rueda o se le puede fundir una luz, tu conexión a Internet se puede desconfigurar y petardear como una moto vieja. Y si vas al taller, el mecánico tardará un tiempo, el que sea, en arreglarte esa avería. A mayor gravedad de la avería, mayor tiempo para arreglarla, es de cajón. Bueno, pues por increíble que parezca, esto hay muchísima gente que no entiende. Ni lo acepta. Puedo comprender que alguien que tiene un problema serio de averías constantes porque resulta que el cable exterior no hace contacto correctamente, llame con un cabreo de mil pares de demonios día sí y día también. Es normal, estás pagando por un servicio que no estás disfrutando ni de lejos. Pero es que también me ha tocado atender a clientes que no les ha ocurrido nada excepcional y que cuando les dices que la avería tardará unas seis horas en arreglarse (que era el promedio de resolución de las mismas, de las 48 a las que se compromete ONO por contrato) se suben por las paredes poniéndote a ti de inepto para arriba porque "su negocio depende de la conexión a Internet". Y aunque un trabajador no pueda decir esto, siempre he pensado que, si tanto, tantísimo, depende tu negocio de la conexión a Internet... ¿Por qué te arriesgas a tener una sola conexión, y no contratas otra de la compañía de al lado, aunque sea lo más lento del mercado, para no quedarte parado por completo? Siguiendo con el ejemplo del taller, es como si tu vida depende de un coche y este se estropea. Hazte a la idea de que ese día no vas a poder trabajar... a no ser que te busques la vida y te hagas con otro coche, que se lo pidas al vecino, o lo que sea. Pero tu coche, de momento, se queda en el taller hasta próximo aviso.

Y ya por último, mencionar a mi gremio favorito: El de los comerciales. Ser comercial, me consta, es un trabajo muy duro. Yo lo he sido y se pasa fatal, sobre todo cuando empiezan a exigirte números. El problema es que no todo el mundo lleva esa tensión igual, ni todos tienen, ni mucho menos, los mismos escrúpulos, y los hay que parece que trabajen para otra compañía totalmente distinta, porque empiezan a ofrecer cosas que ni están, ni han estado alguna vez en el catálogo de la compañía. Regalos de líneas móviles, regalo de terminales, descuentos fantasma... Estos son los que realmente dan mala fama a la compañía, y aunque antes o después acaban siendo pillados (y largados sin piedad), el mal de primeras ya está hecho. Y aun así, en este último párrafo también tienen cabida los clientes, ya que me tocó explicarles a más de uno (y de dos), que su factura reflejaba exactamente lo que el comercial le había ofrecido. Que la cuota o la tarifa es TAL, el descuento es CUAL, y el coste total es PASCUAL, y que, en consiguiente, la factura era correcta. Que lo estaba, palabra. Bueno, pues aun así había mucha gente que decía que no. Que eso no era así, que era una estafa y que quería poner una reclamación. Reclamación que, obviamente no podías hacer porque no había nada que reclamar. Si te han dicho que vas a pagar 10 y, efectivamente, en la factura ha llegado 10 y el banco te ha pasado un recibo de 10... En serio, ¿Qué quieres reclamar? Pero esto al cliente le da igual. Él quiere reclamar y punto, porque, recordemoslo, el cliente siempre tiene la razón.

Aunque no la tenga.



Pd.- Con esto no quiero decir que en ONO todo se haga maravillosamente perfecto y que las cosas siempre se hagan bien. No. Lo que quiero decir es que muchas veces nos ofuscamos más de la cuenta simplemente por no escuchar lo que nos dicen, no preguntar por las implicaciones y, sobre todo, no informarnos antes de hacer cualquier acción que implique gasto de dinero.

30 de julio de 2014

Tolkien (IV): El Heredero de Isildur

1 comentarios
Ayer se celebró el 60 aniversario de la primera publicación de La Comunidad del Anillo, por lo que voy a realizar mi homenaje particular con este post, en el que intentaré explicar por qué Aragorn (II) es heredero de Isildur y por qué, al final de El Retorno del Rey, acaba siendo coronado Rey de Gondor y de Arnor.

