7 de diciembre de 2012

Constitucioncita que vienes al mundo...

Ayer fue el cumpleaños de nuestra sacrosanta (y actual) Constitución de 1978. Y mucho me temo que, pobrecica mía, tuvo un 34 aniversario de lo más amargo. Me la imagino sonriendo, falsamente, a toda la caterva de impresentables que fueron ayer a celebrar con ella su cumpleaños. Políticos actuales, pasados, futuros y futuribles. Gente, toda ella, sonriéndole falsamente y pormetiéndole todo tipo de parabienes y de grandezas. Así que no es de extrañar que ella les sonriera con la misma falsedad. A fin de cuentas, toda esa gentuza no han parado de engañarla prácticamente desde que nació. Y lo que te rondaré, morena, piensa ella. Qué de tonterías, sandeces y disparates se han hecho y dicho a mi costa. Y las que me quedan, sigue pensando, afligida y pesarosa.
 
Lo dicho, 34 añazos ya, la segunda más larga de la historia de las Españas, sólo por detrás de su hermana mayor, la de 1876, y que duró 55 años. El cumpleaños ha pasado y ahora se refresca mientras se mira al espejo del cuarto de baño. Nunca fue perfecta, piensa, como lo es, al fin y al cabo, toda obra humana. Pero ojo, nunca pretendió serlo, aunque sí lo pretendieran aquellos que la crearon. O, al menos, pretendieron que ella, y con ella el resto del país, así lo creyera, aunque eso ya escapa a sus entendederas. Porque vale que ella es muy lista y muy sabia, pero sigue habiendo cosas del comportamiento humano en general, y español en particular, que se le escapan. Que sigue sin encontrarles sentido alguno.

Como, por ejemplo, que siempre se dijera de ella lo dificil que era de cambiar. Ante todo, era robusta e inviolable. Y sonríe al recordar esas palabras, ya que le gustaban, por supuesto. Le gustaba su sonoridad. Podía llegar a entender que, si se la hizo así, fue precisamente porque en la época en la que le tocó nacer, las cosas no estaban todo lo finas que cabría esperar, y podía pasar cualquier cosa en cualquier momento. No era para menos, ya que a los tres años de nacer, intentaron echarla para atrás a golpe de pistola. La Democracia en España estaba renaciendo con ella y no era plan de que nada ni nadie echara por tierra el esfuerzo de tanta gente. Pero bueno, afortunadamente, la cosa no pasó de ahí y, a partir de ese momento, todo fue hacia adelante. Robusta e inviolable, sigue dándole vueltas a esas dos palabras en la cabeza como si fuera un caramelo en la boca. Y es entonces, precisamente como si se hubiera cortado la lengua con una astillita de ese caramelo, cuando se le tuerce el rostro y se le nubla la vista. Porque precisamente por ser robusta e inviolable se evitaron hacer un sinnúmero de reformas que no le hubieran venido mal para que el perfecto funcionamiento de la democracia hubiera seguido siendo, eso, perfecto. Como el que una mujer pueda sentarse en el trono. Que sí, que vale, que puede sentarse, pero tiene que producirse una alineación intergaláctica para que eso suceda sin ningún sobresalto. En ese aspecto, piensa mientras se lava un poco la cara, espera que Felipe de Borbón, futuro Felipe VI de España si no pasa nada antes, haga algo al respecto. Si es que puede, claro. Tan robusta e inviolable ella. Tantas cosas que se podían haber hecho y no se hicieron por esa dos palabras... y lo primero que se hizo fue, precisamente, cambiarla para ponerle un tope de gastos. Se fue una noche a dormir y, al día siguiente, se levantó con la sorpresa. Para eso no les hizo falta invocar su santísima robustez, no. Que gastaba mucho y por encima de sus posibilidades, decían. Que gastaban mucho ellos, querrían decir, y le quisieron echar el muerto a otros. Y todo por querer que el vecino les mirara bien. Quizá por eso mismo, ahora le suena a cachondeo eso de "robusta e inviolable".

Qué gente, piensa mientras suspira larga y lentamente. Han hecho que, en cosa de un par de años, o quizás incluso menos, la gente haya pasado de echarles la culpa a ellos, a echársela... ¡Directamente a ella! ¿Pero qué había hecho ella? ¡Si los que empezaron a hacer su santa voluntad por enicma de lo que ella decía habían sido, precisamente, ellos! Mucho mimarla, mucho adorarla, y a la hora de la verdad, ni le hacen caso, ni la cuidan, ni nada. No es perfecta, se repite, pero diantres, si aquellos que tienen que hacerme caso, me hacen el caso que ellos quieren, así no vamos a ninguna parte. Y menos perfecta que seré, claro.

Finalmente, me la imagino yéndose a dormir, esperando que, cuando despierte al año siguiente, la cosa haya cambiado un poco. Pero a mejor, que para cambios a peor siempre hay tiempo. Se pregunta, casi cuando se queda dormida, si se habrán dado cuenta de lo falsa que era su sonrisa. Como para no serlo. Como para no darse cuenta. Como se dio ella cuenta de lo falsas que eran las sonrisas que le dirigían a ella.

2 comentarios:

Pig_Saint dijo...

Ay, la Constitución. Qué gran obra. Para mi gusto le faltan dragones, y su humor es demasiado negro incluso para mí, pero por lo demás está genial.
Una constitución escrita entre gente que quería una democracia y gente que no la quería no podía salir muy bien, pero aún menos si de ésta se cumple cuando a los gobernantes les da la gana apelando al Tribunal Constitucional cada vez que una coma les parece mal puesta, pero no son capaces de hacer cumplir ni por asomo esos artículos que tanto urgen, especialmente en estos días de crisis. De crisis de gobernantes útiles.
La constitución de España es una burla más de los políticos de este país al pueblo. Tal como están las cosas, el 6 de diciembre no hay nada que celebrar. No hay nada.

Yonatan Ayala dijo...

Yo creo que la Constitución en sí misma está bien como está, el problema es, como has dicho antes, el de los gobernantes inútiles, ineptos e incapaces.

Lo que no quiere decir que, llegado el caso, fuese una hecatombe cambiar de Constitución, que muchos lo ponen peor que la Profecía Maya. Como se cambie de Constitución, se acaba España. Por lo menos.