1 de septiembre de 2012

No compres, ¡ADOPTA!

Hoy me gustaría hacer un alegato en favor de la adopción de animales de compañía (perros y gatos en general) y en contra de la venta de los mismos. Porque motivos hay tantos como se quieran, aunque otra cosa es que muchas veces prefieran ignorarse.

Por ejemplo, ¿Por qué es mejor adoptar que comprar? Pues para empezar, y aunque sea una frivolidad, porque es más barato. Si compras un perro en una tienda "de toda la vida", dependiendo de la raza de la que estemos hablando, te gastarás una media de 600€ (céntimo arriba, céntimo) sólo por comprarlo. Todo lo que le hagas después, son añadidos adicionales. Añadidos que deben hacerse, como vacunar al animal y, lo más importante, ponerle el chip. Cosas que, entre unas cosas y otras, pueden suponer unos 70 ó 100€ adicionales (porque no, por mucho que compres, no vienen necesariamente documentados). Pues bien, si adoptas un perro de una protectora, el único gasto que vas a tener que efectuar es, precisamente, el del chipeo y el de las vacunas. Lo dicho, unos 70 o 100€ frente a los 600 o más que supone comprarlo.

Luego está el que piensa que, bueno, sí, me gasto 600€, pero al menos sé que mi perro es de raza, o es un cachorro y así lo tengo desde pequeño en la familia, o estará más sano que una lechuga; y en una protectora sólo hay chuchetes medio muertos y con más años que Matusalén. Esto es completamente falso. Entre camadas inesperadas por "descuidos", camadas que no se han podido vender o, directamente, que no se han sabido vender, nos encontramos con que en las perreras/protectoras también hay un montón de cachorros de raza esperando su oportunidad. Yo he llegado a ver fotos de camadas enteras de galgos en una protectora simplemente porque una galga había parido... y su dueño no los quería para nada, por lo que los había abandonado. Y quien habla de galgos, habla de labradores, de cockers, de beagles... vamos, chuchos todos. Además, y yo esto lo he vivido de primera mano, el último perro que se compró (y se comprará jamás) en mi entorno llegó devorado por las pulgas. Todo un ejemplo de calidad unida al precio, vamos. Además, los únicos a los que les importa que el perro sea de raza es al dueño, ya que al perro en sí mismo le da exactamente igual, lo que lo convierte en toda una muestra de egoísmo puro y duro.

Respecto al tema de las razas, no se me escapa el caso especialmente sangrante de los yorkshire. Hubo una época en la que se pusieron de moda, porque eran bonitos, tenían el pelo largo y se podía jugar a las muñecas con ellos, eran pequeñitos y, por lo tanto, ideales para tenerlos en una casa pequeña o un piso... Y se compraron un montón. Hasta que la gente empezó a darse cuenta que, en realidad, los yorkshire son unos perros terriblemente territoriales y, en consecuencia, ariscos a más no poder. Obviamente, una señora mayor a la que el yorkshire le hace compañía no lo va a abandonar (muchas veces los cuidan mejor de lo que se cuidan a sí mismas), pero una persona más joven no tiene los mismos miramientos... lo que ha acabado derivando en que las perreras/protectoras estén llenas de yorkshires. Ejemplo claro de que perro en perrera no implica, necesariamente, que sea un chucho.

Ahora viene la parte emocional. Y es que, como he mencionado antes, los perros de las perreras han sido en su mayoría víctimas del abandono, cuando no directamente de abusos y malos tratos. Y son animales, a fin de cuentas, que lo único que necesitan es la compañía a la que han estado acostumbrados toda su vida. O incluso que, directamente, no conocen y ya sólo por eso merecen tener. La compañía de un ser humano que los cuide y los acompañe. Que se les de otra oportunidad de formar parte de una familia que los quiera y los respete. Porque, a fin de cuentas, todo perro acaba formando parte de la familia en la que se encuentra, o al menos así lo veo yo, ya que un perro, como animal que es, es un ser dinámico que se mueve e interactúa con su entorno. No es una maceta que baste con ser regada una vez al día y, por lo tanto, acabas relacionándote con él (o ella). 

Además, los eslabones de la cadena de las perreras funciona así: cuando un perro llega a una perrera, por regla general, se le sacrifica a los 10 días de llegar si nadie lo reclama. Os puede parecer una barbaridad, pero es así. Perros se abandonan todos los días, y la ley establece el sacrificio del animal en un plazo de 10 días a su llegada a la perrera, entre otras cosas porque la función de las mismas no es la de ser residencias caninas precisamente, si no un método de control y contención de animales. Es aquí donde intervienen las protectoras. Los miembros de las protectoras (voluntarios en la inmensa mayoría de los casos) visitan diariamente las perreras y reclaman cuantos perros puedan para evitar su sacrificio. Los recogen y, en el mejor de los casos, los llevan hasta el recinto que disponga dicha protectora. Insisto, en el mejor de los casos, ya que muchas veces, al tratarse de un trabajo puramente voluntario, no tienen recinto al que llevarlo y se lo tienen que quedar de acogida en sus propias casas hasta que aparezca un adoptante. Y, como he dicho antes, a las perreras llegan perros todos los días. Todos. Lo que hace que, en la mayoría de los casos, las protectoras y sus voluntarios vivan desbordados y al límite de sus posibilidades. Para que nos entendamos, las protectoras están salvándole, diariamente, la vida a un montón de perros que lo único que quieren es vivir en familia.

En fin, como he dicho al principio, motivos para adoptar perros en lugar de comprarlos hay tantos como se quiera encontrar. Pero eso sí, no me gustaría terminar sin matizar un poco todo este asunto. Adoptar siempre es bueno, sin distinción. Pero a ver, también hay que ser responsable. Empezando por el hecho de que tener un perro es, a fin de cuentas, como tener un niño pequeño en casa. Te va a robar tiempo, te va a romper cosas, te va a costar dinero... lo dicho, como un niño pequeño de unos dos o tres años. Y todo esto es algo que debe tenerse en cuenta, ya que de nada sirve que adoptes un perro... si luego lo vas a volver a abandonar o devolver a la protectora "porque es un coñazo que no me deja tiempo para nada". En resumen, adoptar siempre está bien, y siempre es mejor que comprar, pero de nada sirve si se hace a toda costa y sin la responsabilidad que estos seres se merecen.

1 comentarios:

Sybil Vane dijo...

Siempre he dicho que el día de mañana, cuando tenga mi propio piso, lo primero que haré será irme a una perrera/protectora y adoptar un galgo. ADORO los galgos, son una raza verdaderamente noble y cariñosa y para nada malos para vivir en un piso. Todo lo contrario, se sienten muy agusto en ellos. Y sin embargo, son una de las razas más maltradas (todos conocemos la historia de que si un galgo no sirve para correr, lo sacrifican) y cada año cientos de galgos son adoptados por holandeses, alemanes e ingleses que valoran su compañía y su fidelidad. Yo lo tengo claro y así lo mostré en uno de mis posts (http://everything-fades-to-gray.blogspot.com.es/2012/03/un-cachito-de-mi-vida.html)

Me alegra saber que tú también piensas como yo!