Para poder explicar un poco el asunto y poner algo de trasfondo, vamos a retroceder miles de años en la línea temporal de la Tierra Media. A lo largo de toda la Segunda Edad del Sol, los Númenóreanos (los antepasados de los Dúnedain) colonizaron la mayoría de las costas occidentales de la Tierra Media, y al final de esta Edad, antes de la destrucción de Númenór, Elendil y sus hijos huyeron a esas tierras colonizadas, fundando los reinos de Arnor en el norte (que abarca todas las tierras desde los Puertos Grises y las Ered Luin hasta casi las Montañas Nubladas), que fue gobernado por Isildur; y Gondor, que más o menos ya sabemos cómo es y cuánto ocupa, en el sur, y que fue gobernado por Anárion, hermano menor de Isildur. Estos dos reinos, aunque hermanos como sus reyes originales, tuvieron sus historias individuales, así como su forma de gobierno y de hacer política. Por ejemplo, aquellos dentro de la familia real arnoriana que no tenían derecho directo a la corona (hijos segundos de los reyes y sus familias) eran nombrados Capitanes de los Dúnedain, el puesto más alto dentro de la jerarquía militar sin contar con el propio rey.

Anillo de Barahir
Con el paso de los años, ya en la Tercera Edad del Sol, el reino de Arnor desaparece como tal. Primero se escinde en tres reinos independientes, de los cuales el principal fue Arthedain, ya que era donde se encontraba Annuminas, la capital del antiguo reino y donde se encontraban los símbolos del poder del rey (el Cetro de Annuminas y el Anillo de Barahir). El último rey de Arthedain murió en un naufragio sin dejar descendencia directa, por lo que el último de los reinos del norte acabo extinguiéndose debido a una serie de ataques por parte del Rey Brujo de Angmar (el Señor de los Nazgûl). Sin embargo, la familia real sí que seguía estando ahí, en la forma de los Capitanes de los Dúnedain, dinastía a la que pertenece Áragorn y que, en ausencia de un rey y de un heredero directo, todos los derechos a ostentar la corona pasan a ellos. En principio, el derecho al trono es suyo, por supuesto, pero... ¿De qué trono, si su reino ya no existe como tal?

Paralelamente a todo esto, y con unos derroteros similares, en Gondor también se quedaron sin rey. Pero en este caso, debido a sus diferencias políticas, el gobierno y la regencia del reino recae sobre los Senescales Regentes, que debido a la desaparición del último rey de Gondor, juraron [...]esgrimir el bastón de mando y gobierno en nombre del rey, hasta que él vuelva[...]. Es aquí, precisamente, donde entra en juego la línea de los Capitanes de los Dúnedain, ya que, tras la desaparición de ese útlimo rey de Gondor, ellos fueron los primeros que reclamaron su derecho a dicho trono aduciendo "motivos de parentesco", y no era para menos, ya que no hay que olvidar que, por mucho que fueran reinos independientes, los fundadores de ambos reinos eran hermanos.

Tras esto hubo una serie de dimes y diretes, en los que Gondor nunca dio su brazo a torcer. Por mucho que hubiera parentesco entre las familias reales, que lo había, lo último que querían los gondorianos era un rey "extranjero". Lo dicho, por mucho que fueran reinos hermanos, no dejaba de ser otro país, a fin de cuentas. Además, Gondor se negaba esgrimiendo que la línea de sucesión de los Dúnedain provenía de una hija del rey, por lo que ese derecho de sucesión no estaba tan claro. Finalmente, tuvieron que tirar de las leyes sucesorias ancestrales de Númenór que regían en ambos reinos, en los que no se distinguía entre heredero varón o mujer y a lo que, según nos cuenta El Profesor, [...]a esto Gondor no respondió[...]. Por supuesto que no respondió. No podía. Sólo podía aceptarlo o negarlo. Si aceptaban el argumento, le daban automáticamente la corona a los Dúnedain del Norte, cosa que no querían; pero si lo negaban, estaban negando sus leyes ancestrales y, prácticamente, negando las bases de ambos reinos.

Fue en este punto cuando Elrond, el principal mediador del asunto y principal interesado en la integridad de los reinos de los Hombres de la Tierra Media tanto para hacer frente al poder de Sauron como para asegurar la propia supervivencia de ambas razas, recomendó a los Dúnedain del Norte que se mantuvieran ocultos hasta que llegara un momento más propicio, ya que ante el silencio de Gondor, sólo tenían dos alternativas: O bien asumían su derecho real a las bravas, exponiéndose a una guerra civil que acabara terminando definitivamente con ambos reinos o, como hemos dicho que hicieron finalmente, esperaban una oportunidad más apropiada para reclamar sus derecho hereditarios, pasando desapercibidos para no captar la atención de Sauron, que no dejaba de seguirles el rastro para acabar por completo y para siempre con la estirpe de los reyes de Arnor. Y así fue como, quince generaciones de Dúnedain y Montaraces más tarde, Áragorn II pudo ser coronado como Rey de Arnor y de Gondor tras la derrota de Sauron con el nombre de Elessar en el 3021 de la Tercera Edad del Sol. 

Ya para terminar, y como nota curiosa, decir que, al contrario de lo que se ve en las películas, donde se le muestra asustado e incluso llegando casi a renegar de su herencia por la flaqueza de Isildur, Aragorn siempre supo exactamente quién era, llevando su título con orgullo pero con la prudencia exigida en esa época. Sutiles diferencias en el guión.

14 de julio de 2014

Héroes (II): Blas de Lezo y Olabarrieta

2 comentarios
Suele decirse que para llegar a ser un héroe, te tienen que pasar una de estas dos cosas: O bien, que mueras en pos de una causa noble y elevadísima, independientemente de que consigas llegar a ella o no, pero sirviendo siempre como ejemplo a seguir; o bien que toda tu vida sea un ejemplo a seguir pero nunca se te conceda el crédito merecido por todas tus hazañas o proezas. En el caso que hoy nos ocupa, el del vasco Blas de Lezo y Olabarrieta, es más bien el segundo.

Nacido el 3 de febrero de 1689 en el seno de una familia de gran tradición de marinos, amén de un pueblo de gran tradición marítima, pronto se fue a Francia a recibir educación, de donde sale en 1701 para enrolarse en la Armada como guardiamarina. Efectivamente, con tan solo 12 años y nada más comenzar la Guerra de Sucesión Española (Francia y España contra Austria, Holanda e Inglaterra, desde 1701 hasta 1713). En dicha guerra, el joven Blas participó en la Batalla de Velez-Málaga (1704) repartiendo estopa a manos llenas... hasta que una bala de cañón se le llevó por delante la pierna izquierda por debajo de la rodilla. En esos momentos, el chaval tenía 15 años, y se dice de él que, durante la amputación, que hubo de practicarse sin anestesia, no profirio ni el más mínimo suspiro. Tanto el valor demostrado en la batalla como la entereza ante la operación, le valen el ascenso Alférez de Bajel de Alto Bordo por parte del rey francés Luis XIV. Es más, el propio Felipe V le ofreció la posibilidad de servir directamente en la corte, pero rechaza el puesto alegando que "una persona con una pata de palo quitaría lustre a la corte", por lo que siguió de servicio en distintos navíos sin dejar de luchar en la guerra, que aun continuaba.

Durante este periodo de guerra, patrulla el Mediterráneo de arriba a abajo, apresando a un gran número de barcos ingleses utilizando maniobras tan valientes como brillantes, por lo que en 1706 se le ordena asistir a Barcelona, que en aquellos momentos de la guerra sufría sitio. A pesar de contar con una pequeña flotilla, Blas de Lezo conseguía burlar constantemente el bloqueo formado por los barcos ingleses quemando paja húmeda para formar densas nubes de humo, momento en que aprovechaba para cruzar dicho bloqueo y, de paso, bombardear a los ingleses. Tras la hazaña, es enviado al puerto de Tolón, donde aprovecha para aprender tácticas de guerra terrestres. Sin embargo, durante la defensa del fuerte de Santa Catalina, un proyectil le impacta en el ojo izquierdo, dejándolo tuerto para siempre.

Después de esto estuvo un tiempo de convalecencia, pero no por eso perdió las ganas de volver al mar. En 1707 es ascendido a Teniente de Guardacostas y destinado al puerto de Rochefort, lugar donde llevará a cabo otra de sus hazañas, al capturar en 1710 el navío inglés Stanhope, de 70 cañones y que lo triplicaba en potencia de fuego. En la refriega es herido sin mayor relevancia, pero con lo que ya llevaba encima, poco debió importarle. Tras la batalla, es ascendido a Capitán de Fragata, y tras servir varios años más con ejemplar valentía, en 1714 vuelve a Barcelona, esta vez como atacante, donde recibe un disparo que le inutiliza en brazo derecho, y al año siguiente, en 1715, al mando ya de su propio barco, se dirige a reconquistar Mallorca, que se rinde sin necesidad de disparar un solo tiro. Así que con 26 años, tenemos a un Blas de Lezo manco, cojo y tuerto, y siendo Capitán de Navio.

Cuando se termina la guerra, pasa una temporada afincado en Cádiz, tras lo cual se le confía un navío integrado en una escuadra que, a partir de 1720, se encargará de limpiar de piratas y corsarios, principalmente ingleses, los Mares del Sur (las costas de los actuales Perú y Chile), destino en el que permanecerá durante diez años, tras los cuales vuelve a España para ser ascendido de nuevo, esta vez, a Jefe de la Escuadra del Mediterraneo con rango de General. Lo primero que se le encomienda en su nuevo puesto es la exigencia a la República de Genova de 2.000.000 de pesos pertenecientes a la corona española y que éstos tenían retenidos. Blas se personó ante los representantes de la ciudad y les dió un ultimatum: O entregaban el dinero, o volaban la ciudad a cañonazos. Y se entregó hasta el último peso. En gratitud al gran servicio prestado, el rey Felipe V le concede su propio estandarte.

Tras las tareas de recolección, fue destinado a Orán, donde estuvo varios años batallando contra los argelinos. Tomó la ciudad en 1732 al mando de 54 buques, y cuando un pirata la retomó aprovechando la salida de Lezo, este volvió con seis navíos para sacar al pirata de ahí. Y con contento con sacarlo, lo persiguió hasta el puerto donde se escondía, bombardeando todo lo que se ponía a su paso, destruyendo el barco del pirata y los fuertes que guardaban el puerto. Y encima se quedó ahí, por si acaso, no fueran a llegarle refuerzos al pirata desde Estambul, hasta que un brote epidémico lo obligó a volver a Cádiz.

Dos años más tarde vuelve a América, ascendido una vez más, en esta ocasión a Teniente General, y es en esta etapa de su vida cuando vivirá su experiencia más crucial: La Defensa de Cartagena de Indias. Tras la excusa de la famosa Oreja de Jenkins, el almirante inglés Edward Vernon, al mando de lo que vendría a ser la "Armada Invencible a la inglesa" (la flota contaba con 60 navíos más que la armada fletada por Felipe II), se lanzó contra las posesiones españolas en el Caribe. Tan seguro estaba de las victorias que iba a conseguir, que hizo acuñar monedas y medallas conmemorativas de la conquista. Tras capturar fácilmente los mal guarnecidos puertos de Chagres y Portobelo en el istmo de Panamá, fue directo a Cartagena de Indias, donde Lezo ya lo estaba esperando después de ser desafiado por parte del Almirante británico. Desde el 13 de marzo al 20 de mayo de 1741, los 6 navíos y aproximadamente 4.000 soldados al mando de Blas de Lezo, contuvieron y repelieron a los 186 buques (con sus 2.000 cañones) y 27.000 soldados ingleses al mando de Vernon, quien tuvo que volver a Londres a rendir cuentas de la desastrosa operación al rey Jorge II. Se dice que el rey se enojó hasta tal punto que prohibió que se hiciera la menor referencia a dicha batalla bajo pena de muerte. De hecho, dicha derrota confirmó el dominio español de los mares hasta el Siglo XIX y la Batalla de Trafalgar.

Pero hasta aquí pudieron llegar las fuerzas de Blas de Lezo. Ese mismo año de 1741, una epidemia de peste causada por la cantidad de cadáveres como resultado de los combates entre españoles e ingleses, se llevó consigo al almirante más brillante de la historia de España, siendo nombrado marqués de Ovieco a título póstumo. A pesar de las taras físicas que fue coleccionando a lo largo de su carrera militar, que llegaron a valerle el mote de Almirante Patapalo, nunca perdió ni el ánimo ni el ingenio. Siempre estuvo al pie del cañón, incluso cuando las envidias de sus iguales se cebaban con él, ya que, como buen hombre de su época, servir a su rey era toda la motivación que necesitaba. Es una lástima que un hombre de estas características no reciba más renombre por parte de sus paisanos, pero desgraciadamente, los españoles siempre seremos así. ¿Os imagináis que, en lugar de nacer en Pasajes, hubiera nacido en, por ejemplo, Portsmouth, y que hubiera conseguido para Inglaterra lo que consiguió para España? Los honores que se le habrían rendido desde entonces habrían hecho parecer un cualquiera a Nelson, pero... lo dicho, somos españoles, homenajear a nuestros héroes no es lo nuestro.

6 de julio de 2014

La democracia no es para todos

0 comentarios
Hoy toca post rotundo. Y ahora mismo no se me ocurre cosa más rotunda que lo que dicta el título del post. Y es que, después de ver las noticias durante las últimas dos o tres semanas semanas, me ha quedado claro clarito que, desde luego, la democracia tal y como la conocemos hoy en día no está hecha para todo el mundo.

Y la verdad es que si nos paramos a pensarlo, tiene más sentido de lo que pueda parecer. Analizándolo desde los orígenes, hay que apuntar y apuntalar un pequeño detalle: Y es que la democracia fue creada en Grecia. Esto, que así a bote pronto es una perogrullada de primero de la ESO, tiene más implicaciones de las que pueda parecer. Tirando de libros de Historia, quien más quién menos podrá hacer un repaso mental de cómo se ha ido desarrollando el Mundo Occidental desde las Guerras Médicas (polis griegas contra el imperio persa y otras polis griegas). Se crea la democracia en Atenas, pero esa semilla se queda ahí latente; pasan los años, se crea el imperio romano, que abarca, absorbe y homogeiniza (hasta cierto punto) a toda Europa; el imperio romano se va al garete y se crean los gérmenes de lo que serían los futuros países europeos; de entre ellos surgen España y el Reino Unido que, a su modo, colonizan y conforman lo que hoy en día sería toda América, desde la Patagonia hasta el Estrecho de Bering. Luego ya, y a partir de la Revolución Francesa, es cuando esa semilla llamada "democracia" que se había quedado en Atenas, empieza muy poco a poco a germinar gracias, en parte, a la Ilustración, con unas ideas que iban y venían de Europa a América y de vuelta al Viejo Mundo. Si os dáis cuenta, hemos abarcado aproximadamente unos 1.000-1.500 años en los que en ningún momento se ha mencionado, entre otros, al mundo Islámico

El Islam, al igual que hizo el Imperio Romano en su día, ha servido para homogeneizar (hasta cierto punto) una serie de territorios, tan vastos en este caso que abarca todo el norte de África hasta las mismísimas puertas del subcontinente Indio, con una serie de pueblos y países con sus propias costumbres y culturas. Unas costumbres y culturas, en cualquier caso, diametralmente opuestas a las nuestras, o de lo contrario, nos habríamos ahorrado nada menos que nueve Cruzadas. A lo que voy, es que el devenir de ambas culturas fue por derroteros diferentes, y aunque ambas culturas han sido muy ricas y fértiles, cada una estaba basada en una serie de costumbres y religiones diferentes. Esto lo que hizo fue que, mientras que en Europa y América las democracias empezaron a cuajar a finales del Siglo XVIII y principios del Siglo XIX, en el mundo islámico se tuvieron que esperar casi hasta finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, y eso en el mejor de los casos, ya que por aquel entonces, todo lo oliera a Occidental era tomado como "moderno", y todo el mundo quería ser más moderno que nadie. Esto, como digo, en países donde hubo una verdadera inquietud democrática, un verdadero espíritu colectivo que realmente aspiraba a tener una democracia en toda regla, ya que en otros países, como por ejemplo Arabia Saudí, dicha inquietud ni está, ni ha estado, ni se la espera siquiera algún día.

Y entre medias, tenemos a los grandes defensores y garantes de la democracia universal desde finales del Siglo XX: los Estados Unidos de América, que en los últimos años no ha dejado de mancillar el significado de dicha palabra por usarla como pretexto para entrar en un país o una zona poco democrática (pero podrida de petróleo) como un elefante en una cacharrería para derrocar al tiranísimo de turno en pos de garantizar que el petróleo que queda lo exploten empresas norteamericanas, que la industria armamentística americana siga generando dólares y, por supuesto, que sean sus empresas constructoras las que levanten al país de sus cenizas, todo ello con la venia de un gobierno títere cuya máxima ilusión democrática es la de "tú ponte aquí que verás lo que trincas con nosotros". Bajo este contexto, no es muy dificil intuir que una democracia establecida de este modo no deja de ser tan nefasta como la peor de las tiranías. Vale, desde el punto de vista occidental, como he dicho, la democracia es la mayor expresión de la civilización, pero me da en la nariz que desde la otra parte no lo ven igual.

Hay que tener en cuenta que, al igual que Occidente durante el Siglo XVI (catolicismo contra protestantismo), el Islam se encuentra dividido en dos ramas principales: Chiíes y Suníes. El problema, es que en Occidente estábamos separados por países, mientras que en el Islam, ambas ramas pueden encontrarse tranquilamente representadas en un mismo país. Y si una de las ramas ve cómo se quita a la fuerza a su líder para imponer otro de la rama contraria con la ayuda de una potencia extranjera, el cirio se monta en un santiamén. Y si, encima, los "derrocados" ven, o intuyen, el mangoneo al que se está dedicando el presidente títere de turno, la relación "democracia = modernidad = decadencia y corrupción" se hace sola.

Así que, en este caldo de cultivo, no es de extrañar que salgan imanes, más o menos radicales, hasta de debajo de las piedras pregonando la pureza del Corán y de sus enseñanzas, y de que es la vía para vivir una vida plena y, ante todo, pura. Y si para eso hay que matar y/o castigar a cuanto infiel se ponga a tiro, mejor que mejor. Ejemplos de esto tenemos dos bien claros: Por un lado, hace unas semanas salió la noticia de que un grupo de talibanes había amputado los dedos a un grupo de afganos que habían ejercido su derecho al voto. Esto es una barbaridad, por supuesto, pero desde el punto de vista de los amputados... ¿realmente créeis que les va a quedar mucho "espíritu democrático" después de esto? Sobre todo cuando, casi con total seguridad, a esos pobres diablos les han dicho "id a votar que es bueno elegir a vuestros líderes", aunque posiblemente el hecho de votar en sí mismo les de lo mismo. A ellos les han dicho que hay que ir a votar y punto, por lo que la democracia, para ellos, no ha supuesto precisamente ninguna ventaja respecto a lo que tenían anteriormente. Antes por lo menos te cortaban la mano si roababas, pero es que ahora te la cortan simplemente por meter un papel en una caja.

 Y por otro lado, tenemos la irrupción por todo lo alto del Estado Islámico de Irak y Levante, un estado de facto que se ha creado entre el este de Siria y el norte de Irak tras la escisión de al-Qaeda de la guerrilla que lo ha creado, que propone poco menos que la reconquista para el Islam de todos los territorios que lo fueron en su día, unificándolos bajo una misma bandera y bajo el turbante de un único Califa...


¿Os imagináis que, de la noche a la mañana, el nuevo rey de España, Felipe VI, sale al balcón y dice que va a reconquistar todos los territorios que fueron españoles en su día, y de paso recuperar para sí todo el poder que la monarquía tenía en esa época, todo a mayor gloria de Dios? ¿Y que encima nosotros aulláramos de excitación ante la promesa? Porque más o menos es lo que se está dando, al menos en esa zona.

A ver, no estoy diciendo que sea una amenaza inminente, ni que esto llegue a hacerse realidad, sino que lo uso como ejemplo ilustrativo de hasta qué punto hay un grupo de gente que no quiere ver la democracia ni en pintura, y hasta qué punto hay otro grupo de gente que intenta metérsela por el gaznate como si de patos se trataran. Y, como he dicho anteriormente, cuando una idea, por mucho que sea la más pura de todas, se mete a la fuerza en un sitio donde no es bien recibida, sea por el motivo que sea, acaba por ser peor que la peor de las tiranías. En este sentido, y volviendo al principio del texto, pienso que Occidente tiene que empezar a asumir que, si bien una democracia bien llevada es el mejor de los sistemas sociales posibles, no todo el mundo está preparado para tenerla al mismo tiempo, que como toda idea que se precie, tiene que caer en un suelo convenientemente fértil y que tiene que ir empapándose del agua que le vaya cayendo poco a poco. Sólo así se consigue crear un proyecto democrático buscado y deseado por toda la población. Por supuesto, la educación también influye, pero eso es algo que cae por su propio peso.

Ya para finalizar, me gustaría ante todo hacer una puntualización: No estoy diciendo, ni mucho menos, que haya grupos sociales que "no se merezcan" tener democracia. Está visto y demostrado, como he dicho anteriormente que, a fin de cuentas, una democracia bien llevada es el menos malo de los sistemas organizativos disponibles a día de hoy, pero sí digo que ese sistema es un estado al que cada sociedad tiene que llegar por sí mismo. Si no, se pervierte de tal modo que no deja de ser una dictadura como cualquier otra.

15 de junio de 2014

Tolkien (III): La longevidad en la Tierra Media

5 comentarios
Llevaba ya mucho tiempo sin postear nada (practicamente medio año), principalmente por problemas de tiempo (el verdadero Enemigo), hasta que una página que sigo en Facebook ha hecho que me vuelva a picar el gusanillo. En este grupo, en varias de sus entradas hablaban, precisamente, de la longevidad de los distintos pueblos de la Tierra Media. Cuánto viven, bajo qué circunstancias lo hacen y, sobre todo, cómo y por qué mueren. Así pues, y como es esto lo que de momento me ha vuelto a despertar el interés, comencemos.

ELDAR:
O, como se los conoce más comunmente, los elfos en general. Esta es la raza inmortal por excelencia. Aunque esa inmortalidad hay que explicarla. Un elfo, en condiciones normales, no se ve afectado ni por la edad ni por las enfermedades. Los elfos cumplen años y años y lo único que les pasa es que se van volviendo más "sabios y hermosos", tal como los describió Tolkien. Como he dicho, esto en condiciones normales, ya que, por un lado, se les puede matar como a todo hijo de vecino; y por otro lado, y esto es muy importante, pueden morir porque se cansen de vivir. Porque hayan vivido tantos sucesos traumáticos que, simplemente, no deseen seguir viviendo. En este caso, deciden dejar de vivir. Se acuestan a dormir y, simplemente, dejan que su espíritu se vaya. De esto se derivan dos cosas: por un lado, que la esperanza de vida de un elfo pueden ser miles de años (Galadriel, sin ir más lejos, en la época de la Guerra del Anillo tiene más de 6.000 años... y subiendo), y no es hasta más o menos los 100 cuando a un elfo se le empieza a considerar "mayor de edad".

DUNEDAIN:
Aquí voy a hacer dos distinciones, ya que no es lo mismo un dunedain (un "hombre de Occidente") que un humano "normal". Los humanos normales, pues eso. Muertes violentas, las enfermedades se ceban tranquilamente con ellos, y viven unos 70-80 años, siendo la mayoría de edad alrededor de los 20 años. Por otro lado, los dunedain son una raza de hombres superiores. Esto es debido, para empezar, a que tienen sangre élfica corriendo por sus venas, amén de que los Valar aumentaron su esperanza de vida en recompensa a la lealtad mostrada y los sacrificios realizados durante la Primera Edad del Sol. Así pues, se sabe que Elros Tar-Minyatur, gemelo de Elrond y al que se puede considerar como el primero de los dunedain, vivió 500 años. El resto de los dunedain, sin ser inmunes a la enfermedad, sí que eran más resistentes que un humano normal, pudiendo estar su esperanza de vida en torno a los 200-300 años. En este caso, la mayoría de edad solía retrasarse unos años, casi hasta los 30.

KHAZAD:
O como se llaman a sí mismos los Enanos. Curiosamente, esta es una de las razas más enigmáticas de las creadas por Tolkien, que no dio muchos detalles al respecto aduciendo "hermetismo de raza" para dotarles de un rasgo característico y general. No se sabe con seguridad cuánto puede vivir un enano, ya no sólo porque Tolkien no lo dijera, sino porque, según sus explicaciones, no fueron creados directamente por Iluvatar (el verdadero Ser Supremo de los mundos de Tolkien), como sí lo fueron los Elfos o los humanos, sino por Aüle, la personificación (por decirlo de algún modo) de una parte de su conciencia. Resistentes de cuerpo y mente, y duros de matar, sí se sabe que, al menos culturalmente, los enanos no llegaban a la mayoría de edad hasta no cumplir los 60 años. Esta fue la causa principal por la que a Gimli, que en los sucesos narrados en El Hobbit tenía justamente esa edad, no se le permitió participar en la expedición de Thorin y compañía para recuperar Erebor, a pesar de que a Fili y a Kili (con 82 y 77 años respectivamente) sí se les permitió participar. Afortunadamente para él, sí pudo acudir al Concilio de Elrond, ya que en ese momento ya tenía 121 años y ya era todo un hombre. Bueno, todo un Enano. Independientemente de todo lo anterior, sí se sabe que la raza de los enanos es increíblemente longeva y resistente.

HOBBITS:
Los hobbits son una de las razas más curiosas de toda la Tierra Media, y la mayor creación de Tolkien en este aspecto. Con una esperanza de vida similar a la de un humano normal, su mayoría de edad no se concedía hasta los 33 años, momento en el cual "los muchachos hobbits comenzaban a ser sensatos". Aunque similar a la humana, como he comentado antes, su esperanza de vida era ligeramente superior. Un hobbit que llegara a los 90-100 años era algo más o menos normal. Sí era inusual, sin embargo, pasar ese humbral, y de ahí la fiesta que organizó Bilbo Bolsón para celebrar su 111 cumpleaños. Y como longevidad realmente excepcional, la del conocido como Viejo Tuk, que llegó a vivir 130 años y ha sido, con mucho, el hobbit más longevo de la historia de La Comarca… hasta que su nieto Bilbo le ganó por un año, ya que Bilbo vivió hasta los 131 antes de partir a las Tierras Imperecederas.

ORCOS y URUKS:
En el caso de los orcos, el tema de la longevidad es más que curioso. En teoría (insisto, en teoría) al derivar estos de una deformación mágica de elfos capturados por Morgoth, deberían ser tan inmortales como aquellos, con sus mismas resistencias a las enfermedades y demás. El problema, claro está, viene cuando eres de una raza tan caótica y destructora que lo eres hasta con los de tu propia especie. Los
orcos (y, por extensión, los uruk-hai), sin un mando supremo y unificado que los mantenga a raya, son tan destructivos que en seguida se vuelven contra sí mismos… precisamente, para ver quién va a ser el jefe. Así pues, y a pesar de esa "teórica" inmortalidad, si un orco pasa de los 40 años se le consideraba todo un héroe y un prodigio. La mayoría de edad se da en el mismo instante en que un orco es capaz de blandir una espada. Así de simple.

OTROS SERES:
A parte de todos los mencionados anteriormente, hay otros seres más "espirituales" en la Tierra Media, como pueden ser los Magos… o los Balrogs, por ejemplo. En ambos casos, no hay longevidad que valga, ya que en origen todos eran Maiar (una especie de "dioses menores", para que nos entendamos). Esto hace que, aunque puedan encarnarse en seres físicos, dicha apariencia, dicho "cascarón" no va a cambiar nunca independientemente de lo que dure su estancia en la Tierra Media. Obviamente, también pueden morir (recordemos que Gandalf "mata" a un balrog y que "muere" en el intento), en cuyo caso, sus espíritus vuelven inmediatamente a las Estancias de Mandos, como ocurre con todo ser que habite en Arda. Sin embargo, en su caso podría decirse que no se trata de una muerte "real", ya que al contrario de lo que pasa con los espíritus "normales", los Maiar mantienen intacta la conciencia de lo que han sido mientras estaban "vivos". Es por eso que, cuando Gandalf regresó tras derrotar al balrog, podía recordar qué era lo que había hecho anteriormente (aunque al principio le costó un poco, eso sí).

Y esto es todo de momento. En otro momento, seguiré con más temas.